El marino, científico y explorador Dionisio Alcalá Galiano

Campañas hidrográficas en los océanos Atlántico y Pacífico y el mar Mediterráneo

 

Marino de la Real Armada, científico y explorador, Dionisio Alcalá Galiano nació en Cabra, provincia de Córdoba, en 1760. Es uno de los más cualificados marinos científicos de la Ilustración española. Inició su formación científica a edad temprana y en la mar a las órdenes de Vicente Tofiño, participando en los importantes levantamientos cartográficos de las costas de España necesarios para el proyecto del Atlas marítimo.

    Guardiamarina con tan solo dieciséis años, en 1776 embarcó en la fragata Júpiter y un año después participaba en las campañas de Brasil y el Río de la Plata; la primera contra los portugueses con la escuadra del marqués de Casa Tilly y un cuerpo de desembarco a las órdenes del general Pedro Cevallos, conquistando la isla de Santa Catalina en aguas brasileñas; la segunda, en Montevideo, bloqueando y rindiendo la colonia del Sacramento, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata.

    Durante el proyecto del Atlas marítimo formó parte de la tripulación de la fragata Lucía y colaboró en los trabajos desarrollados en Algeciras y el Mediterráneo entre 1784 y 1785.

    Ya cualificado científicamente, el joven teniente de fragata inició su andadura como cartógrafo y astrónomo en la fragata Nuestra Señora de la Cabeza que, al mando de Antonio de Córdova, llevó a cabo una importante campaña hidrográfica en el estrecho de Magallanes entre 1785 y 1786.

   Alcalá Galiano 1

Dionisio Alcalá Galiano

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Ascendido a teniente de navío, de nuevo a las órdenes de Tofiño, junto con el personal del Observatorio de Marina, continuaron los levantamientos de las costas de Asturias y Vizcaya a lo largo del año 1788, elaborando unas detalladas cartas náuticas. De esta época es también la corrección de la carta de las Azores llevada a cabo por Vicente Tofiño con la fragata Santa Perpetua y los bergantines Vivo y Natalia, éste mandado por Alcalá Galiano. Esta importante formación científico-práctica condicionó la presencia de Alcalá Galiano como oficial astrónomo en la más importante expedición científica española por mar de la Ilustración: la Expedición Mundial, con importantes finalidades políticas y científicas, comandada por Alejandro Malaspina y José Bustamante y Guerra.

    La expedición partió de Cádiz el 30 de julio de 1789 y recorrió toda América, de Montevideo a Alaska, los archipiélagos del Pacífico, Vavao, Carolinas, Marianas, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. En este colosal viaje ilustrado, el protagonismo de Alcalá Galiano es incuestionable, ya que su sólida formación científica junto a Tofiño y su familiaridad en el uso de modernos instrumentos de observación astronómica, dieron gran relevancia a sus trabajos, como acredita la abundantísima documentación conservada en el Archivo del Museo Naval de Madrid. Fue sin duda una figura clave en el desarrollo del ambicioso proyecto científico del viaje: volver a cartografiar la totalidad de las costas americanas y levantar mapas fiables del inmenso Pacífico, nuevamente clave en la estrategia política de los grandes imperios marítimos mundiales.

    Principal oficial astrónomo de la expedición, embarcado en la corbeta Atrevida, recorrió entre 1789 y abril de 1791, cuando recaló por segunda vez en Acapulco, la totalidad de las costas americanas, realizando observaciones de gran relevancia en Montevideo, Puerto Deseado, Puerto Egmont (Malvinas), Puerto Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Coquimbo, Arica, Callao, Guayaquil, Puerto Pericó, San Blas y Acapulco. En México fue comisionado por Malaspina para reordenar todos los materiales astronómicos del viaje y realizó importantes mediciones, de modo que permaneció en su comisión hasta el retorno de la Atrevida al puerto de Acapulco procedente de la costa noroeste., en fecha octubre de 1791.

Alcalá Galiano 2

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Nuevas órdenes de la Corona recibidas durante esta campaña dieron lugar a un nuevo y prolijo reconocimiento de la costa septentrional de América, en busca del ansiado y estratégico Paso del Noroeste, citado por Ferrer Maldonado siglos atrás; Malaspina comisionó para esta misión a dos de sus más valiosos oficiales: Alcalá Galiano, al mando de la goleta Sutil y Cayetano Valdés, al mando de la goleta Mexicana, mientras el resto de la expedición continuó sus navegaciones hacia las Filipinas y el Pacífico sur.

    El 8 de marzo de 1792 salieron ambas goletas hacia Nutka, donde permanecieron entre el 13 de mayo y el 5 de junio. En la bahía de Núñez Gaona, Alcalá Galiano determinó la longitud y levantó un plano del puerto; realizó idéntica labor en el estrecho de Juan de Fuca a lo largo del mes de junio, Nutka y las costas de la actual Vancouver, ensenada del Engaño y Puerto Cepeda. En la cala del Descanso permaneció con sus hombres hasta el 19 de junio sin haber localizado el deseado Paso del Noroeste. Estos días ocurrió el encuentro con el célebre marino y explorador británico Vancouver, con quien navegó hasta el canal de Lewis; continuando luego, junto a Valdés, los reconocimientos del laberinto de canales de la tierra firme de la actual Columbia Británica sin obtener resultado alguno. Testigo de aquellas derrotas es la isla que descubrió, Galiano island actualmente, situada entre la Isla de Vancouver y la costa pacífica de la Columbia Británica, en Canadá. Por fin el 23 de agosto las goletas regresaron al Pacífico levantando diversos puertos hasta su recalada en Nutka el 1 de septiembre, concluyendo que no existía paso alguno hacia el Atlántico en el estrecho de Fuca. En noviembre de 1792 volvieron a Acapulco.

    Estos reconocimientos, además de importantísimos para la geoestrategia de la época, alcanzaron gran difusión al lograr su publicación presentándolos a la corte como expedición separada y no dimanada de la proscrita de Malaspina, cuyos espléndidos resultados permanecieron inéditos hasta mucho después. Según informa y demuestra en la Memoria de sus observaciones de longitud y latitud publicada en 1796, es el inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar de un astro a cualquier distancia del meridiano. Tras su retorno a Cádiz, Alcalá Galiano llevó a cabo su última campaña científica entre diciembre de 1802 y octubre de 1803, en la fragata Soledad, con la que realizó una extensa campaña hidrográfica por el Mediterráneo hasta Constantinopla.

    La postrera de Alcalá Galiano cumplió satisfactoriamente con la encomienda fijada. A bordo de la fragata Soledad, recibió la orden de dirigirse a los mares de Grecia y Turquía para levantar las cartas del Mediterráneo Oriental, hasta la fecha harto deficientes. Marcó y situó astronómicamente todas las islas e islotes de aquella zona y prosiguió navegación hasta Buyukderé, provincia de Estambul, y la embocadura del mar Negro. Su persona recogió el aprecio y la distinción de cuantas autoridades tuvieron noticia de la campaña, de Atenas a Constantinopla, y en el resto de puertos mediterráneos visitados. Ya en España elaboró las cartas náuticas encomendadas, recibiendo la felicitación máxima por su acertado desempeño.

    Poco después, al mando del navío Bahama murió heroicamente en el combate de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, igual que otro ilustre científico, marino, patriota y compañero, Cosme Damián Churruca, además de otros valiosos y valientes oficiales que fueron víctimas de la incompetencia del aliado francés.

 

 

Artículos complementarios

    Vicente Tofiño

    Federico de Gravina

    Cosme Damián Churruca

    Juan Francisco de la Bodega y Quadra

La doctora en Ciencias Químicas Jenara Arnal

 

La zaragozana Jenara Vicenta Arnal Yarza, nacida en 1902, ostenta el título de ser la primera doctora en Ciencias Química de España y una reputada científica a nivel internacional. Aunque el artículo presente corresponda a su vida y obra, cabe destacar en él a sus dos hermanos, Pilar, famosa concertista de piano, y Pablo, catedrático de Física y Química y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

    Las trayectorias académica, investigadora y docente (las tres con igual grado de importancia) de Jenara Arnal se resumen de la siguiente manera: maestra de primera enseñanza en 1921, licenciada en Ciencias Químicas el año 1926, ayudante de clases prácticas de la cátedra de Química Analítica en dicha facultad a continuación, profesora auxiliar temporal de Química Inorgánica el curso siguiente, y profesora auxiliar temporal de Ampliación de Física los dos cursos siguientes; catedrática de Física y Química de Instituto en 1928 y doctora con la tesis Estudio potenciométrico del ácido hipocloroso y de sus sales en 1930. Este mismo año la Junta para la Ampliación de Estudios le concedió una beca para estudiar Electroquímica con el profesor Fichter y Química teórica con el profesor Bernouilli, en el Anstalt für Anorganische Chemie de Basilea, en Suiza, proponiendo investigaciones con resultado; y para estudiar Electroquímica con el profesor Erich Müller en la Technische Schule de Dresde, en Alemania un año después, con igual actitud y valía. De regreso a España, trabajó como catedrática interina en Barcelona, Calatayud, Bilbao y Madrid.

    Por el mérito de su labor investigadora, nacional e internacionalmente reconocido, ingresó en la Sociedad Española de Física y Química.

    Durante los años treinta del siglo XX, avalada por su larga trayectoria investigadora en el laboratorio de Química de la Facultad de Ciencias de Zaragoza y en la Escuela Industrial de Madrid, desempeñó su actividad científica en el campo de la Electroquímica en el Instituto Nacional de Física y Química en la capital de España; presentando un número significativo de estudios. A finales de esta década amplió sus actuaciones científicas en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y docentes en el Instituto San José de Calasanz (perteneciente al CSIC), trasladando su ciencia y estudios a las publicaciones de la Biblioteca Auxiliar de Educación dirigidas a maestros e inspectores de Enseñanza Primaria.

 

En el ámbito internacional su presencia se hizo patente desde el año 1947, asistiendo al Primer Centenario de la Royal Society y al XI Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada celebrado en Londres. En las postrimerías de este año, la Dirección General de Enseñanzas Medias le encomendó representar a España en Japón como Delegada de la Sección de Intercambios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Finalizado lo cual, impartió conferencias aquende y allende y coordinó el intercambio de publicaciones entre el CSIC y las universidades y centros de alta investigación japoneses; el periplo japonés continuó otros dos años.

    En verano de 1953 asistió al XIII Congreso Internacional de Química Pura celebrado en las ciudades suecas de Estocolmo y Upsala; y a principios de otoño cumplió recorrido de investigación por diversos Estados europeos Europa por motivos de investigación, asistiendo, de paso, a la reunión del Comité Internacional de Termodinámica y Cinética Electroquímicas celebrado por esas fechas en Viena.

 

La faceta docente, que es asimismo de divulgación científica, de Jenara Arnal abunda en su ambición pedagógica por dar a conocer las Ciencias Naturales, la Física y la Química mediante clases y escritos, además traduciendo obras de reputados autores como La historia de la Química de Hugo Bauer.

    Entre sus trabajos:

The electrometric Titration of Hypochlorite and Hypochlorite Carbonate Mixtures (1930).

Estudio potenciométrico del ácido hipocloroso y de sus sales (I) y Estudio potenciométrico del ácido hipocloroso y de sus sales (Conclusión) de 1930 ambos.

Con Antonio Rius Miró y Ángela García de la Puerta: La oxidación electrolítica de los cloratos (1930).

Con Antonio Rius Miró: Estudio del potencial del electrodo de cloro y sus aplicaciones al análisis (1933) y La oxidación electrolítica (1935).

Misiones pedagógicas: teatro y danza en Japón (1953).

Física y Química de la vida diaria (1954 y 1959).

Los primeros pasos en el laboratorio de Física y Química (1956).

Química en Acción (1959).

Con Inés García Escalera: Lecciones de cosas (1958) y El mundo del saber (ciencias y letras) en 1968 y 1970.

 

 

Artículos complementarios

    Margarita Salas

    Ángel del Campo

    Enrique Moles

    Miguel Catalán Sañudo

    Esteban Terradas

    Ángela Ruiz Robles

Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional. Cosme Damián Churruca

“Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”

 

Patriota con ejemplo diario, eminente cartógrafo y matemático, intrépido explorador, brillante y heroico militar integrado en la oficialidad de la Armada Española denominada “de los científicos” y comandante de la Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional, Cosme Damián Churruca y Elorza, natural de la Guipuzcoana villa de Motrico, nació en 1761. Su ardua labor en los ámbitos de la navegación exploradora y el estudio científico contribuyó al avance de las nuevas ciencias y técnicas de la Marina nacional, revitalizada con el impulso de los ilustres José Patiño y Rosales y Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada.

    Salido de su villa natal con vocación marinera, primero fue a cursar humanidades (estudios de bachillerato) en el seminario de Burgos, ingresando en 1776, con quince años de edad, en la Academia de Guardiamarinas en Cádiz; dos años después finalizó su carrera en El Ferrol con el despacho de alférez de fragata.

    Una vez licenciado, actuó embarcado a bordo del navío San Vicente y la fragata Santa Bárbara contra los británicos en varias campañas, la postrera en esa época en el asedio de Gibraltar entre 1779 y 1783, a las órdenes del general Martín Álvarez de Sotomayor, con los reputados marinos Juan de Lángara, Luis de Córdova y Antonio Barceló, y junto a Federico de Gravina, con quien alcanzaría honores en Trafalgar. Acto seguido, habiendo cumplido con lo que se le encomendaba, solicitó y obtuvo plaza en el curso de estudios sublimes en El Ferrol, de reciente creación, destinado a los oficiales con mejores dotes cuyo objetivo era el de conseguir una Marina óptima para la defensa de los territorios nacionales, el aseguramiento de las rutas comerciales para el comercio ultramarino y el envío de expediciones científicas de buen provecho. En esta etapa amplió sus conocimientos de matemáticas, física y astronomía, presentando a la imprenta un trabajo que resultaría de los más considerados de su producción: Instrucciones sobre puntería para los bajeles del rey.

    Infatigable en la observación astronómica, dedicando gran interés práctico a la medición de los astros, fuente primordial para la correcta navegación, dio entusiásticamente en participar en distintas empresas militares y no menos fervoroso en la colaboración con instituciones de la Marina queriendo revertir su evidente decadencia.

    La misión inaugural de Churruca lo llevó al Estrecho de Magallanes (Estrecho de la Madre de Dios, en tiempos de Pedro Sarmiento de Gamboa), zona de interés geoestratégico y comercial pese a su intrincado acceso y frecuentes inclemencias, para completar su cartografía y las especiales características de sus fieras aguas; el diario de navegación fue publicado en 1793 como apéndice a la edición de Fernando de Magallanes, y también dio a conocer su Relación sobre la Tierra de Fuego, elaborando a la par multitud de mapas y estudios de la inhóspita región. Con Churruca embarcó su compañero del curso de estudios superiores Ciriaco Ceballos, ambos encargados prioritariamente de las tareas astronómicas y geográficas. Superadas a duras penas las múltiples dificultades, los resultados del viaje sobre las circunstancias de la navegación en aquellas remotas latitudes: corrientes marinas, fuerza de los vientos, altura y frecuencia de las olas, impacto de las mareas, sirvieron para establecer un paso más seguro y definitivo entre los océanos Atlántico y pacífico y para demostrar la solvencia de la ciencia hidrográfica española en manos, cabeza y espíritu de los muy bien formados marinos.

Churruca 1

Cosme Damián Churruca

Imagen de foros.todoavante.es

 

Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional

De vuelta a España fue incorporado al equipo del Observatorio de Marina de Cádiz, y al poco fue nombrado comandante de la ambiciosa expedición al Caribe y América del Norte con el propósito de perfeccionar las cartografías existentes. Se le denominó Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional, siendo en realidad dos expediciones en una, mandadas por Churruca y Joaquín Francisco Fidalgo, con los navíos Descubridor y Vigilante, que zarpó en 1791. La expedición debía recorrer las Antillas Menores, o Pequeñas Antillas (en poder de otros Estados), para comprobar su extensión individual y conjunta, los canales de separación entre ellas y las posiciones astronómicas. No pudo desarrollarse según el plan previsto, pues debían reconocerse también las costas de Cuba y el canal de las Bahamas y después explorar la costa norte del Seno Mexicano desde la desembocadura del río Mississippi a los litorales de Luisiana y Florida. No fue posible. Arribados a la isla de Tobago pusieron proa a Puerto España, capital de la isla de Trinidad, estableciendo aquí el meridiano de referencia para todas las mediciones.

    Churruca y Fidalgo elaboraron una nueva carta náutica en sustitución de la Carta de Trinidad levantada por Cayetano Llorente: ambos marinos se repartieron la cartografía del litoral de Trinidad, incluidos los bajíos y los escollos dificultando la navegación, las poblaciones a la vista y la averiguación de la longitud y latitud.

    La expedición continuó sus observaciones en la vecina isla de Tobago y las islas inglesas de Granada, Granadinas y San Vicente, no pudiendo visitar las de dominación francesa por hallarse en poder de los revolucionarios.

    Se dirigieron a Puerto Rico para reponer fuerzas y encontrar reemplazo a los hombres enfermos y exhaustos tras la penosa navegación de los meses precedentes. Una tarea impedida en gran parte por la situación bélica imperante y la llegada del invierno: circunstancias que pese a lo desfavorable sirvieron, aprovechando el tiempo, para elaborar el plano del puerto de San Juan y desde esta base recorrer las aledañas islas Vírgenes.

    Ante la persistencia de la situación de peligro en el Caribe y a bordo de unos barcos escasamente preparados para llevar a cabo los trabajos científicos y a la par defenderse de posibles ataques, Churruca decidió regresar a Puerto España en Trinidad navegando el exterior de las Pequeñas Antillas, observándolos a medida que por ellas pasaban: San Eustaquio, San Bartolomé, San Cristóbal, Nieves, Montserrat, Dominica y Martinica. Una vez en Trinidad, centro activo de estudios náuticos por aquel entonces de investigación, ordenaron los resultados y en agosto de 1794 recibieron la orden de volver a España para relevar la tripulación; habían transcurrido tres años y cuatro meses desde la partida.

    Tiempo después, Churuca lamentaba y denunció que debido a los cambios políticos se olvidasen sus trabajos sobre unas costas más conocidas por las demás naciones que por la española, declarada no obstante la pretensión de conservarlas. Finalmente, entre 1802 y 1811, varias cartas esféricas y geométricas vieron la luz, entre ellas una de las Antillas y otras de la isla de Puerto Rico, titulada genéricamente Carta esférica de las Antillas y la particular geometría de Puerto Rico, fechada en 1802. Toda la documentación conseguida durante la travesía acrecentó la fama de los resultados científicos de la Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional.

Churruca 3

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Cumplía treinta y dos años Churruca en 1793 con los méritos contraídos en la tarea científica, y en premio, pese a su juventud para ello, se le otorgó el mando del buque Conquistador; a sus dotes innatas como jefe se unían las de marino práctico.

    En 1795 fue comisionado para visitar en París lugares donde se desarrollaba su especialidad, amén de ampliar sus conocimientos científicos en beneficio de España; en la capital francesa recibió un trato atento y distinguido, al extremo que en esa fecha el primer cónsul, Napoleón, le hizo entrega de un sable de honor.

    Un merecido periodo de reposo en su localidad natal, dio paso a la incorporación a las armas en 1803, esta vez al mando del navío Príncipe de Asturias; y pasados dos años fue de su responsabilidad el navío San Juan Nepumoceno, del que se ocupó también del armamento y la puesta a punto, y donde falleció, con los entorchados de Brigadier de la Real Armada Española, el 21 de octubre de 1805 en glorioso acto de servicio.

El sacrificio de la gran flota española en Trafalgar es el resultado de la alianza lamentable con la Francia napoleónica, juntas las dos Armadas bajo el incompetente y cobarde mando del almirante Pierre Villeneuve, de infausta memoria.

    Los españoles contaban con magníficos barcos, entre ellos el de mayor tamaño existente, el navío Santísima Trinidad, y unos marinos excepcionales como Federico de Gravina (que perdió un brazo, de cuya resulta murió a los pocos meses), Dionisio Alcalá Galiano (acribillado y decapitado en su puesto de mando por descargas y proyectiles), Francisco Alcedo y Bustamante (destrozado por una bala de cañón) y el propio Cosme Damián Churruca. Éste contemplaba abatido las disposiciones del almirante francés, sobre las que expresó lo siguiente: “Nuestra vanguardia será aislada del cuerpo principal y nuestra retaguardia se verá abrumada. La mitad de la línea estará obligada a permanecer inactiva. El almirante francés no lo entiende. Sólo ha de actuar con osadía, sólo ha de ordenar que los barcos de la vanguardia viren de nuevo a sotavento y se sitúen detrás de la escuadra de retaguardia. Eso colocaría al enemigo entre dos fuegos. ¡Estamos perdidos!” De manera premonitoria, triste y realista, declaró a su genbte que “Antes de rendir mi navío lo he de volar o echar a pique”; y a su entrañable hermano político José Juan Ruiz de Apodaca y Eliza (que rescataría cuanto pudo de la derrota en Trafalgar y llegó a ser Comandante general de la escuadra del Océano, embajador en Londres, capitán general de Cuba y las dos Floridas, virrey de Nueva España (1816-1821) y capitán general de la Armada): “Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”.

    El navío de Churruca fue rodeado y cañoneado por seis ingleses en el transcurso de la desigual batalla. Acudía presto a donde mayor riesgo se corría para infundir el valor que a los españoles no faltaba y luchar como el primero supliendo las bajas continuas, hasta que recibió el impacto de una bala de cañón que le amputó la pierna. “No es nada, siga el fuego”, animó escapándosele la vida; aún pudo disponer en su agonía que no se rindiera el navío mientras él estuviera vivo. Por su parte, Villeneuve, en consonancia con su actitud previa, se dejó hacer prisionero; aunque acabó suicidándose.

Churruca 2.

Cosme Damián Churruca

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Artículos complementarios

    Vicente Tofiño de San Miguel

    Dionisio Alcalá Galiano

    Federico de Gravina

    Antonio de Ulloa y Jorge Juan

    Los primeros observatorios españoles

    Juan de la Cosa

Escuela Universalista Española. Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno

 

Creación del comparatismo moderno

(estudio comparado de ciencias y letras)

 

La Escuela Universalista Española traza, crea y asienta una decisiva corriente intelectual y científica de tradición humanística en el siglo XVIII, calificado de las luces, adaptada a los tiempos y con base empírica.

    Sus principales artífices son los jesuitas Juan Andrés y Morell, nacido en la localidad alicantina de Planes el año 1740, autor de la primera historia universal de las letras y las ciencias titulada Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, escrita entre 1782 y 1799; Lorenzo Hervás y Panduro, nacido en la conquense localidad de Horcajo de Santiago el año 1735, polígrafo, lingüista y filólogo, que estableció las bases de la lingüística universal y comparada en su obra Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, escrita de 1785 a 1805; y Antonio Eximeno y Pujades, nacido en Valencia el año 1729, ideólogo de una musicología universalista fundada en el concepto de expresión, que formula en su obra de 1794 Del Origen y reglas de la Música. Estos tres máximos representantes del humanismo cristiano elaboran la teoría comparatista. Junto a ellos aparecen activamente los científicos naturalistas y botánicos Francisco Javier Clavijero, José Celestino Mutis y Antonio José Cavanilles y un grupo ilustre de personalidades representativas de ámbitos diversos y complementarios en los campos de las humanidades y las ciencias.

    Humanistas, autores científicos, lingüistas, bibliógrafos y traductores, musicólogos, incipientes maestros de la sociología y la etnografía, meteorólogos y físicos, arqueólogos, juristas, inventores y estudiosos de la historia, todos ellos impulsando y ejerciendo este movimiento en la segunda mitad del siglo XVIII, constituyeron una docta comunidad de ciencia y pensamiento que consigue la creación de la ciencia humanística universal.

    De la Escuela Universalista, esencialmente hispana y de concepción universal, pero también, a causa de la expulsión de los jesuitas, desarrollada en la península itálica por los españoles allí residentes, nació el estudio comparado de disciplinas humanistas y científicas, la Comparatística moderna, término acuñado al efecto que implica un todo en sus partes, lo que proyecta una visión de conjunto, global, del mundo por medio de un procedimiento de carácter epistemológico e histórico que edifica sólidamente un argumento a futuro entonces, presente hoy. Del estudio conjunto de Juan Andrés y Lorenzo Hervás, surgió la reformulación del lenguaje de los sordomudos o lengua de signos, cuyo origen hay que situarlo en el siglo XVI y en la persona del leonés benedictino fray Pedro Ponce de León, precursor de este lenguaje.

 

El ideario de la Escuela Universalista Española propugna la integración del empirismo con el humanismo clásico y formula una comprensión de la Ilustración Universalista española, cristiana, humanística, científica e historiográfica, metodológicamente comparatista, y establece la clasificación de las ciencias, la universalidad de temas y la estética de la expresión analizando la opción clasificatoria universalista de las disciplinas científicas, la tradición humanista y el concepto de expresión, comparado con la ilustrada francesa.

 

La Escuela Universalista Española del siglo XVIII constituye no sólo una fundamentación teórica de su objeto sino una completa propedéutica (enseñanza preparatoria para el estudio de una disciplina) para el estudio del mismo. Es una gran tradición ilustrada española o, mejor dicho, hispánica, o incluso hispano-italiana; una Ilustración humanística e historicista, científica empirista y no política, alternativa sobre todo a la agasajada propuesta ilustrada enciclopedista, a la que metódicamente fue rebatiendo autoridad y sabiduría.

 

 

Artículos complementarios

    El lenguaje de signos

    Expedición científica a la América Meridional

    Real Expedición Botánica de Nueva Granada

    Crítica racionalista

    Liberalismo. Escuela Española

    Escuela de Salamanca

    Lo que el mundo debe a España

El lenguaje de signos. Pedro Ponce de León

 

El monje benedictino Pedro Ponce de León es el precursor del lenguaje de signos para los sordomudos y el primer maestro de su método.

    Natural de la leonesa villa de Sahagún, puede que su nacimiento se sitúe en 1513. Lo que se sabe fehacientemente es que aparece en la crónica del médico del rey Felipe II, Francisco Valles de Covarrubias, titulada De iis scripta sun physice in libris sacris, sive de sacra Philosophia liber singularis, con fecha de publicación el año 1587, como creador de un lenguaje de signos, y en la escrita por el cronista de la Orden benedictina fray Juan de Castañiza, coetáneo de Pedro Ponce de León, que lleva por título Historia de San Benito, donde menciona la obra de fray Pedro y los discípulos que tuvo.

    Pedro Ponce de León tomó el hábito benedictino en el monasterio de Sahagún en 1526, y allí permaneció varios años hasta su traslado al monasterio burgalés de San Salvador de Oña. Es su condición monacal, que obliga a la comunicación por signos entre los monjes durante los momentos de vida silenciosa, la que orientará a fray Pedro en la idea de un lenguaje específico para los sordomudos, con el que ellos pudieran comprender el mundo y el mundo relacionarse con ellos.

    En 1545, fray pedro recibió el encargo de educar a los hijos mudos del marqués de Berlanga, Juan de Velasco, Francisco y Pedro de Tovar, de doce y nueve años de edad respectivamente; aunque antes de esta docencia llevó a cabo una experiencia fructífera con su hermano de orden Gaspar de Burgos, que le valió fama.

    El método de fray Pedro fue perfeccionado por el pedagogo Manuel Ramírez de Carrión y divulgado por el también pedagogo Juan de Pablo Bonet, autor del tratado Reducción de la letras y arte para enseñar a hablar a los mudos, primero al respecto.

 

Pedro Ponce

Monumento a Pedro Ponce de León en el monasterio de San Salvador de Oña

Imagen de edadesdelhombre2012.blogspot.com

 

En 1584 fallecía Pedro Ponce de León, fray Pedro. Su memoria continúa viva en los monumentos de los lugares de España que lo recuerdan, entre los que destacan su localidad natal, Madrid y Valencia, en el que reza, a petición de la Sociedad de Sordomudos, la siguiente inscripción: “La Asociación valenciana de sordomudos al ilustre benedictino español fray Pedro Ponce de León (1520-1584) inventor del método oral puro para la enseñanza del sordomudo”. Numerosos centros e instituciones educativas de carácter especial en todo el mundo homenajean a fray Pedro luciendo su nombre.

 

 

Artículos complementarios

    Francisco Valles

    Escuela Universalista Española

    Ángela Ruiz Robles