El botánico Antonio José de Cavanilles

Precursor del aprovechamiento ordenado

y eficiente de los recursos naturales

 

El eminente botánico, científico, filósofo y teólogo Antonio José de Cavanilles y Palop, una de las figuras de la ciencia ilustrada española y uno de los autores principales de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, nació en Valencia el año 1745. Su erudición y capacidad de análisis, empleadas en tareas prácticas, fueron internacionalmente reconocidas.

    Ejerciendo la docencia, que también era innato en él, residió en Oviedo, donde se ordenó sacerdote en 1772, antes de establecerse en Madrid y luego en Murcia, como profesor de Filosofía, para retornar a Madrid en calidad de preceptor de los hijos del duque del Infantado. Cuando éste recibió la encomienda de la embajada española en París, el año 1777, Cavanilles lo acompañó, y durante una década permaneció en la capital francesa, enseñando y completando su formación científica; la botánica le atrajo singularmente entones debido a la influencia de Antoine Laurent de Jussieu y André Thouin, maestros del centro botánico más importante de la época: el Jardin du Roi, al que tuvo acceso en todas sus dependencias.

    Finalizado este periplo y una vez en Madrid, Cavanilles recibió el encargo del rey Carlos IV de estudiar amplia y detenidamente la flora española, dedicación iniciada en 1791. Viajó por toda la Península observando, clasificando e inventariando lo que al cabo expuso en el tratado Icones et descriptiones plantarum quae aut sponte in Hispania crescunt, aut in hortis hospitantur (1791-1801); seis volúmenes en los que describe, ilustra y pormenoriza sus investigaciones sobre las especies españolas y aquellas americanas, filipinas y de otras regiones del océano Pacífico, descubiertas y estudiadas en el Real Jardín Botánico de Madrid, procedentes en gran medida de las Expediciones Botánicas al Virreinato del Perú, entre 1777 y 1788, y al Virreinato de Nueva España, entre 1787 y 1803, y de la Expedición Malaspina, entre 1789 y 1794; en total incluye setecientas doce especies conocidas y nuevas producto de su trabajo.

    Al hilo de este prolífico viaje de estudio por la España peninsular, Cavanilles profundizó en otros aspectos complementarios y diferentes de la ciencia botánica en su tierra natal los años 1795 a 1797, que sirvieron de base a innovadores sistemas de producción agrícola, de concreción geográfica en yacimientos arqueológicos y depósitos geológicos, y de técnicas para la hidrología, medicina, cartografía, industrias derivadas de los recursos naturales y materias primas y demografía, publicados bajo el título de Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia. En ellas se erige como un precursor del aprovechamiento ordenado y eficiente de los recursos naturales.

    En el mismo periodo recopiló para la imprenta su Glosario de Botánica, que fue publicado en cuatro idiomas.

Cavanilles 1

Imagen de alicantevivo.org

 

Miembro de la Real Academia de Medicina, Cavanilles es uno de los fundadores, junto al geólogo alemán Christian Herrgen, el químico francés Joseph Louis Proust, ambos trabajando en España, y el químico Domingo García Fernández, de la revista científica Anales de Historia Natural, la primera revista española de Ciencias Naturales publicada en 1799, que cambió su nombre por el de Anales de Ciencias Naturales en 1801, de la que fue asimismo director.

    En 1801 es nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid, cargo que ejercería hasta su muerte en 1804. En sus tres años al frente de la institución, sistematizó y acrecentó los herbarios, alcanzando las doce mil especies, las colecciones de plantas vivas, los semilleros y la biblioteca; además, merced a su prestigio, colegas científicos de la talla de Alexander von Humboldt, Aimé Jacques Bonpland o Carl Ludwig Willdenow, impulsaron la relevancia internacional del Real Jardín Botánico de Madrid; lugar donde se conserva gran parte del legado de Cavanilles.

    De sus discípulos y colaboradores destacan Mariano Lagasca y Segura, nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid en 1815, y Simón de Rojas Clemente y Rubio.

Cavanilles 2

Estatua de Antonio José de Cavanilles en el Real Jardín Botánico de Madrid

Imagen de madrimasd

 

Obras

La primera publicación de Antonio José de Cavanilles fue el año 1784 en una respuesta titulada Observations de M. l’abbé Cavanilles sur l’article Espagne de la Nouvelle Encyclopédie, al enciclopedista francés Nicolas Masson de Morvilliers quien el año 1782 publicó ese artículo en la citada obra minusvalorando la aportación española a la ciencia y la cultura de Europa.

Entre 1785 y 1790 publicó una serie monográfica sobre la clase botánica de las Monadelfas titulada Monadelphiae classis dissertationes decem, donde describe seiscientas cuarenta y tres especies y propone 15 nuevos géneros, punto de partida definitivo para el prestigio internacional de Cavanilles.

Las reseñadas: Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia, de los años 1795 a 1797 e Icones et descriptiones plantarum, quae aut sponte in Hispania crescunt, aut in hortis hospitantur, de los años 1791 a 1801.

Descripción de las plantas que D. Antonio Josef Cavanilles demostró en las lecciones públicas del año 1801, precedida de los principios elementales de la Botánica, obra publicada en 1802.

Géneros y especies de plantas demostradas en las lecciones públicas del año 1802, obra complemento de la anterior publicada en 1803.

 

 

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Fijando la longitud por las distancias lunares (II). Juan de Lángara y Huarte

 

Marino, científico y matemático de la Real Armada, el coruñés Juan de Lángara y Huarte, nacido en 1736, asumió en el siglo XVIII con José de Mazarredo la encomendada responsabilidad de trazar rutas seguras para la navegación española. Era discípulo del ilustre Jorge Juan y Santacilia.

    Entre los años 1755 y 1765 pasó a desempeñar misiones de embarque por las costas de España, África y las Indias occidentales, destacando en cada una como un oficial sobresaliente que dominaba las navegaciones difíciles. Y entre los años 1776 y 1771, sus travesías fueron de ida y vuelta a las islas Filipinas al mando del navío mercante Buen Consejo y de las fragatas de guerra Venus y Rosalía; en estos viajes puso en práctica los últimos adelantos en navegación, ejerciendo a la par de maestro de subordinados.

    Los peligros que amenazaban a los barcos españoles se daban especialmente en el trayecto de España a Filipinas, para abastecer las islas, y el tornaviaje.

    El estrecho de Buena Esperanza, una derrota apenas seguida por los españoles, se estudiaba como alternativa. Pero el problema para establecer fiablemente una ruta marítima era la localización exacta de las embarcaciones en mar abierto en busca de una travesía favorable. Con este problema por resolver, hubo que fomentar la investigación de las distancias lunares como solución.

    Corría el año 1773 cuando al mando de la fragata Venus en viaje a Manila, acompañado por el también oficial de la Armada José de Mazarredo, convinieron en determinar la longitud por la distancia de la Luna a la estrella Aldebarán, en la constelación de Tauro.

    Al año siguiente, Lángara recibió la orden de experimentar con esta medición, compitiendo con franceses y británicos, lo cual llevó a cabo embarcado la fragata Rosalía. Esta expedición científica tenía por objeto poner en práctica en la mar todas las observaciones, métodos y adelantos de las ciencias física y astronómica útiles para la navegación. Acababan de alcanzar esas ciencias un grado de perfeccionamiento del que desconfiaban los marinos exclusivamente prácticos, por lo que durante seis meses navegó Lángara por el océano Atlántico corrigiendo los errores de las cartas náuticas. Con él figuraban en la experimentación y perfeccionamiento de técnicas e instrumentos los ya entonces afamados marinos y científicos José de Mazarredo, Juan José Ruiz de Apodaca, José Varela y Ulloa y Diego de Alvear.

Lángara y Huarte

Juan de Lángara y Huarte

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Principalmente tres fueron las empresas en las Juan de Lángara participó entre 1765 y 1771 destinadas a ese fin. La primera la llevó a cabo en el viaje que realizó de Cádiz a Manila embarcado en el navío Buen Consejo, que partió el 12 de marzo de 1765: tras tocar en las Canarias se dirigieron a Cabo Verde y desde allí a Río de Janeiro, de aquí pusieron rumbo al cabo de Buena Esperanza y llegar a Filipinas por el océano Índico. Lángara comprobó las incertidumbres de la posición del navío en aquellos mares bastante desconocidos para los navegantes españoles. En un segundo viaje, a bordo de la fragata Venus, mandada por Manuel González de Guiral, prosiguió sus investigaciones. En el tercero de los viajes, ya en calidad de comandante de la expedición, partió de Cádiz a finales de 1771 nuevamente en la fragata Venus, pero esta vez pretendiendo la medición de la longitud por medio de las distancias lunares para asegurar la derrota a seguir. Con él iba José de Mazarredo, y ambos conjuntamente elaboraron la estrategia para conseguir un resultado satisfactorio a sus indagaciones astronómicas. Navegando hacia el Este se dirigieron luego al cabo de Buena Esperanza; en junio llegaron a la isla de Java y desde allí pusieron rumbo a Manila. La fragata regresó al puerto de Cádiz el 21 de julio de 1773.

    Con esta nueva ruta, que atravesaba el cabo de Buena Esperanza, se intensificaron los estudios y se introdujeron nuevos avances científicos dirigidos a lograr una segura navegación oceánica.

Su faceta militar también resultó esforzada y completa. En 1776 tomó parte en la conquista de la isla de Santa Catalina, en la costa del Brasil; en 1779 mandaba una división de guerra contra los ataques de los buques ingleses en aguas de las islas Azores.

    Ascendido a Jefe de Escuadra en 1779.

    En 1787 la Armada decidió organizar una escuadra de evoluciones al mando de Lángara, para instruir a los oficiales en el manejo de los buques.

    Mandó la denominada Escuadra del Océano en la guerra contra Francia del año 1793; dos años después, habiendo sido previamente nombrado Comandante principal de Batallones de Marina, recibió el título de Capitán general del departamento de Cádiz; al año siguiente, 1796, fue designado Secretario de Estado y del Despacho Universal de Marina, responsabilidades a las que se sumaron la de Capitán general y Director de la Real Armada y Ministro de Marina. En 1799 obtuvo plaza efectiva en el Consejo de Estado.

 

 

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Fijando la longitud por las distancias lunares (I). José de Mazarredo y Salazar

 

Estudiante aplicado y marino vocacional de gran intuición, José Domingo de Mazarredo y Salazar, nacido en Bilbao el año 1745, fue unánimemente elogiado por sus profesores y superiores en sus épocas de Guardiamarina y de primeras navegaciones. A sus cualidades como marino se unieron las de científico, excelente piloto, hábil maniobrero y el mejor táctico de su tiempo.

    Ya como oficial de la Real Armada española, solicitó embarcar en la fragata Venus, a las órdenes del comandante Juan de Lángara y Huarte, también con su compañero Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, para integrarse en la expedición de Cádiz a Manila del año 1772. Ocasión náutica en que por primera vez se utilizaba el método de las distancias lunares para fijar la longitud.

    Mazarredo recogió las incidencias de la travesía, así como las observaciones de las que era protagonista y de las que fue partícipe, en un exhaustivo diario. Pero la fiabilidad de las mediciones exigía más que la simple, aunque empeñada, observación. Para suplir las carencias, ideó unas tablas que deducían la posición del buque en alta mar mediante la triple medición de la altura de la Luna, de la estrella Aldebarán, en la constelación de Tauro, y la distancia entre estos dos astros. Gracias a su esfuerzo científico se debe mucha de la actividad náutica española del último cuarto del siglo XVIII. Con estos elementos tan válidos para la náutica y la maniobra, descritos por él en los libros: Rudimentos de táctica naval, Colección de tablas para los usos más necesarios de la navegación e Instrucciones y señales, colaboró decisivamente en la formación de los guardiamarinas.

    Dedicado a poner en práctica sus conocimientos, en 1774 fijó la posición exacta de la isla de Trinidad del Sur, frente a las costas de Brasil, adonde llego la fragata Rosalía en la que viajaba como miembro de la expedición, también dirigida por Juan de Lángara, en la que figuraba el astrónomo José Varela y Ulloa.

    Un año después, en 1775, fue requerido como Oficial de Estado Mayor para integrarse en la expedición militar a Argel como ayudante del mayor general de la Escuadra Pedro González de Castejón. Su pasión por aplicar los conocimientos atesorados durante años de investigación lo llevó a determinar en la travesía numerosas longitudes y latitudes de las costas de España y África. Todos los datos recogidos fueron posteriormente utilizados por Vicente Tofiño de San Miguel para la elaboración de su mundialmente famoso Atlas Marítimo de España.

    Por los méritos contraídos en el desempeño naval, Mazarredo fue promovido a brigadier en 1781, y como en anteriores cometidos, formó equipo con su ayudante el capitán de navío Antonio de Escaño. Ambos representaban magníficamente a la Armada.

Mazarredo Salazar

Imagen de valeriaardante.blogspot.com

 

Siendo necesario recopilar todas las Ordenanzas vigentes en la Armada, en 1784 Mazarredo fue escogido para ello. Partió del estudio de los problemas que tal ordenación suponía hasta decidir que sin disposiciones organizadas y vigentes de nada servía una Armada. La obra que presentó fue utilizada como modelo y directriz en otras marinas para la redacción de sus códigos. Avalado nuevamente por el cumplimiento de su tarea, en 1789 ascendió a Teniente general.

    En 1792, tras haber sido ascendido primero a Jefe de Escuadra y luego a Teniente general de la Real Armada, apoyó la organización de la expedición de Cosme Damián Churruca y Joaquín Francisco Fidalgo para elaborar el Atlas hidrográfico de la América Septentrional.

    Pero la actividad de José de Mazarredo no se limitaba al campo de la náutica, aunque los estudios y desarrollos que paralelamente llevó a cabo tuvieran mucho que ver con el mar. Demostraba un gran interés por lograr la fabricación de instrumentos científicos óptimos para sus cometidos, y participaba infatigable como organizador en la formación de constructores españoles, localizando a los candidatos adecuados en la Escuela de Relojería puesto que entonces los cronómetros eran esenciales para determinar la longitud de una posición determinada. Nombrado Capitán general del departamento de Cádiz y terminadas las obras del nuevo Observatorio de Marina en la Isla de León en 1798), ordenó su traslado, creando la sección de efemérides donde se instalaron dos talleres de relojes-cronómetros y uno de instrumentos náuticos.

    A José de Mazarredo se debe el movimiento del anteojo paralelo al plano del aparato en los sextantes.

    La pericia marinera de José de Mazarredo y sus excelentes conocimientos de las corrientes marinas y los fenómenos atmosféricos, fueron siempre proverbiales para los marinos y los buques de la Real Armada. Ningún ramo de la Marina se ocultó a su inteligencia y a su celo.

 

 

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La visión del mayor salto de agua del mundo. Félix Cardona Puig

Los 979 metros de la cascada Salto Ángel

 

El explorador más notable de la Guyana venezolana en el siglo XX es Félix Cardona Puig, nacido en la barcelonesa localidad de Malgrat el año 1903. En 1922 se tituló en la Escuela Náutica de Barcelona y acto seguido viajó alrededor del mundo. Finalizado este amplio periplo, regresó a Barcelona para dirigir la empresa familiar de tejidos, cuya producción también exportaba a lugares como Venezuela.

    Aquí se reunió con su amigo y representante comercial, Joan Mundó Freixas, y atraídos por la exuberancia y novedad de la Guyana venezolana se dedicaron a recorrerla morosamente. Ambos, el mayo de 1927, fueron los primeros europeos en contemplar la mayor cascada del mundo, posteriormente bautizada como Salto Ángel, conocida en lengua pemón como Kerepakupai Vena, de 979 metros de altura en un paraje recóndito y frecuentemente disipado por las nubes. El salto de agua brota de la cima del monte llamado Churun Meru por los indígenas pemón, en el macizo de Auyantepuy, en la citada Guyana venezolana. El nombre de Santo Ángel se debe a que, transcurrida una década de su revelación, el 21 de mayo de 1937 el aventurero y piloto Jimmy Angel y Félix Cardona ascendieron a la cima del monte Churun Meru. Cuatro meses después, Angel propuso a Cardona volar hasta la cumbre y en ella aterrizar; pero Cardona se quedó en tierra lo que salvó la vida de Angel tras el accidente sufrido en la maniobra de posarse ya que organizó y participó del rescate. Sin embargo, este accidente aseguró la gloria al piloto concediéndole su apellido al gran salto de agua.

 

Cardona

Félix Cardona Puig

Imagen de exploravenezuela.blogspot.com

 

Prendado con la maravilla natural, Félix Cardona dedicó su vida a explorar la inmensa y sorprendente selva, describiendo sus peculiaridades y tesoros. Entre otras actividades de carácter privado, desde octubre de 1928 y hasta enero de 1930 ejerció como guía en la Compañía Venezolana de Límites por los ríos Orinoco, Casiquiare y Negro hasta la Piedra del Cocuy; en 1937 se integró en la expedición del Museo de Historia Natural de Nueva York que investigaba la fauna ornitológica del Auyantepuy; entre 1938 y 1939 participó en la localización del río Oirá, fronterizo con Colombia. Y a partir de entonces cartografió el Amazonas venezolano, rectificó errores geográficos, recolectó plantas cuando fue nombrado explorador botánico de la Dirección de Fronteras del Ministerio de Relaciones Internacionales y colaboró en la búsqueda de las fuentes del Orinoco. Casi treinta especies vegetales y animales, en su momento nuevas para la ciencia, fueron bautizadas con su apellido. Además, descubrió y cartografió cerca de una treintena de ríos, entre ellos el Paragua, Nula, Cuyuní, Icabarú, Carrao, Urimán, Tirica, Carapo, Padamo y Antabare; a la vez que rectificaba los errores en las cartografías de los ríos Alto Caroní, La Paragua, Cuyuní, Caura, Merevari, Erebato, Alto Orinoco, Siapa, Casiquiare, Río Negro, Sarare, Nula y Oirá.

    Sus aportaciones han configurado el mapa de América a escala 1:1.000.000 todavía en uso.

 

 

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El marino, científico y explorador Dionisio Alcalá Galiano

Campañas hidrográficas en los océanos Atlántico y Pacífico y el mar Mediterráneo

 

Marino de la Real Armada, científico y explorador, Dionisio Alcalá Galiano nació en Cabra, provincia de Córdoba, en 1760. Es uno de los más cualificados marinos científicos de la Ilustración española. Inició su formación científica a edad temprana y en la mar a las órdenes de Vicente Tofiño, participando en los importantes levantamientos cartográficos de las costas de España necesarios para el proyecto del Atlas marítimo.

    Guardiamarina con tan solo dieciséis años, en 1776 embarcó en la fragata Júpiter y un año después participaba en las campañas de Brasil y el Río de la Plata; la primera contra los portugueses con la escuadra del marqués de Casa Tilly y un cuerpo de desembarco a las órdenes del general Pedro Cevallos, conquistando la isla de Santa Catalina en aguas brasileñas; la segunda, en Montevideo, bloqueando y rindiendo la colonia del Sacramento, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata.

    Durante el proyecto del Atlas marítimo formó parte de la tripulación de la fragata Lucía y colaboró en los trabajos desarrollados en Algeciras y el Mediterráneo entre 1784 y 1785.

    Ya cualificado científicamente, el joven teniente de fragata inició su andadura como cartógrafo y astrónomo en la fragata Nuestra Señora de la Cabeza que, al mando de Antonio de Córdova, llevó a cabo una importante campaña hidrográfica en el estrecho de Magallanes entre 1785 y 1786.

   Alcalá Galiano 1

Dionisio Alcalá Galiano

Imagen de conpolvoradelrey.blogspot.com

 

Ascendido a teniente de navío, de nuevo a las órdenes de Tofiño, junto con el personal del Observatorio de Marina, continuaron los levantamientos de las costas de Asturias y Vizcaya a lo largo del año 1788, elaborando unas detalladas cartas náuticas. De esta época es también la corrección de la carta de las Azores llevada a cabo por Vicente Tofiño con la fragata Santa Perpetua y los bergantines Vivo y Natalia, éste mandado por Alcalá Galiano. Esta importante formación científico-práctica condicionó la presencia de Alcalá Galiano como oficial astrónomo en la más importante expedición científica española por mar de la Ilustración: la Expedición Mundial, con importantes finalidades políticas y científicas, comandada por Alejandro Malaspina y José Bustamante y Guerra.

    La expedición partió de Cádiz el 30 de julio de 1789 y recorrió toda América, de Montevideo a Alaska, los archipiélagos del Pacífico, Vavao, Carolinas, Marianas, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. En este colosal viaje ilustrado, el protagonismo de Alcalá Galiano es incuestionable, ya que su sólida formación científica junto a Tofiño y su familiaridad en el uso de modernos instrumentos de observación astronómica, dieron gran relevancia a sus trabajos, como acredita la abundantísima documentación conservada en el Archivo del Museo Naval de Madrid. Fue sin duda una figura clave en el desarrollo del ambicioso proyecto científico del viaje: volver a cartografiar la totalidad de las costas americanas y levantar mapas fiables del inmenso Pacífico, nuevamente clave en la estrategia política de los grandes imperios marítimos mundiales.

    Principal oficial astrónomo de la expedición, embarcado en la corbeta Atrevida, recorrió entre 1789 y abril de 1791, cuando recaló por segunda vez en Acapulco, la totalidad de las costas americanas, realizando observaciones de gran relevancia en Montevideo, Puerto Deseado, Puerto Egmont (Malvinas), Puerto Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Coquimbo, Arica, Callao, Guayaquil, Puerto Pericó, San Blas y Acapulco. En México fue comisionado por Malaspina para reordenar todos los materiales astronómicos del viaje y realizó importantes mediciones, de modo que permaneció en su comisión hasta el retorno de la Atrevida al puerto de Acapulco procedente de la costa noroeste., en fecha octubre de 1791.

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Imagen de ancienhistories.blogspot.com

 

Nuevas órdenes de la Corona recibidas durante esta campaña dieron lugar a un nuevo y prolijo reconocimiento de la costa septentrional de América, en busca del ansiado y estratégico Paso del Noroeste, citado por Ferrer Maldonado siglos atrás; Malaspina comisionó para esta misión a dos de sus más valiosos oficiales: Alcalá Galiano, al mando de la goleta Sutil y Cayetano Valdés, al mando de la goleta Mexicana, mientras el resto de la expedición continuó sus navegaciones hacia las Filipinas y el Pacífico sur.

    El 8 de marzo de 1792 salieron ambas goletas hacia Nutka, donde permanecieron entre el 13 de mayo y el 5 de junio. En la bahía de Núñez Gaona, Alcalá Galiano determinó la longitud y levantó un plano del puerto; realizó idéntica labor en el estrecho de Juan de Fuca a lo largo del mes de junio, Nutka y las costas de la actual Vancouver, ensenada del Engaño y Puerto Cepeda. En la cala del Descanso permaneció con sus hombres hasta el 19 de junio sin haber localizado el deseado Paso del Noroeste. Estos días ocurrió el encuentro con el célebre marino y explorador británico Vancouver, con quien navegó hasta el canal de Lewis; continuando luego, junto a Valdés, los reconocimientos del laberinto de canales de la tierra firme de la actual Columbia Británica sin obtener resultado alguno. Testigo de aquellas derrotas es la isla que descubrió, Galiano island actualmente, situada entre la Isla de Vancouver y la costa pacífica de la Columbia Británica, en Canadá. Por fin el 23 de agosto las goletas regresaron al Pacífico levantando diversos puertos hasta su recalada en Nutka el 1 de septiembre, concluyendo que no existía paso alguno hacia el Atlántico en el estrecho de Fuca. En noviembre de 1792 volvieron a Acapulco.

    Estos reconocimientos, además de importantísimos para la geoestrategia de la época, alcanzaron gran difusión al lograr su publicación presentándolos a la corte como expedición separada y no dimanada de la proscrita de Malaspina, cuyos espléndidos resultados permanecieron inéditos hasta mucho después. Según informa y demuestra en la Memoria de sus observaciones de longitud y latitud publicada en 1796, es el inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar de un astro a cualquier distancia del meridiano. Tras su retorno a Cádiz, Alcalá Galiano llevó a cabo su última campaña científica entre diciembre de 1802 y octubre de 1803, en la fragata Soledad, con la que realizó una extensa campaña hidrográfica por el Mediterráneo hasta Constantinopla.

    La postrera de Alcalá Galiano cumplió satisfactoriamente con la encomienda fijada. A bordo de la fragata Soledad, recibió la orden de dirigirse a los mares de Grecia y Turquía para levantar las cartas del Mediterráneo Oriental, hasta la fecha harto deficientes. Marcó y situó astronómicamente todas las islas e islotes de aquella zona y prosiguió navegación hasta Buyukderé, provincia de Estambul, y la embocadura del mar Negro. Su persona recogió el aprecio y la distinción de cuantas autoridades tuvieron noticia de la campaña, de Atenas a Constantinopla, y en el resto de puertos mediterráneos visitados. Ya en España elaboró las cartas náuticas encomendadas, recibiendo la felicitación máxima por su acertado desempeño.

    Poco después, al mando del navío Bahama murió heroicamente en el combate de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, igual que otro ilustre científico, marino, patriota y compañero, Cosme Damián Churruca, además de otros valiosos y valientes oficiales que fueron víctimas de la incompetencia del aliado francés.

 

 

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