Vírgenes y Niños. Bartolomé Esteban Murillo

 

Arte pictórico barroco

 

Pintor barroco español de la escuela sevillana, en la obra de Bartolomé Esteban Murillo sobresalen las escenas costumbristas y de tema piadoso y religioso, principalmente las diferentes versiones que hizo de la Inmaculada Concepción, los cuales eran abundantemente exportados a la América hispana.

 

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Inmaculada Concepción de Aranjuez. (1680).

 

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Inmaculada Concepción de El Escorial (entre 1660 y 1665).

 

Nacido en Sevilla en 1617, desde muy temprana edad se dedicó a la pintura y pronto empezó a recibir importantes encargos de las iglesias y conventos sevillanos. Sus obras tuvieron gran aceptación y la fama y el conocimiento de su obra en España y Europa le acompañó durante toda su vida.

    En 1643, a los veinticinco años de edad, conoció en Madrid, camino de Londres por influencia de Pedro Moya, a su insigne y afamado paisano Diego Velázquez. La estancia en la capital de España se prolongó dándole ocasión de visita y admiración al Alcázar de Madrid y al Monasterio de El Escorial; lo que supuso una revelación para Murillo. Dos años más continuó en la capital, y entonces regresó a Sevilla con el estilo y el temperamento formados.

 

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Sagrada Familia del pajarito (1650).

 

La pintura religiosa de Murillo despierta el fervor en la gente que la contempla y admira. El tratamiento que da a sus personajes es sentimental, tierno, ambientados en escenarios de la vida cotidiana; buen ejemplo de ello es la Sagrada Familia del pajarito. Maestro del claroscuro y especialmente dotado para la representación de figuras femeninas y de niños, sus Vírgenes, solas o con el Niño, alcanzaron gran popularidad; entre las primeras citamos la Virgen del Rosario, y entre las segundas numerosas versiones de la Inmaculada Concepción.

 

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Santa Ana enseñando a leer a la Virgen (1655).

 

Entre los cuadros de tema costumbrista predomina el aspecto dramático de la infancia desvalida por él observada y también vivida (había quedado huérfano a los diez años), como en Niño espulgándose, La vendedora de fruta y Niños comiendo fruta.

 

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Niños jugando a los dados (1675).

 

Los retratos también fueron cultivados por Murillo, como Caballero de golilla, principalmente para clientes de los Países Bajos; y el autorretrato, equiparable al de Velázquez en Las Meninas.

 

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Autorretrato (1675).

 

Las grandes composiciones pictóricas de Murillo son dos lienzos ubicados en el Museo del Prado: Fundación de la iglesia de Santa María la Mayor, en Roma, y Santa Isabel de Hungría o la Imposición de la casulla a San Ildefonso; la que pudo ser su tercera obra grandiosa por dimensiones, pintar el altar del Convento de Capuchinos de Cádiz, le ocasionó la muerte accidental en 1682.

Ilustre cultivador de temas religiosos, Murillo trata estas representaciones pictóricas como cuadros de género, introduciendo pormenores, emotivos para el espectador, captados de la vida cotidiana, junto a episodios secundarios, humanizando a sus personajes. Ejemplo de tales cuadros son: Rebeca y Eliazar en el pozo (Prado), Santa Ana y la Virgen (Prado), y las varias representaciones del Niño Jesús con San José.

    La serie sobre la Inmaculada Concepción fue iniciada en 1650. En las primeras destaca su ambición monumental, como en la Inmaculada Concepción “la grande o la colosal”; otras dos Concepciones, La Niña, y la Concepción de los Venerables, anticipan en tres décadas el estilo rococó.

 

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Inmaculada Concepción la Grande (1651).

 

Las cuatro épocas y sus correspondientes estilos

De formación, de 1638 a 1645, en la que destacan los cuadros San Francisco confortado por un ángel, La cocina de los ángeles, San Francisco Solano y el toro y San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres.

Tenebrista o estilo frío, de 1645 a 1655, en la que descuellan entre los cuadros de temática infantil Joven mendigo, Muchacho con un perro y Niños comiendo uvas y melón; y entre los de temática religiosa Virgen del rosario con el Niño, Sagrada Familia del pajarito y San Jerónimo.

 

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Niños comiendo uvas y melón (1650).

 

De plenitud barroca, o estilo cálido, de 1655 a 1678, en la que destacan obras de temática costumbrista como Tres muchachos o Dos golfillos y un negrito, Mujeres en la ventana, Niños jugando a los dados y Vieja espulgando a un niño; y de temática religiosa como Rebeca y Eliecer, Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, La Anunciación, El Buen Pastor, Aparición de la Virgen a san Bernardo, Nacimiento de la Virgen, Virgen de la servilleta, San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz, Los niños de la concha y Las bodas de Caná, La adoración de los pastores y San Juanito y el cordero y la serie de la Inmaculada Concepción, entre otras: Inmaculada Concepción de El Escorial, Inmaculada Concepción de los Venerables e Inmaculada Concepción de Aranjuez.

 

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Mujeres en la ventana (1670).

 

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Los niños de la concha (1670).

 

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Virgen de la servilleta (1666).

 

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San Francisco abrazando a Cristo en la cruz (1668).

 

Vaporosa, de 1678 a 1682, etapa donde la figura es monumental y de contornos difuminados en un acusado contraste de luces y sombras; descuellan las obras La conversión de san Pablo, Martirio de san Andrés y Desposorios místicos de santa Catalina.

 

P982 Murillo, Bartolomé Esteban El martirio de San Andrés (1675-82)

Martirio de San Andrés (1682).

 

 

Artículos complementarios

    El pintor del aire

    El pintor de la mística

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