Vírgenes y Niños. Bartolomé Esteban Murillo

 

Arte pictórico barroco

 

Pintor barroco español de la escuela sevillana, en la obra de Bartolomé Esteban Murillo sobresalen las escenas costumbristas y de tema piadoso y religioso, principalmente las diferentes versiones que hizo de la Inmaculada Concepción, los cuales eran abundantemente exportados a la América hispana.

 

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Inmaculada Concepción de Aranjuez. (1680).

 

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Inmaculada Concepción de El Escorial (entre 1660 y 1665).

 

Nacido en Sevilla en 1617, desde muy temprana edad se dedicó a la pintura y pronto empezó a recibir importantes encargos de las iglesias y conventos sevillanos. Sus obras tuvieron gran aceptación y la fama y el conocimiento de su obra en España y Europa le acompañó durante toda su vida.

    En 1643, a los veinticinco años de edad, conoció en Madrid, camino de Londres por influencia de Pedro Moya, a su insigne y afamado paisano Diego Velázquez. La estancia en la capital de España se prolongó dándole ocasión de visita y admiración al Alcázar de Madrid y al Monasterio de El Escorial; lo que supuso una revelación para Murillo. Dos años más continuó en la capital, y entonces regresó a Sevilla con el estilo y el temperamento formados.

 

Murillo 13

Sagrada Familia del pajarito (1650).

 

La pintura religiosa de Murillo despierta el fervor en la gente que la contempla y admira. El tratamiento que da a sus personajes es sentimental, tierno, ambientados en escenarios de la vida cotidiana; buen ejemplo de ello es la Sagrada Familia del pajarito. Maestro del claroscuro y especialmente dotado para la representación de figuras femeninas y de niños, sus Vírgenes, solas o con el Niño, alcanzaron gran popularidad; entre las primeras citamos la Virgen del Rosario, y entre las segundas numerosas versiones de la Inmaculada Concepción.

 

Murillo 16

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen (1655).

 

Entre los cuadros de tema costumbrista predomina el aspecto dramático de la infancia desvalida por él observada y también vivida (había quedado huérfano a los diez años), como en Niño espulgándose, La vendedora de fruta y Niños comiendo fruta.

 

Murillo 10

Niños jugando a los dados (1675).

 

Los retratos también fueron cultivados por Murillo, como Caballero de golilla, principalmente para clientes de los Países Bajos; y el autorretrato, equiparable al de Velázquez en Las Meninas.

 

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Autorretrato (1675).

 

Las grandes composiciones pictóricas de Murillo son dos lienzos ubicados en el Museo del Prado: Fundación de la iglesia de Santa María la Mayor, en Roma, y Santa Isabel de Hungría o la Imposición de la casulla a San Ildefonso; la que pudo ser su tercera obra grandiosa por dimensiones, pintar el altar del Convento de Capuchinos de Cádiz, le ocasionó la muerte accidental en 1682.

Ilustre cultivador de temas religiosos, Murillo trata estas representaciones pictóricas como cuadros de género, introduciendo pormenores, emotivos para el espectador, captados de la vida cotidiana, junto a episodios secundarios, humanizando a sus personajes. Ejemplo de tales cuadros son: Rebeca y Eliazar en el pozo (Prado), Santa Ana y la Virgen (Prado), y las varias representaciones del Niño Jesús con San José.

    La serie sobre la Inmaculada Concepción fue iniciada en 1650. En las primeras destaca su ambición monumental, como en la Inmaculada Concepción “la grande o la colosal”; otras dos Concepciones, La Niña, y la Concepción de los Venerables, anticipan en tres décadas el estilo rococó.

 

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Inmaculada Concepción la Grande (1651).

 

Las cuatro épocas y sus correspondientes estilos

De formación, de 1638 a 1645, en la que destacan los cuadros San Francisco confortado por un ángel, La cocina de los ángeles, San Francisco Solano y el toro y San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres.

Tenebrista o estilo frío, de 1645 a 1655, en la que descuellan entre los cuadros de temática infantil Joven mendigo, Muchacho con un perro y Niños comiendo uvas y melón; y entre los de temática religiosa Virgen del rosario con el Niño, Sagrada Familia del pajarito y San Jerónimo.

 

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Niños comiendo uvas y melón (1650).

 

De plenitud barroca, o estilo cálido, de 1655 a 1678, en la que destacan obras de temática costumbrista como Tres muchachos o Dos golfillos y un negrito, Mujeres en la ventana, Niños jugando a los dados y Vieja espulgando a un niño; y de temática religiosa como Rebeca y Eliecer, Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, La Anunciación, El Buen Pastor, Aparición de la Virgen a san Bernardo, Nacimiento de la Virgen, Virgen de la servilleta, San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz, Los niños de la concha y Las bodas de Caná, La adoración de los pastores y San Juanito y el cordero y la serie de la Inmaculada Concepción, entre otras: Inmaculada Concepción de El Escorial, Inmaculada Concepción de los Venerables e Inmaculada Concepción de Aranjuez.

 

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Mujeres en la ventana (1670).

 

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Los niños de la concha (1670).

 

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Virgen de la servilleta (1666).

 

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San Francisco abrazando a Cristo en la cruz (1668).

 

Vaporosa, de 1678 a 1682, etapa donde la figura es monumental y de contornos difuminados en un acusado contraste de luces y sombras; descuellan las obras La conversión de san Pablo, Martirio de san Andrés y Desposorios místicos de santa Catalina.

 

P982 Murillo, Bartolomé Esteban El martirio de San Andrés (1675-82)

Martirio de San Andrés (1682).

 

 

Artículos complementarios

    El pintor del aire

    El pintor de la mística

Arte plateresco

 

El estilo arquitectónico plateresco

 

A finales del siglo XV abundan los artistas extranjeros en España, llamados por los Reyes Católicos, por dignatarios civiles y eclesiásticos también, para realizar obras arquitectónicas; trasiego que se produce de igual modo en las naciones europeas de la época, y que dura hasta mediados del siglo XVI.

    En España tan sólo una tradición artística propia, de raigambre, se mantuvo enhiesta frente a las influencias y modas arquitectónicas en curso: el arte mudéjar, la carpintería de lo blanco —recogido en el tratado homónimo escrito por Diego López de Arenas—, en la que los artífices moriscos continuarían desplegando una gran actividad, sobre todo en la construcción de artesonados y puertas.

    El estilo arquitectónico mudéjar, netamente hispano y vigente del siglo XI al XVI, se caracteriza por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe, florecido en los territorios ganados por los cristianos durante la Reconquista donde se permite vivir, profesar su religión y trabajar a los musulmanes allí residiendo con anterioridad.

    Es el estilo que adoptan las restauraciones del Alcázar de Sevilla, del Palacio de la Aljafería de Zaragoza y la decoración de los techos del Palacio de los duques del Infantado en Guadalajara, donde blasones y motes heráldicos adquieren una gran importancia en el exorno; grandes escudos flanqueados por figuras hercúleas y sostenidos por el águila de San Juan, en tiempos de los Reyes Católicos y su hija la reina Juana, y por el águila imperial, con las alas desplegadas, en tiempo del emperador Carlos I de España y V de Alemania, campean en las fachadas imprimiendo el sello de majestad.

    El repertorio decorativo de acentuada predilección era de estilo gótico en un principio, como góticas eran las molduras, aunque se combinaran en sinuosos enlaces de líneas, apartadas ya del gótico flamígero para significarse en el barroquismo; admirable en las grandes y ornamentadas fachadas del antiguo Colegio de San Pablo y el Colegio de San Gregorio, en Valladolid, atribuidas respectivamente a Simón de Colonia y a Gil de Siloé.

    Los más reputados arquitectos, tallistas y escultores extranjeros que trabajan en Castilla en los albores de esta época son, junto a los citados, Juan de Colonia y su hijo Simón, Juan Guas, Enrique Egas y Felipe Vigarny (Tanto Gil de Siloé como los hermanos Enrique y Juan Guas, pese a su origen extranjero, pueden considerarse españoles al realizar su obra íntegramente en España); y entre los españoles: Juan de Badajoz y su hijo, de mismo nombre, Juan de Álava, Lorenzo Vázquez, Juan Gil de Hontañón y su hijo Rodrigo, y en última instancia al italianizante Pedro Machuca para dar paso al estilo rigorista de Juan de Herrera.

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El Plateresco es un estilo de ornamentación arquitectónica a partir de elementos clásicos y ojivales, presente en las obras realizadas desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI. Sus características principales se manifiestan en la continuidad y permanencia de las estructuras góticas y la decoración abundante y minuciosa de estética propiamente renacentista, aplicada tanto a la arquitectura civil como a la religiosa; con especial incidencia en las ciudades de Salamanca, Burgos y Valladolid; y en menor medida, aunque de notoria relevancia, en las de Guadalajara y Toledo.

A Lorenzo Vázquez hay que atribuir el Palacio de los Mendoza, o del Infantado, en Guadalajara, y no a los hermanos Guas.

    Lorenzo Vázquez realizó sus obras principales para miembros del linaje de los Mendoza. Además del citado Palacio del Infantado, se le atribuye el Colegio de la Santa Cruz en Valladolid, y el Palacio Medinaceli en Cogolludo, edificado entre 1492 y 1495. Otros edificios de espléndido brillo plateresco, probablemente influidos por las maneras de Vázquez, son el Palacio de Peñaranda de Duero, que se hizo erigir el virrey de Navarra Francisco de Zúñiga y Velasco, y la llamada Casa de las Conchas, en Salamanca, residencia de Rodrigo Maldonado de Talavera, caballero de la Orden de Santiago, catedrático de Derecho, posteriormente rector de la universidad salmantina, y miembro del Consejo Real de Castilla.

 

En la leyenda del sepulcro de Juan Guas figura que él construyó la Capilla Real de San Juan de los Reyes, que los Reyes Católicos destinaron como su sepultura antes de elegir Granada como el lugar donde yacieran sus restos mortales. San Juan de los Reyes es, no obstante, un Panteón Real con el propio color blanco de la piedra, decorado con las cifras coronadas de Fernando e Isabel, con sus motes y con enormes escudos sostenidos en alto por gigantescas águilas a las que falta el policromado y los dorados de las águilas y la enseña.

Plateresco 1

San Juan de los Reyes, Toledo.

Imagen de http://arte.laguia2000.com

 

A excepción de las catedrales de Granada, Málaga y Salamanca, en el periodo plateresco no se edificaron grandes templos destinados al culto, puesto que ya abundaban en el centro peninsular las grandes catedrales góticas. Sin embargo, algunos prohombres mandaron abrir capillas sepulcrales en los ábsides de las viejas catedrales, soberbiamente decorados. Valga como ilustración la que dispuso se acondicionara en la citada capilla real de la catedral de Toledo, llamada Capilla de los Reyes Viejos, el Gran Cardenal Pedro González de Mendoza, cuyo sepulcro ocupa el centro del espacio.

    Pero su profusión de molduras y relieves queda superada por los habidos en la Capilla del Condestable sita en la catedral de Burgos, cuidada por doña Mencía de Mendoza durante los años que su marido, Pedro Hernández de Velasco, condestable de Castilla, pasó en la guerra de Granada, última de la Reconquista. La construcción se proyecta hacia fuera de la planta de la catedral y su cimborrio, obra de Simón de Colonia, constituye una característica externa del templo. La Capilla del Condestable conjuga suntuosidad con el gusto en las realizaciones del flamígero borgoñón y alemán; las paredes están decoradas con grandiosos escudos de piedra y en lo alto corre una muy decorada galería de circulación; los retablos de piedra son de Gil de Siloé, quien puede que también fuera el autor del cimborrio, como lo fue de la capilla sepulcral de los reyes Juan II e Isabel de Portugal en la Cartuja de Miraflores mandada erigir por su hija, la reina Isabel la Católica.

    Estos monumentos reciben un incipiente soplo renacentista; sin embargo, junto a este ostentoso gótico tardío, que se denomina estilo Isabel, aparece una fórmula arquitectónica inspirada en el Renacimiento de Lombardía, y también de Bolonia; y es a este estilo renacentista al que se denomina plateresco. El calificativo fue adjudicado en el siglo XVII por el erudito y tratadista Ortiz de Zúñiga, ya que este nuevo estilo aplicaba a las grandes arquitecturas de piedra las formas ideadas y plasmadas por los orfebres y plateros en sus artísticos trabajos. Parece ser que Enrique Egas, el pionero del plateresco, aprendió la técnica del platero alemán Enrique de Arfe, afincado en Castilla a principios del siglo XVI, de tanta habilidad como fama, proveedor infatigable de cruces y custodias a las catedrales y colegiatas castellanas.

Plateresco 2

Hospital de la Santa Cruz, Toledo.

Imagen de http://www.artehistoria.com

 

Una de las primeras y más consideradas obras del estilo plateresco es la fachada del Hospital de la Santa Cruz de Toledo, iniciada por Enrique Egas en 1504, en virtud de un legado testamentario del cardenal Mendoza. A Egas también se atribuye otra obra espectacular cual es la fachada de la Universidad de Salamanca, que semeja un tapiz de piedra esculpido con escudos y cuajado de motivos ornamentales.

    En los temas decorativos de la arquitectura plateresca aparecen las columnas de fustes con ensanchamientos y collares, grutescos o arabescos, nichos con bóvedas en forma de pechina, penas, recuadros y candelabros decorativos profusamente repartidos en cresterías que coronan las pilastras.

Plateresco 3

Universidad de Salamanca

Imagen de http://www.artehistoria.com

 

El emperador Carlos I de España y V de Alemania manifestó el deseo de disponer de un palacio acorde con el prestigio de la Corona española, y a ello se encomendó el arquitecto Pedro Machuca, plenamente identificado con el arte renacentista de la escuela romana; el lugar elegido fue los jardines de la Alhambra. Pero la obra de Machuca adolecía de excesos importados, sin reparar en las maravillas del entorno granadino; al fallecer, continuó el trabajo su hijo Luis Machuca, que tampoco acabó de conseguir ni la terminación del edificio ni de dar con el estilo apropiado que, aun alejado del plateresco español y cercano al renacentista italianizante, obtuvo como título el de estilo grecorromano, que no satisfizo ni a propios ni a extraños por lo inadecuado e insustancial de la denominación.

Plateresco 5

Palacio de Carlos V, Granada.

Imagen de http://www.alhmabra-patronato.es

 

Plateresco 6

Patio central del Palacio de Carlos V, Granada.

Imagen de http://www.granadanatural.com

 

Distinta concepción arquitectónica es la de Rodrigo Gil de Hontañón, que supo conjugar en su arquitectura los principios renacentistas de la península itálica con el espíritu castellano, y cuya destacada actividad se prolonga hasta 1577.

    Intervino en la construcción de las catedrales de Segovia, Plasencia y Astorga; aunque sus mejores obras son el Palacio de Monterrey, en Salamanca, y la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares. El Palacio de Monterrey fue proyectado en 1539 y resalta el contraste de la desnudez de los cuerpos bajos con la florida ornamentación de la parte alta, derivada de los palacios árabes e isabelinos. La fachada plateresca-renacentista de la Universidad de Alcalá de Henares se construyó entre 1537 y 1553, y es su obra maestra: en ella se sugiere la articulación volumétrica de todo el edificio, y la ornamentación nerviosa y dinámica alterna con silencios murales amplísimos, medidos musicalmente.

Plateresco 7

Universidad de Alcalá de Henares

Imagen de http://caumas.org

 

Su última obra de envergadura, entre 1599 y 1566, es el Palacio de los Guzmanes, en León, y en ella aparece por primera vez el motivo típicamente castellano del balcón volado de rejería.

Plateresco 4

Palacio de Monterrey, Salamanca.

Imagen de http://turismoporsalamanca.blogspot.com.es

 

Carlos I de España y V de Alemania también decidió reconstruir el Alcázar de Toledo, siendo elegido arquitecto Alonso de Covarrubias, yerno y sucesor de Enrique Egas. El soberbio edificio es de planta rectangular, con cuatro elegantes torres en los ángulos; los detalles de la puerta, con sus heraldos y escudos, los de las ventanas y el patio, son de un estilo plateresco concebido pensando en los detalles al tiempo que en las masas.

    La fachada proyectada por Covarrubias tiene la disposición general de los palacios de la época: dos pisos inferiores con ventanas y un orden superior que forma logia; no obstante, sus aberturas alternan con un espacio liso para otorgar más solidez y seriedad al remate. De Covarrubias es sólo la fachada y el patio, pues murió antes de finalizar la obra. Le sucedieron el italiano Juan Francisco Castello, autor de la crujía meridional (aunque algunos estudiosos la atribuyen a Juan de Herrera), y Francisco Villalpando, autor de la monumental escalera que ocupa el espacio interior de un ala del patio.

Plateresco 8

Alcázar de Toledo

Imagen de http://jm3estudio.com

 

Simultáneamente a esta construcción es la de Alcázar Real de Madrid, que fue destruido por un incendio; en su lugar se alza el Palacio Real, también llamado Palacio de Oriente, de espléndida factura.

 

 

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    Juan Bautista Viñes

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El pintor de la mística. Francisco de Zurbarán

 

Francisco de Zurbarán, nacido en la villa pacense de Fuente de Cantos el año 1598, es uno de los más destacados artistas barrocos españoles e insigne representante de la pintura de temática religiosa; pintor de la vida monástica, de los santos y de la Inmaculada Concepción.

    Su genial destreza en los efectos de color y de luz y en la evocación de la unción religiosa, identifican inmediatamente su obra al espectador.

Zurbarán 2

Autorretrato

Imagen de http://www.sellosdelmundo.com

 

Etapas

Zurbarán inició su actividad artística en el taller de Juan de Roelas, sito en su localidad natal; hasta que en 1614 viajó a Sevilla para continuar formándose en el taller de Pedro Díaz de Villanueva. Durante esta etapa conoció y se relacionó, en diferente grado de trato e influencia, con Francisco Pacheco, Juan Sánchez Cotán, Francisco Herrera el Viejo, Alonso Cano y Diego Velázquez.

    De Sevilla parte a Llerena, en la provincia de Badajoz, donde comienza una etapa artística con taller propio, prolongada hasta el año 1628. Enseguida recibe encargos de órdenes religiosas, siendo el principal el de los dominicos de San Pablo el Real de Sevilla, con la solicitud de veintiún cuadros. La meticulosa representación de los tejidos y el color blanco -rasos turquesa o violáceos, gruesos terciopelos rojos, ricos bordados, o las telas blancas y densas de los hábitos de los monjes-, evidencian no sólo la maestría de su pincel sino su interés por el mundo real; también trasladado a los bodegones y las naturalezas muertas, que pinta con un realismo mágico y equilibrio en la ordenación de los objetos. Por otra parte, es en esta época extremeña cuando empieza a cultivar el género de pintura sobre los santos.

 

Zurbarán 1

Cristo en la Cruz (1627)

 

En 1628 vuelve a Sevilla para instalarse y confirmarse como un gran pintor. Ha recibido otro encargo de enjundia, esta vez de la Orden de la Merced Calzada de la capital hispalense, para que decorar con veintidós lienzos el claustro de los Bojes. Un año después, Zurbarán, que se presentaba como maestro pintor de la ciudad de Sevilla, pretensión, puede que también vanidad, conducente a disputas y enemistades, realizó cuatro pinturas para el Colegio Franciscano de San Buenaventura de Sevilla; y otras, con varios destinos, principalmente de santos. Cuida especialmente en las dedicadas a las santas que el dolor del martirio quede diluido y que la vestimenta simbolice la calidad espiritual de la protagonista.

 

Zurbarán 2

Santa Casilda (1630)

 

Zurbarán 3

Santa Faz (1631)

 

De esta época sevillana son sus bodegones, género nada desdeñable en su producción por el detalle en las texturas y la fuente de luz en los propios objetos representados.

 

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Plato con limones, cesta con naranjas y taza con una rosa (1633)

 

Zurbarán alternaba su residencia sevillana con estancias de aprendizaje y trabajo en Madrid a partir de 1634. Abandona el tenebrismo para encaminarse al claroscuro manierista, por lo que sus cielos se aclaran y la combinación de colores es menos contrastada. Participa en la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro con La defensa de Cádiz contra los ingleses, uno de los doce cuadros de batallas, que inmortaliza el hecho acaecido en 1625. Y se le concede el título de Pintor del Rey.

Zurbarán 5

 

La defensa de Cádiz contra los ingleses (1634)

 

Crece la fama de Zurbarán y de su mano los encargos, muchos de los cuales con destino a América. En 1636, y de nuevo en su taller sevillano, ha de pintar once cuadros para el altar mayor de la Cartuja de Santa María de la Defensión de Jerez de la Frontera; entre ellos destaca La Adoración de los Magos.

 

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La Adoración de los Magos (1640)

 

Varias y muy bellas, además de esta época, son sus Inmaculadas.

 

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Inmaculada Concepción (1636)

 

En 1640 pinta Agnus Dei, una de sus obras significativas por la impresión del carácter trascendental.

 

Zurbarán 8

Agnus Dei (1640)

 

Entre 1639 y 1645 Zurbarán atendió el encargo de los jerónimos del monasterio de Guadalupe de pintar ocho frescos para la soberbia sacristía barroca, entre grutescos y motivos florales, y tres para la capilla adyacente.

Esta prolífica y exitosa etapa se trunca en la década de los cuarenta del siglo XVII, a consecuencia de la decadencia general que afecta a España. Disminuyen muy considerablemente los encargos interiores, no obstante aumentan los provenientes de América, remitidos por altos funcionarios, comerciantes y las órdenes religiosas, en especial de las ciudades de Lima y Buenos Aires. Pese al esfuerzo que supuso dar salida a tanto cuadro, Zurbarán viajó a Madrid entre 1650 y 1652, por compromisos adquiridos; su estilo experimenta cambios hacia el difuminado de los tonos y las formas. Y de regreso a Sevilla pinta en 1655 San Hugo en el refectorio de los cartujos, un compendio de virtuosismo.

 

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San Hugo en el refectorio de los cartujos (1655)

 

Su cuarta y última etapa radica en Madrid, y comprende de 1658 a 1664, año de su fallecimiento. Diego Velázquez acoge a Zurbarán que no abrirá taller. Su estilo torna delicado e intimista, la pincelada es blanda y el colorido luminoso y transparente.

 

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San Francisco arrodillado con una calavera (1659)

 

 

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El mejor científico de su tiempo. Jerónimo de Ayanz

 

La invención de la máquina de vapor

2 de agosto de 1602

 

El Siglo de Oro español ofreció al mundo más que excelsa literatura e ilustres pensadores y juristas. También la ciencia y la tecnología brillaron con áureo prestigio, aunque muy poco reconocido y aún menos ponderado, y entre los científicos cabe destacar, siendo protagonista del presente artículo, el ingeniero, músico, artista, matemático, arquitecto, militar, cosmógrafo e inventor, por no seguir citando habilidades, Jerónimo de Ayanz y Beaumont, un auténtico hombre del Renacimiento que, proporcionalmente, presentó más inventos que Leonardo Da Vinci (y Galileo Galilei, otros de los eminentes coetáneos del español) en un mismo periodo de tiempo; con la significativa diferencia de que Ayanz consiguió entre 1598 y 1602, su época fecunda, que funcionaran todas las máquinas y todos los avances tecnológicos de su invención, pues no se trataba sólo de imaginaciones en boceto o proyectos nunca completamente desarrollados. Justificadamente así lo expone, entre otros estudiosos de tan insigne personaje, Nicolás García Tapia, profesor doctor de la Universidad Politécnica de Valladolid, añadiendo que a lo largo del Siglo de Oro “es en la técnica y en la ingeniería donde España dio sus mejores frutos, cosa lógica, ya que un imperio no puede sustentarse sin buenos ingenieros e inventores”. Prueba de ello es que la primera patente española es de 1478, pocos años después de la primera italiana (otorgada en la República de Venecia el año 1474) y casi un siglo anterior a las primeras del resto de Europa; “desde entonces, numerosos inventores españoles obtuvieron de los reyes privilegios por invención que llegaron a alcanzar una gran importancia en el desarrollo tecnológico de los territorios que formaban la monarquía hispánica”.

 

Jerónimo de Ayanz y Beaumont nació en Guenduláin, antiguo señorío de Navarra, en 1553. Habiendo recibido desde niño una excelente formación, muy completa y variada, unido a su innata disposición al conocimiento y con extraordinarias dotes para la inventiva, consiguió poner en práctica cuantas ideas le surgieron.

    Su vida en la corte española de Felipe II, en calidad de paje del monarca, le supuso recibir enseñanzas de los maestros más destacados de la época, además de relacionarse con familias de alta influencia nacional. Joven, robusto, vitalista y grandemente dotado para el aprendizaje, prosperó en los estudios de latín, matemáticas y música, en los de náutica, astronomía, ingeniería y arquitectura, y pudo convivir observando sus trabajos con el arquitecto Juan de Herrera y el ingeniero Pedro Juan de Lastanosa.

    Su faceta militar es tan destacada como la de científico e inventor; participando con sobresaliente proceder en Flandes, Túnez, Portugal, las islas Terceras (Azores) y La Coruña, además de abortar una conjura francesa para asesinar en Lisboa al rey Felipe II. Y no menos relevantes son sus cargos políticos, como el de regidor de Murcia, en 1587, y el de gobernador de Martos, en 1595; lugares donde su estancia posibilitó un gran impulso a las obras públicas, a la agricultura y la ganadería.

 

Fallecido Felipe II, su heredero y sucesor Felipe III también le responsabilizó en tareas máximas, tal y como la de Administrador General de las Minas del Reino de España. Dado su conocimiento y su capacidad innovadora, Jerónimo de Ayanz aportó soluciones teóricas y prácticas que se convirtieron en avances científicos de inspirada tecnología que hasta pasados dos siglos no volverían a asomarse a la vida cotidiana.

     En 1599, Ayanz envió realizó un memorial destinado a Felipe III explicando los problemas del sector metalúrgico y proponiendo sus respectivas soluciones en cuestiones como la poca iniciativa privada, una mano de obra costosa, los impuestos excesivos, la legislación caótica y corrupta, la deficiente preparación de técnicos, las malas infraestructuras, los conocimientos anticuados o la incorrecta explotación de las minas.

Cumplida a satisfacción su tarea como Administrador General de Minas, ya motivado por otras experiencias, desde 1608 se dedicó a la explotación privada de un yacimiento de oro próximo a El Escorial, y en 1611 a la recuperación de las minas de plata de Guadalcanal, en Sevilla, allá donde habíase aplicado por primera vez en el mundo una máquina de vapor. Hasta que falleció en 1613. Sus restos se trasladaron a Murcia y posteriormente fueron inhumados en su catedral.

Ayanz

Jerónimo de Ayanz

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Inventos y patentes

Entre 1598 y 1606, Jerónimo de Ayanz solicitó y consiguió 48 privilegios de invención, las actuales patentes, en los ámbitos de la ciencia y la tecnología, como así consta en un documento firmado por el rey Felipe III, fechado el 1 de septiembre de 1606. En él se recoge la invención de un prototipo de máquina de vapor para el desagüe de las minas (ingenio que supuso la primera aplicación práctica del principio de la presión atmosférica, ley que sería determinada científicamente medio siglo después por Otto von Guericke y Denis Papin, quienes se llevaron la fama) y un sistema de ventilación a ellas aplicable para la renovación del aire (génesis mecánica del aire acondicionado al que incorporó una fragancia), la mejora en la funcionalidad de los instrumentos científicos de uso habitual (balanzas de precisión, hornos muy variados, máquinas capaces de realizar múltiples operaciones industriales hasta entonces desconocidas), el desarrollo de molinos de viento, destiladores de agua, aparatos de medida y nuevos tipos de hornos de fundición para operaciones metalúrgicas industriales, militares y domésticas (cuya principal característica es el aprovechamiento del calor desprendido por la combustión); creó una máquina de vapor, ideó una campana de buceo y diseñó un submarino.

 

La máquina de vapor

El empleo de la fuerza del vapor es una muestra extraordinaria del talento de Ayanz, y el anticipo de la revolución industrial de finales del XVIII. La máquina por él ideada en 1606, consistía en una caldera donde se calentaba el agua acumulada de la mina, requerida de extracción, transformándola en vapor de agua; la presión del vapor elevaba el agua al exterior en flujo continuo a través de una tubería. Casi cien años después, Thomas Savery patentó una máquina de vapor a partir del principio formulado y aplicado por Ayanz; y transcurrido un siglo James Watts quiso atribuirse la invención de la máquina de vapor. Otra fama perdida por los españoles.

 

El traje de buzo

Es creación de Jerónimo de Ayanz el primer traje de buzo operativo. La demostración de su pertinencia y validez tuvo lugar en las aguas del río Pisuerga que bañan la ciudad de Valladolid el 2 de agosto de 1602, ante el rey Felipe III y un nutrido cortejo de testigos palaciegos. La inmersión de Ayanz alcanzó la profundidad de tres metros y se prolongó más de una hora, interviniendo el monarca para finalizar la prueba en ese momento.

    El aire al buzo se le suministraba en su campana desde el exterior, tierra firme, plataforma marina o embarcación, por medio de tuberías flexibles. Pero si la decisión del buzo en la inmersión era autónoma, se les proveía de vejigas de aire y fuelles que ellos mismos accionaban con sus brazos.

 

El submarino

Motivado por la investigación subacuática, diseñó un precedente de submarino, nave sumergible para viajar bajo el agua, que denominó barca submarina, construido con madera calafateada que impermeabilizó con el recubrimiento de un lienzo pintado en aceite.

    El sumergible era un modelo realmente funcional, impermeable, de cerrado hermético, contaba con un sistema de renovación de aire, contrapesos para subir y bajar, ventanas de gruesos cristales e incluso remos para el desplazamiento. Y para completar su utilidad, disponía de unas pinzas a modo de guantes extensibles para recoger objetos desde el interior de la nave, a semejanza del procedimiento en laboratorio para la manipulación de sustancias radiactivas dentro de un recipiente hermético.

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El continuo tránsito de navíos por los mares y los océanos llevando personas y mercancías, especialmente la ruta americana, exigía respuestas inmediatas a los problemas de carestía surgidos en todo momento.

    Jerónimo de Ayanz inventó un destilador que proporcionaba agua potable para consumo de los marineros a partir del agua salada, sistema al que añadió una suspensión, en la actualidad denominada Cardan para evitar que el mecanismo se desplazase a causa del movimiento del barco.

    También en el campo náutico elaboró un informe sobre la aguja de marear, la brújula, y la declinación magnética.

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La molienda del grano, actividad básica en el proceso alimentario, fue otra gran aportación; comprobó que las piedras de moler con forma cónica y los molinos de rodillos metálicos, eran más eficaces, al punto que se utilizaron siglos después en la industria harinera.

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Sus conocimientos de física y de mecánica le permitieron innovar el mecanismo de transformación del movimiento anticipando en siglo y medio el concepto de par motor (momento de fuerza que ejerce un motor sobre el eje de transmisión de potencia).

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Abundando en el campo de la mecánica aplicada a la arquitectura y la ingeniería, mejoró las bombas de riego de uso en los sistemas hidráulicos, diseñó un sifón capaz de drenar las minas más profundas, una bomba hidráulica para achicar el agua de los barcos y diferentes tipos de molinos y de presas (una todavía hoy en uso), y planteó la estructura de forma de arco para las presas de los embalses.

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Hombre práctico, de experiencia, ciencia y conciencia, tales fueron los calificativos con que la Corona española y aquellas personalidades destinadas a elegir los cargos de mayor valía para desempeñar los cometidos más exigentes, honraron a Jerónimo de Ayanz, el más grande científico de su tiempo.

    Sus inventos fueron mostrados con prototipos, algo inusual, por completo novedoso y didáctico, para que pudieran ser examinados y puestos a prueba; y todos ellos se sustentaban en principios científicos y no sólo en mecanismos de indudable ingenio fruto del empirismo.

    Los planos del medio centenar de inventos que cuenta su trayectoria quedan depositados en el Archivo General de Simancas, y a ellos corresponde el testimonio de haber conquistado metas, es decir, avances tecnológicos, que se vieron aplicados en el siglo XIX; su anticipación merece el absoluto reconocimiento del orbe científico.

 

 

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Primer gran maestro de la pintura moderna. Francisco de Goya

 

Francisco de Goya y Lucientes, nacido en la zaragozana villa de Fuendetodos en 1746, pintor, grabador y dibujante, es el primer gran maestro de la pintura moderna.

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Autorretrato (1815).

 

El pintor José Luzán, en cuyo taller entró como aprendiz Goya, fue quien lo inició en los principios del dibujo. Superada esta fase, en 1763 y 1766 se presentó a sendos concursos en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, para obtener una pensión de estudios en Italia; y aunque no obtuvo premio, en 1770 viajó a Italia, costeándose la estancia, para formarse como pintor. Periodo breve, apenas un año y de vuelta a Zaragoza donde, a lo largo de 1771, pintó una serie de frescos para el coreto de la basílica del Pilar, en los que evidenció notables dotes de colorista y gran habilidad para componer escenas con técnicas audaces como la de los libres linealismos y las deformaciones. De regreso a Madrid la corona le encargó la pintura de uno de los grandes altares para la basílica de San Francisco el Grande, con la imagen de San Bernardino de Siena predicando ante Alfonso V de Aragón.

    Entre los últimos trabajos realizados en la capital aragonesa destaca el espléndido ciclo mural sobre la Vida de la Virgen, en la cartuja de Aula Dei, cuya monumentalidad y riqueza cromática sitúan a Goya en la cima de los pintores españoles del siglo XVIII.

 

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Cristo en la cruz

 

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Santas Justa y Rufina

 

Residiendo en Madrid, por mediación de su cuñado, Francisco Bayeu, trabajó como cartonista en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, localizada en la capital de España; durante diecisiete años se ocupó de tales labores, costumbristas ellas, y forjó el carácter principal de su primera etapa artística.

En 1780 ingresó en la Academia de San Fernando, el 1786 obtuvo el nombramiento de pintor de cámara del rey Carlos III y tres años después el mismo cargo con su sucesor, Carlos IV.

    Entre 1787 y 1788, Goya alterna el tema religioso, con las tres soberbias pinturas para la iglesia de Santa Ana en Valladolid y los dos grandes lienzos de la catedral de Valencia dedicados a san Francisco de Borja, con los paramentos decorativos para La Alameda de los duques de Osuna, inspirados por temas costumbristas y anecdóticos, con cartones de tapices que acabaron obteniendo fama mundial: La pradera de San Isidro y La gallina ciega.

    Pero la felicidad y prestigio de ese tiempo en la corte quedaron truncados en el invierno de 1792-93 por la enfermedad que lo dejó sordo. La tara física lo aisló hacia su mundo interior, bullente de sensaciones particulares y cognitivas a las que se sumaron las ideas de la Ilustración; nacía en Goya un compromiso social que cristalizó unos años más tarde en su primera serie de grabados, titulada Caprichos.

 

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Capricho 39

 

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Caprichos: Ensayos

 

En 1793, o acaso a finales de 1792, en Sevilla, Francisco de Goya contrae una enfermedad grave que arrastra su ánimo. Pero ya a mediados de 1793 vuelve a Madrid y a sentarse en la Academia de San Fernando. A principios de 1794, el 4 de enero, escribe una carta a Bernardo de Iriarte en la que manifiesta su estado de salud y avance de sus trabajos: “Para ocupar la imaginación mortificada en la consideración de mis males y para resarcir, en parte, los grandes dispendios que me han ocasionado, me dediqué a pintar un juego de cuadros de gabinete en que he logrado hacer observaciones a que regularmente no dan lugar las obras encargadas y en que el capricho y la invención no tienen ensanche. He pensado remitirlas a la Academia para todos los fines que V. S. I. conoce”.

    Debieron formar parte de los “Cuadros de gabinete” obras tales como Corral de locos, Cómicos ambulantes, El incendio (El incendio de noche), El incendio del hospital, El naufragio y Bandidos asaltando un coche.

    Es de suponer que en esta misma época Goya pintó una serie de cuadros con asuntos de brujería y de temática fantasiosa, que vendió a los duques de Osuna en 1798.

 

En paralelo al proceso mental y social, su carrera continuaba ascendente. En 1795 recibió el nombramiento de director de pintura de la Academia de San Fernando, puesto del que dimitió a los dos años pues estaba en contra de la formación académica en la educación artística.

    En 1795 Goya realizó una importante obra de tema religioso, los tres Lunetos de la Santa Cueva de Cádiz. En 1797 se anunció la edición de los Caprichos, publicada al cabo de dos años, con 80 estampas precedidas de un Autorretrato al aguafuerte.

    En 1798, año decisivo en la trayectoria artística de Goya, aparte de una serie de admirables retratos, decora al fresco la ermita de San Antonio de la Florida, refundiendo en esta obra ímpetu y grandiosidad barroca, ciertos efectos de gracia rococó y un expresionismo peculiar con deformaciones y simplificaciones inauditas en esa época.

    Corría el año 1799, pleno de contradicciones su sentir, cuando fue nombrado primer pintor de cámara de Carlos IV. Su labor como retratista volvió a intensificarse, dando en cada obra una lección de sabiduría pictórica y penetración psicológica. Entre las obras de este periodo citamos: La condesa de Chinchón y Familia de Carlos IV, ambas de 1800, la serie de retratos de la duquesa de Alba y las Majas desnuda y vestida (1803-1806).

 

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Frescos en la ermita de San Antonio de la Florida

 

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La maja desnuda

 

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La maja vestida

 

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La condesa de Chinchón

 

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Retrato de la marquesa de Santa Cruz

 

Llegamos a 1808. La guerra del pueblo español contra el invasor francés produce honda impresión en Goya, que ya cuenta con sesenta y dos años y sigue atosigado por sus contradicciones y las dudas que se ciernen ante cada reflexión sobre la vida propia y ajena.

    Desde esta fecha tan significada de 1808 hasta la de 1818, concluida la guerra por la independencia nacional, devuelto al trono Fernando VII cuatro años ante, su estilo pierde definitivamente las calidades preciosistas dieciochescas para ejecutar una pintura más directa y elemental, con la elección del negro como el color esencial. Figuran destacadas varias colecciones de grabados con títulos explícitos y definitorios: Los desastres de la guerra, Disparates y Tauromaquia.

    De este último periodo son también el retrato del Duque de San Carlos y Autorretrato, ambas obras de 1815; año de notable actividad retratista.

 

Goya 10

Majas en el balcón

 

Hacia 1819, ya septuagenario, dio un vigoroso giro artístico con sus “Pinturas negras”, realizadas en 1821 y 1822 en una quinta junto al río Manzanares, llamada popularmente “Quinta del Sordo”; fue una etapa breve. Las Pinturas negras se asemejan por el tema a los Caprichos y por la técnica a Tauromaquia.

    Enemigo de la política absolutista de Fernando VII y por ella antes o después perseguido, fue a establecerse en Burdeos el año 1824, a guisa de exiliado, ciudad en la que falleció en abril de 1828.

 

Goya 26

Disparates 6

 

Goya 29

Tauromaquia: Otra locura suya

 

Elles sont féroces, Guerre n°5, 1808

Desastres de la guerra 5

 

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Desastres de la guerra

 

El primer pintor moderno

El arte de Francisco de Goya, enraizado en las corrientes artísticas de los siglos XVIII y XIX, aparece, no obstante, individualizada y en vanguardia de las mismas.

    Iniciado en las elegancias cortesanas del rococó, pero sin abundar en estériles academicismos, posteriormente creó un tipo de pintura más personal, admirada por los románticos, que comportaba libertades técnicas y temáticas.

    Admirable colorista y dibujante, fue el movimiento impresionista el heredero de su obra; y fueron los movimientos expresionistas y surrealistas, a su vez, los continuadores de su legado creativo y tensamente vital.

 

En los sesenta y tres cartones para tapiz, ideal recreación del capricho dieciochesco, recogió puntualmente variadas escenas costumbristas, evocadas con una delicada serenidad en El quitasol (1777), con una festiva despreocupación en La cometa (1778), con una chispeante vivacidad en El cacharrero (1778). Estos cartones, conservados en el Museo Nacional del Prado anuncian con su luminosidad las libertades expresionistas.

    En consonancia con estas obras aparecen los retratos de su primera madurez, como el de la Marquesa de Pontejos (1786); de un preciosismo que en sus últimos años abandonó en favor de una mayor calidad expresiva, como en el cuadro Don Ramón Satué (1823).

 

Goya 30

El quitasol

 

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La gallina ciega

 

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La siega

 

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El ciego de la guitarra

 

La familia de Carlos IV (1800) es una obra maestra del retrato. Goya trasciende los elementos puramente anecdóticos y circunstanciales del cuadro cortesano y presenta a los personajes en su exacta catadura moral y psicológica. La meditada composición del conjunto y la pintura de intensas veladuras superpuestas elevan el cuadro a la categoría de creación genial.

 

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Familia de Carlos IV

 

Los sucesos de la Guerra de la Independencia afectaron a Goya decisivamente. A partir de bocetos ha representado los acontecimientos en dos cuadros memorables titulados El dos de mayo de 1808 en Madrid: la lucha con los mamelucos y Los fusilamientos de la Moncloa, ambos de 1814. El dos de mayo de 1808 en Madrid: la lucha con los mamelucos es una obra de traza romántica por su color, el movimiento y el ímpetu; la escena aparece captada muy de cerca y centrada en personajes principales; la técnica es muy pictórica y fundida, trabando tono y color, y comunicando un verdadero sentimiento de lo inmediato. Los fusilamientos de La Moncloa es una obra más concreta y contrastada, menos matizada, de mayor vigor, caracterizada por el empleo de una solución granulosa que produce una textura arenosa y mate; reducida la gama cromática esencialmente al ocre de la tierra y de algunos trajes, el negro del cielo nocturno, el blanco de las camisas de los fusilados y el rojo de la sangre; la simplificación relativa de la forma apoya la unidad del efecto.

 

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El dos de mayo de 1808 en Madrid. La lucha con los mamelucos

 

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Los fusilamientos de La Moncloa

 

Las “Pinturas negras” es un ciclo de catorce pinturas murales al óleo en las que predomina el color negro, realizadas entre 1819 y 1923. En ellas denunció, como previamente en los Caprichos, males de la sociedad tales como la superstición, la intolerancia, la ignorancia y la violencia, consiguiendo un efecto visual muy expresivo y tenebrosamente plástico; sintetizan todas y cada una de ellas el sentido de lo terrible que emana del conjunto y muestran a los personajes, ya sea uno o varios, desde un ángulo extravagante, dramático e irracional. Ejemplos señeros de ellas son Saturno devorando a sus hijos, Al aquelarre o Riña a muerte a garrotazos.

    Estas magníficas composiciones pictóricas, reflejo del espíritu atormentado y visionario del autor, y que tanto han influido sobre el arte moderno, culminan la trayectoria artística de uno de los grandes maestros de la historia del arte.

 

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Aquelarre

 

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Átropos o Las parcas

 

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El tiempo y las viejas

 

Goya 27

Saturno devorando a su hijo

 

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El incendio

 

Debe subrayarse que Goya logró las más convincentes y personales realizaciones de su carrera en su etapa de madurez y de vejez.

    Por su grandeza y su carácter, por su sentido de recapitulación final de toda la pintura tradicional. Goya no es un especialista, como los pintores que alumbrará el siglo XIX, sino el último pintor del mundo que todavía tiene la riqueza de cualidades de los supremos maestros que desde finales del cuatrocientos crearon la pintura moderna.

 

 

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