Dormidas

 

En silencio y despacio. Ha pasado el tiempo diferente a como nos tiene acostumbrados. Quizá es una ensoñación que advierte del riesgo si damos un paso más allá del umbral. El escenario y sus personajes pueden despertar recreando episodios de espera impaciente y deseo apenas contenido.

 Dormida

Paul Delvaux: La ciudad dormida (1938).

 

La vuelta a un pasado donde nada de lo que se supone sucedió. Eran imaginaciones. Aunque en primer plano, en segundo plano, en escorzo, con disimulo, recordando, protagonista de lo inevitable, la muerte vela la ensoñación.

Sígueme, indica.

Fíjate en mí.

Mi atención va de un signo a otro, cauta, tan inquieta como curiosa. El desespero por llegar o por huir o por entrar o por salir corre detrás, en tercer, en cuarto plano, inserto en la solemnidad clasicista.

Dormida 2

Paul Delvaux: Venus dormida (1944).

 

Un velo de nostalgia matiza el perfil. La mirada busca.

Otras miradas incitan. Otras reprochan. El embozo oculta y las sombras son fragmentos de memoria.

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