Las veintiuna heridas de Antonio Chover Sánchez. Batalla de Talavera de la Reina

Hubo un soldado español en la Guerra de la Independencia que tras recibir, nada menos, que veintiuna heridas de gravedad en la batalla de Talavera, suficientes para morir varias veces, en su estado y a pie llegó hasta Sevilla y pudo recuperarse.

 

La batalla de Talavera de la Reina

Napoleón había fracasado en su intento de ocupar militarmente Portugal, mediante acciones combinadas desde el Norte y el Sur efectuadas por los mariscales Soult, conde de Dalmacia, y Victor, conde de Belluno; el plan concebido por Napoleón contaba con el asesoramiento de su hermano José (el impuesto rey José I) a su vez aconsejado por su jefe de Estado Mayor el mariscal Jourdan. El fracaso se produjo en la localidad toledana de Talavera de la Reina.

    La batalla de Talavera enfrentó al ejército francés del mariscal Victor y al español del Capitán general Gregorio García de la Cuesta, jefe del Ejército de Extremadura, apoyado por el cuerpo expedicionario del general Wellesley, duque de Wellington.

    En vista a coordinar las operaciones que debían expulsar a los franceses de la zona comprendida entre Mérida y Medellín, el 10 de julio de 1809 se reunieron en la localidad cacereña de Casas del Puerto de Miravete (cuartel general del ejército español) los generales Cuesta y Wellesley, acordando un ambicioso plan que de tener éxito liberaría Madrid de la invasión napoleónica; este plan incluía la participación del Ejército de Andalucía mandado por el general Venegas. Era preciso actuar con rapidez para evitar que las tropas del mariscal Soult, estacionadas en Galicia, hicieran acto de presencia. Las tropas francesas en todo el sector estaban mandadas por el mariscal Victor, que advirtió las intenciones de su enemigo ordenando el repliegue escalonado hacia Talavera de la Reina.

    El día 20 llegaba a La Calzada la tropa del general Cuesta y a Oropesa la del general Wellesley, situándose ambas en línea de asalto sobre Talavera.

    El plan de acción aplicado en la batalla corresponde al general Cuesta (el anciano Capitán general Cuesta), quien lo presentó a su aliado Wellesley (Wellington), cuyo injustificable retraso de tres semanas en la localidad portuguesa de Abrantes permitió a las fuerzas de los mariscales Soult, Ney y Sebastiani tomar posiciones ventajosas en los alrededores de Talavera de la Reina.

    Napoleón dio el mando de su ejército al mariscal Soult, siendo la principal orden a cumplir la expulsión de los ingleses de España.

    Por parte aliada, el general Cuesta actuó en la batalla con gran decisión y valor a pesar de su ancianidad, mientras Wellesley se mostró en exceso reticente y quejoso.

    La batalla tuvo lugar los días 27 y 28 de julio de 1809, entre la sierra de Segurilla, al Norte, hasta Talavera y el río Tajo, al Sur, y toda la zona al oeste de la villa; las tropas españolas y británicas (mayormente inglesas) formaron una línea de cuatro kilómetros desde el río Tajo a Cerro Medellín, donde quedó establecido el contingente de Wellesley; las tropas francesas ocupaban la zona este; y el arroyo de la Portiña separaba a los contendientes.

    El bando francés celebró un consejo de guerra, presidido por José I, integrado por los mariscales Jourdan, Ney, Victor, Sebastiani, Lapisse y Laval (estos tres, condes y barones del Imperio), acordando un ataque en toda regla. Fueron varios los ataques franceses en su iniciativa bélica, aunque todos ellos infructuosos por las inmediatas y firmes réplicas.

    Las ofensivas fueron recíprocas y violentas, sufriendo los dos ejércitos pérdidas muy considerables; aunque los movimientos estratégicos y las operaciones durante esos dos días no lograron fijar un vencedor aplastante, dado el equilibrio y la nula perspectiva de modificarlo en favor de uno u otro, salvo la temida por los franceses llegada de la División del general Venegas que, de producirse, decantaría la balanza del lado aliado. Así pues, y con miles de muertos entre los ríos Alberche y Tajo, antes de que los refuerzos de Venegas, que se demoraban, hicieran acto de presencia, los franceses optaron por la retirada.

 

Las veintiuna heridas del bravo Antonio Chover Sánchez

El alférez Antonio Chover Sánchez era un valenciano de Játiva, nacido en 1795. A los diecinueve años sentó plaza en el Arma de Caballería como soldado. El 4 de mayo de 1808 fue ascendido a cabo segundo; luego a sargento y el 26 de julio de 1809, víspera de la batalla de Talavera, al empleo de alférez. Ese día, del pueblo toledano de Cebolla salieron en descubierta por la calzada de Torrijos a Talavera diez jinetes del Regimiento de Húsares Reales de Granada, creado en 1808, al mando del joven alférez Chover.

    En tarea de vigilancia y control de caminos, Antonio Chover avistó a un ayudante de campo francés montado y al trote. Yendo a por él en su caballo y pistola en ristre, que falla en su encendido, el oficial francés repelió al español desenvainando el sable y propinándole un sablazo que le partió la oreja izquierda. Desmontado y sangrante, Chover desafió al francés en tierra, cosa que éste ignoró arremetiendo con otro sablazo que le partió el omóplato izquierdo. No obstante las dos heridas, el español insertó su sable en el costado derecho del francés atravesándole el cuerpo. Continuaron luchando, el uno montado y el otro a pie, hasta que Chover, con toda su fuerza en ristre, venció su resistencia y lo dejó inerme y colgado de uno de los estribos. Entonces, y aún ignorante de lo que se le venía encima por el fragor de su batalla, quedó rodeado por un destacamento francés dirigido por el mariscal Victor. A él se dirigió publicando la hazaña de haber muerto al oficial francés en un lance de guerra, y exigiendo el trato debido a un prisionero. El silencio del mariscal, quizá dubitativo, fue roto por una traicionera estocada por la espalda que asomó por el estómago del indefenso alférez español. Encarado con quienes, desde el reverso, le habían así herido, recibió como satisfacción otra estocada en el vientre que también le atravesó el cuerpo. Yacente en la tierra que regaba su sangre, sufrió la acometida de un cuarteto salvaje que le asestó nada menos que quince sablazos con sus respectivas heridas invalidantes. Y en apariencia muerto quedó allí tendido y despreciado.

    Vivo a pesar del sañudo castigo, Chover fue hallado en su estado lamentable por otro herido español el día 27, un sargento del Regimiento de Dragones de Lusitania: la cabeza abierta y sangrando copiosamente, amputados los dedos de la mano izquierda; y muerto su caballo por las heridas que también a él causó la batalla de Talavera. El casi agonizante Chover había hecho señas al caminante para que le prestara auxilio en aquel trance penoso. Al desaliñado alférez lo cubría solamente la camisa, su cabeza presentaba dos anchas cuchilladas que le dividían el cráneo; otra, ya citada, le había seccionado la oreja izquierda; su omóplato izquierdo estaba materialmente partido; atravesado el antebrazo derecho; la espalda, apoyada en el suelo, mostraba seis estocadas de las que se consideran mortales por la ciencia médica, además de otra que le perforaba el estómago y otra que, en sentido inverso, le penetraba por el vientre y le salía por la espalda; por si el cuadro en el abdomen, torso y cabeza, careciera del suficiente dramatismo, el muslo y la pierna derecha, a juego, estaban perforados; y para rematar la obra el tobillo derecho evidenciaba un impacto de bala.

    Ambos significados como un ecce homo por duplicado, apoyándose mutuamente, emprendieron camino a Cebolla para, de conseguir llegar, intentar recomponerse. Pero el pueblo ha sido tomado por los franceses y perseguidos por las risotadas de los soldados ocupantes van a refugiarse en una casucha abandonada a las afueras, en la que hay una vasija de agua y un colchón. Chover quiso investigar si en otra casucha próxima podía haber mayor alimento, comodidad y protección, pero falto de fuerzas cayó ante la puerta permaneciendo en esa postura la noche entera.

    Por fortuna, al amanecer del día 28, los franceses se marchan presurosos de Cebolla. Ocasión para regresar al primer cobijo donde encuentra a su compañero fallecido y devorado por gusanos. Esta visión le da fuerzas y corre, por así decir, hasta que de nuevo a la entrada de la casa donde quedó yacente se observa el cuerpo advirtiendo febrilmente el revuelo de gusanos devoradores. Lo que vio fue un pedazo de intestino emergiendo al exterior por uno de los tantos boquetes de sus heridas. En eso, con más miedo a cuestas que curiosidad, un muchacho lugareño se acercó y Chover, aprovechando la presencia, le pidió por ayuda una navaja con la que seccionar al “intruso” que asomaba de su rasgado cuerpo. El muchacho le trajo un cortaplumas y él seccionó aquello terrible que en realidad era una porción de intestino.

    Y siguió vivo, perdiendo, sin embargo, la consciencia.

    Los vecinos acudieron a socorrerlo, pese a no tener siquiera lo imprescindible, y con ellos a su cuidado permaneció en Cebolla cuarenta y tres días, durante los cuales cicatrizaron las heridas con remedios básicos como la sal y el vinagre. Transcurrido este lapso, esquelético y vacilante por su escasa recuperación, con cuatro heridas aún abiertas, Antonio Chover decidió encaminarse a Talavera y desde allí, en interminables y dolorosas jornadas, a Sevilla.

    En la capital hispalense fue atendido con solicitud y experiencia por los médicos, admirados ellos de tamaña resistencia y de tamañas heridas, pudiendo sanarle diecinueve de las veintiuna; con dos no se pudo y permanecieron abiertas y enconadas hasta que falleció en Valencia en 1858.

    Antonio Chover fue ascendido al empleo de teniente y declarado inválido en 1810 y 1811 respectivamente. Vivió unos años en Játiva, al lado del mar, y ya en 1817 solicitó su ingreso en el Estado Mayor de Valencia, siendo aceptado, y donde alcanzó el empleo de teniente coronel.

 

 

Artículos complementarios

    Bando del alcalde de Móstoles

    Las Juntas de Defensa Nacional

    Carácter y dignidad

    La batalla de Bailén

Escuadrilla Elcano. Eduardo González Gallarza, Joaquín Loriga Taboada y Rafael Martínez Esteve

La travesía aérea al confín asiático: vuelo Madrid-Manila

Del 5 de abril al 13 de mayo de 1926

 

El vuelo Madrid-Manila

El 5 de abril de 1926 despegaron del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos con destino a Manila, capital de las islas Filipinas, tres sesquiplanos Breguet XIX GR (Gran Raid). Los aparatos de la Escuadrilla Elcano fueron bautizados con los nombres de insignes navegantes y descubridores: Fernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano y Miguel López de Legazpi, formada la expedición por el capitán piloto Rafael Martínez Esteve que llevaba al soldado mecánico Pedro Mariano Calvo, capitán piloto Eduardo González Gallarza con el cabo mecánico Joaquín Arozamena y el capitán piloto Joaquín Loriga Taboada con e! sargento mecánico Eugenio Pérez Sánchez.

Escuadrilla Elcano 1

Imagen de elciegohistorico.wordpress.com

 

El vuelo contra el Sol al confín asiático del imperio español, describió cuatro etapas bien diferenciadas: el cruce del Mediterráneo hasta el Cairo; sobrevuelo del desierto Arábigo y Oriente Medio hasta Karachi; paso por el golfo Pérsico, Tailandia e Indostán hasta Saigón; y el último tramo que comprendía Indochina, China, cruce del mar de China y Filipinas. En pugna con la climatología, los accidentes geográficos, la fatiga, la incomodidad y las averías.

    Durante la ardua travesía aérea la Escuadrilla Elcano hizo sucesivas escalas en Argel, Trípoli, Bengasi, El Cairo, Bagdad, Buchir, Bender-Abbas, Karachi, Agra, Calcuta, Rangún, Bangkok, Saigón, Hanoi, Macao,  Aparri y Luzón-Manila; unas previstas y otras por la fuerza.

    El aparato de Esteve no pudo seguir vuelo a 300 kilómetros de Amán, la capital de Jordania, quedando inutilizado en el desierto; el de Loriga tuvo que aterrizar forzosamente en Tien Pack, China, en ruta a Macao, por una fuga de combustible, siendo transportados a Macao por un buque de la Marina de Guerra portuguesa; y Gallarza estrelló su aparato en el irregular campo de aterrizaje de Macao pero pudo arreglarse. La orden recibida desde Madrid informaba de que continuasen la travesía Gallarza y Loriga en el sesquiplano Miguel López de Legazpi. Por lo que el 13 de mayo de 1926, tras 106 horas de vuelo y recorridos 17.500 kilómetros, estos dos capitanes aterrizaron en Manila con la escolta de honores de doce aparatos de Estados Unidos y un recibimiento apoteósico y emotivo de la multitud congregada, público y autoridades, ese día y los posteriores de homenaje.

Escuadrilla Elcano 2

Imagen de velerosdelcielo.blogspot.com

 

De regreso a España, los capitanes Gallarza, Loriga y Esteve fueron distinguidos con la Medalla de Oro de Ultramar, con la de la Ligue Internationale des aviateurs, además de otras tantas concedidas por los gobiernos de los países que visitaron durante el largo trayecto.

Escuadrilla Elcano 3

Imagen de velerosdelcielo.blogspot.com

____________________

 

Joaquín Loriga Taboada

Nacido en Lalín, provincia de Pontevedra, el año 1895. Teniente de Artillería a los 22 años, fue destinado a la Comandancia de Melilla. Ingresó en la Aeronáutica Militar en 1920 y al año siguiente, obtenido el título de piloto, actuó en el Rif con una escuadrilla de biplanos Ansaldo; y pasó en 1922 a mandar la 3ª Escuadrilla del Grupo 3º estacionada en el aeródromo de Sania Ramel en Tetuán; impidiendo en abril con una meritoria acción la caída del Peñón de Vélez de la Gomera en manos de la hueste de Abd-el-Krim. El 17 de abril, la 3ª escuadrilla aniquiló la harka enemiga que asediaba la posición de Miskerl-la, consiguiendo que la posición se mantuviera hasta recibir refuerzos: esto le valió la Medalla Militar al capitán Loriga.

    Exposición de hechos en el decreto de concesión: “Oficial entusiasta y decidido, presta excelentes servicios en ambas zonas del Protectorado [Comandancias de Ceuta y Melilla], distinguiéndose extraordinariamente el 13 de abril de 1922 en el bombardeo de los poblados de la costa del Peñón de Vélez de la Gomera, y el 1º7 del mismo mes, en las proximidades de Miskerl-la para defender la posición sitiada por el enemigo. Piloto diestro y audaz, desarrolla una gran actividad simultaneando su actuación en escuadrillas de bombardeo con reconocimientos en las escuadrillas de caza, la que no teniendo misión de combate aéreo por carecer de aviación de combate el enemigo, es empleada por la velocidad que desarrolla, como de vigilancia extrema y reconocimiento rápido. Realiza numerosas misiones de reconocimiento y bombardeo y asiste a un gran número de operaciones siendo muy distinguida su actuación en las realizadas los días 28 y 31 de mayo [en la llanada de Tafersit] y 5 de junio, reconociendo desde el amanecer, en un avión de caza, continuamente el frente, debiéndose a su actividad y pericia el descubrimiento del campamento del Burrahai, en la orilla izquierda del Xemanar”.

    Considerado uno de los pilotos más hábiles, en 1925 fue designado para efectuar las pruebas del Autogiro que desarrollaba Juan de la Cierva; el 12 de febrero, el modelo C-6 voló entre los aeródromos de Cuatro Vientos y Getafe, de manera que por primera vez en la historia lo conseguía un aparato más pesado que el aire y diferente a un aeroplano.

 

Eduardo González Gallarza Iragorri

Nacido en Logroño el año 1898 en el seno de una familia de larga tradición militar, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1913, promovido a alférez con dieciocho años y destinado a Marruecos hasta que en 1920, con el empleo de teniente, ingresó en la Aviación Militar. Desde 1921 participó activamente en el Protectorado: jornadas de Yebala ese mismo año y ya en 1923, ascendido a capitán, en los combates de Tazarut y Yeberl Alam, en la defensa del Peñón de Vélez de la Gomera y en las operaciones de socorro a la posición de Tifarauín. Por este hecho recibió la Medalla Militar. En 1924 participó destacadamente en las labores defensivas de la línea del río Lau, siendo mencionado en la Orden de las Fuerzas Aéreas: “Las circunstancias que han concurrido a la realización del hecho llevado a cabo por el capitán don Eduardo González Gallarza, el día 5 de julio de 1924, ponen de manifiesto las virtudes de este oficial, que no obstante ser alcanzado por proyectiles enemigos que le hirieron, continuó desempeñando la misión conferida, logrando abastecer la posición de Coba Darsa cercada por el enemigo”.

    Posteriormente tomó parte en las operaciones del desembarco de Alhucemas y en las de Beni Arós.

 

Rafael Martínez Esteve

Nacido en Valencia el año 1894. Ingresó en la Academia de Infantería en 1911 y fue promovido a 2.º teniente en 1914; sus primeros tres destinos lo llevaron de la provincia de Vizcaya a la de Cádiz y a la Comandancia de Ceuta.

    Varias veces citado como distinguido y muy distinguido en las misiones que se le encomendaron durante su estancia de un lustro en el Protectorado de Marruecos, en 1920 efectuó el curso de piloto de aeroplano entre Los Alcázares, en Murcia, Zaragoza y Alcalá de Henares, en Madrid, finalizando este periplo el año 1921 con destino en Guadalajara y de nuevo Alcalá de Henares.

    El 1922 retornó a Marruecos con base su escuadrilla en el aeródromo de Sania Ramel en Tetuán. Las principales acciones en las que intervino se situaron en el sector de Larache, por las que le fue concedida la Medalla Militar.

    Integrante de la expedición de los tres Breguet XIV y un hidroavión Dornier Wal que del 8 al 20 de agosto enlazó las bases aéreas españolas en el Protectorado: Tetuán, Larache, Casablanca, Mogador, Agadir y Cabo Juby, con las Islas Canarias: aeródromos de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife.

    En 1926 se le concedió la Cruz de la Real y Militar Orden de María Cristina, por los distinguidos servicios prestados en Marruecos entre el 1 de agosto de 1924 y el 15 de octubre de 1925.

 

 

Artículos relacionados

    Los vuelos del Jesús del Gran Poder

    La Aviación Militar Española innova y conquista

    Los vuelos del capitán Haya

    La primera travesía aérea de los Pirineos

El lenguaje de signos. Pedro Ponce de León

 

El monje benedictino Pedro Ponce de León es el precursor del lenguaje de signos para los sordomudos y el primer maestro de su método.

    Natural de la leonesa villa de Sahagún, puede que su nacimiento se sitúe en 1513. Lo que se sabe fehacientemente es que aparece en la crónica del médico del rey Felipe II, Francisco Valles de Covarrubias, titulada De iis scripta sun physice in libris sacris, sive de sacra Philosophia liber singularis, con fecha de publicación el año 1587, como creador de un lenguaje de signos, y en la escrita por el cronista de la Orden benedictina fray Juan de Castañiza, coetáneo de Pedro Ponce de León, que lleva por título Historia de San Benito, donde menciona la obra de fray Pedro y los discípulos que tuvo.

    Pedro Ponce de León tomó el hábito benedictino en el monasterio de Sahagún en 1526, y allí permaneció varios años hasta su traslado al monasterio burgalés de San Salvador de Oña. Es su condición monacal, que obliga a la comunicación por signos entre los monjes durante los momentos de vida silenciosa, la que orientará a fray Pedro en la idea de un lenguaje específico para los sordomudos, con el que ellos pudieran comprender el mundo y el mundo relacionarse con ellos.

    En 1545, fray pedro recibió el encargo de educar a los hijos mudos del marqués de Berlanga, Juan de Velasco, Francisco y Pedro de Tovar, de doce y nueve años de edad respectivamente; aunque antes de esta docencia llevó a cabo una experiencia fructífera con su hermano de orden Gaspar de Burgos, que le valió fama.

    El método de fray Pedro fue perfeccionado por el pedagogo Manuel Ramírez de Carrión y divulgado por el también pedagogo Juan de Pablo Bonet, autor del tratado Reducción de la letras y arte para enseñar a hablar a los mudos, primero al respecto.

 

Pedro Ponce

Monumento a Pedro Ponce de León en el monasterio de San Salvador de Oña

Imagen de edadesdelhombre2012.blogspot.com

 

En 1584 fallecía Pedro Ponce de León, fray Pedro. Su memoria continúa viva en los monumentos de los lugares de España que lo recuerdan, entre los que destacan su localidad natal, Madrid y Valencia, en el que reza, a petición de la Sociedad de Sordomudos, la siguiente inscripción: “La Asociación valenciana de sordomudos al ilustre benedictino español fray Pedro Ponce de León (1520-1584) inventor del método oral puro para la enseñanza del sordomudo”. Numerosos centros e instituciones educativas de carácter especial en todo el mundo homenajean a fray Pedro luciendo su nombre.

 

 

Artículos complementarios

    Francisco Valles

    Escuela Universalista Española

    Ángela Ruiz Robles

Melilla 1921

La reconquista de la Comandancia General de Melilla en 1921

El bautismo de fuego de La Legión

 

Antecedentes

Una ofensiva de gran estilo contra toda la línea del sector oriental del Protectorado, dependiente de la Comandancia general de Melilla, se produjo a partir del 1 de junio de 1921. El general Fernández Silvestre, Comandante General de Melilla, ordenó ocupar la posición de Abarrán, en el valle del río Amekrán, inmediato al río Nekor en la bahía de Alhucemas.

    El cabecilla rifeño Abd el Krim ordenó destruir el puesto avanzado de Abarrán, dando inicio a la campaña bélica de funestas consecuencias para los españoles en su primera fase: la de la ofensiva rifeña. El nombre real de Abd el Krim era Muhammad ’Abd al Karim, hijo de un moro notable de Axdir amigo de España, alumno de la Universidad musulmana de Fez, que hizo carrera en Melilla como cadí y como periodista en calidad de editor de la página musulmana de El telegrama del Rif.

    El 17 de julio la cabila de los Beni Urriaguel ataca la posición de Igueriben, en el sector dependiente de Annual, conquistándola pese a la heroica defensa y el desesperado intento de socorro.

    Dado el cariz de extremo peligro para la zona oriental del Protectorado que tomaba la situación, con unos resultados en el campo de batalla muy superiores a los imaginados por Abd del Krim, el Alto Comisario General Dámaso Berenguer a petición urgente de ayuda emitida por Melilla, ordena que como tropa de refuerzo de otras regulares y asalto acuda a la línea defensiva el recién creado Tercio, La Legión, con la 1.ª y 2.ª Banderas.

    Las fuerzas indígenas al servicio de España en buena parte se pasaron al enemigo y las restantes fueron disueltas al perderse la confianza en ellas. Las tribus (cabilas) de la zona oriental del Protectorado se unieron a los Beni Urriaguel, extendiendo los saqueos y las crueldades por donde pasaban triunfantes. Ante tal acometida, de todo punto inesperada, junto a los episodios de huida hubo los de heroica resistencia en los blocaos, en las líneas de frente quebradas y en campo abierto, como las célebres cargas del Regimiento Alcántara de Caballería; también en Monte Arruit, en Zeluán y en Nador, combaten los españoles defensivamente hasta la extenuación y el asesinato.

    La plaza de Melilla queda amenazada por la ruptura total de su dispositivo de defensa. En la atemorizada ciudad toma el mando el general Berenguer y pronto, a marchas forzadas, empiezan a llegar los refuerzos.

 

La reacción

El Real Decreto de 27 de julio de 1921 nombró Comandante General de Melilla al general José Cavalcanti, héroe de Taxdir. Para llevar a cabo las operaciones de reconquista se contó con los generales Sanjurjo, Cabanellas, Neila, Fresneda, Tuero y Federico Berenguer, hermano del Alto Comisario general Dámaso Berenguer. Las fuerzas que se habían ido concentrando en Melilla a lo largo del mes de agosto, en refuerzo urgente de la exigua guarnición, eran 25 batallones de Infantería, 2 banderas del Tercio, 3 tabores de Regulares, 5 regimientos de Caballería, 11 grupos de Artillería, el parque móvil de Ceuta, 1 batallón de zapadores, el Grupo de Ingenieros de Ceuta más 10 compañías de ingenieros, 2 compañías de telégrafos, 9 compañías de Intendencia, servicios varios y 4 ambulancias: aproximadamente 36.000 efectivos. Con estos efectivos se formaron tres columnas de operaciones y una reserva general; la primera columna al mando de José Sanjurjo, la segunda de Federico Berenguer y la tercera de Miguel Cabanellas.

    A las 2 horas del 22 de julio de 1921, el teniente coronel Millán Astray conferencia con el comandante Franco en el Zoco el Jemis, donde acampa el Tercio en maniobras. Sorteada la Bandera que ha de dirigirse a marchas forzadas a Ceuta para embarcar hacia Melilla, Franco sabe que sus hombres van a recibir el bautismo de fuego.

    El barco con los legionarios avista Melilla. Escribe Francisco Franco en su obra Diario de una Bandera: “La muralla del puerto [de Melilla] aparece llena de gente. Una nube de pañuelos se agita en el aire como aleteo de palomas blancas”.

    La autoridad militar informa a los mandos legionarios prestos a desembarcar que se ha hundido la Comandancia General de Melilla, que la derrota es completa y que la ciudad ha quedado abierta y es presa del pánico. Pero será la presencia y la actitud de los legionarios el hecho que levantará el ánimo y devolverá la moral de victoria. “El pueblo aplaude loco, frenético, nuestra entrada. Con la música y bandera en cabeza desfilan los peludos de Beni Arós, y las mujeres lloran abrazando a los legionarios. ¡Qué negros y qué peludos vienen! Huelen a guerra ¡Estos nos vengarán!”

    Tras el raudo desfile las Banderas acuden a sus puestos defensivos: la 1.ª a Los Lavaderos, al Sur, y la 2.ª a Rostrogordo, al Norte. Desde estos lugares desplegarán para recuperar la iniciativa y las posiciones. El día 25 de julio las dos Banderas, con su único comandante Francisco Franco Bahamonde al frente, ocupan las alturas de Ait Assia y Taguel Manin, flanqueando el acceso a melilla desde la vecina Nador. El 26 es ocupada la línea señalada por Sidi Amed el Hach, un cerro pegado a la mole del Gurugú a la derecha del camino que sale de Melilla, y El Atalayón, que es una pequeña península sobre la Mar Chica; así quedó cerrada la vía de penetración a Melilla desde el Sureste. Mientras se efectuaba este cierre, fue posible observar la resistencia de la tropa española acantonada en Nador, completamente asediada, para cuya ayuda, solicitada por los mandos legionarios, no hubo permiso. Al Noroeste de Melilla se ocuparon las posiciones de Ixmoart, Hidum y el Zoco el Had de Beni Sicar, y con avanzadillas las de Tizza, a la derecha, y Casa Bona (o Casa Bono o Casabona), a la izquierda. Con la ocupación y el mantenimiento de estas posiciones se aseguró Melilla por las vertientes Oeste y Norte. El escenario era idéntico al vivido en 1909 durante la segunda campaña del Rif; con la diferencia del poder del enemigo, tanto en armamento como en efectivos y en resolución de combate, que ahora era superior.

 

Cambios en el Gobierno de España. Decisiones inmediatas

El Gobierno presidido por Manuel Allendesalazar dimitió el 4 de agosto. Es sustituido por un Gobierno de concentración nacional presidido por Antonio Maura y con Juan de la Cierva y Peñafiel como ministro de la Guerra. La primera tarea de este ministro fue la de visitar Melilla para hacerse una idea cabal de la situación y las necesidades, que requerían, a su criterio, un ejército de 150.000 hombres (únicamente se contaba entonces en la zona con entre 10.000 y 15.000, según las inclusiones): un armamento abundante y moderno, atención al personal médico e instalaciones al efecto (con especial mención a los doctores Gómez Ulla y Pagés Miravé, en representación de todo el cuadro facultativo y asistencial civil y militar, y a las Hermanas de San Vicente de Paúl), compra masiva de ganado de calidad para el alimento adecuado de la tropa y ampliación también en calidad de la remonta equina y mular.

    El nuevo Gobierno mantuvo en su puesto al general Berenguer y con él planearon las acciones: la primera era asegurar Melilla y la segunda recuperar el territorio con esa ofensiva perdido (finalizando si era posible con la plena ocupación de la bahía de Alhucemas, lo que ocurrió a partir de 1925). Para ambas fases se contó indispensablemente como fuerza de choque con el novato Tercio legionario creado por José Millán Astray y Francisco Franco, cuyas dos Banderas desplegadas mandaba en solitario este comandante.

Melilla 1921 1

Imagen de cromos.rogerfm.net

 

Asegurar Melilla

La Legión guarnecía todas las posiciones defensivas del improvisado cinturón rodeando la plaza. Manteniendo esas guarniciones, se le encomendó a las dos Banderas desplegarse hacia el cabo de las Tres Forcas, al Norte, y hacia la Mar Chica, al Sur, asegurando el flanco Oeste de Melilla. Con La Legión actúan los Regulares y tropas de la Península de Caballería y Artillería en número reducido de jinetes y piezas. Esta Columna está al mando del general José Sanjurjo. Los regulares se desplazaron hacia Sidi Amarán y los legionarios hasta rebasar el cauce del río de Oro. Territorio asegurado desde Sidi Amarán a Hidum y el Zoco el Had.

    Los puestos más avanzados de la zona Oeste de Melilla, frecuentemente hostilizada, eran Tizza y Casabona, en la vanguardia del Zoco el Had lindante a las cuestas del macizo del Gurugú. Había que liberar Casabona y para ello era preciso ocupar la parte central de la línea que unía el Zoco el Had con Casabona, lo que aseguraría el acceso a la aislada posición de Casabona; se ejecutó el plan y así pudo mantenerse el acceso a la posición que se abasteció y reforzó. Fue el de ese día 8 de septiembre el primer combate de gran dureza sostenido por los legionarios, recibiendo por ello, al igual que los Regulares, la felicitación efusiva del general Berenguer, y por parte del coronel José Riquelme, jefe de la Columna en auxilio de Casabona, la mención como distinguido al comandante Franco por sus excepcionales condiciones tanto en el combate como en el repliegue.

    El día 15 de septiembre, un grupo de quince legionarios voluntarios acudió a socorrer el Blocao de Dar Ahmed (o Hamed), frente a El Atalayón, apodado “de la muerte y también “el malo” por los constantes ataques que recibía y su deficiente defensa; llegaron de noche, entraron y sosteniendo la posición fueron cañoneados hasta morir todos, registrando hasta el final un valor encomiable.

 

La recuperación de la Comandancia General de Melilla (I)

Garantizada la seguridad en el perímetro de la plaza de Melilla, se emprendió una acción de envolvimiento de la Mar Chica (al S-SE de la ciudad) iniciada el 12 de septiembre. Fueron tres columnas, con un total de seis mil efectivos de Infantería y Caballería, principalmente, al mando del general Miguel Cabanellas, y con la colaboración de la Escuadra; logrando ocupar Ras Quiviana y el Zoco el Arbáa, y desde estas bases atacar la importante localidad de Nador y después Tauima.

    El ataque a Nador, donde aguardan bien a cubierto nueve mil hombres experimentados, lo efectuó una sola columna, dada la estrechez del terreno para la maniobra, dividida en tres y compuesta en vanguardia por unidades de Infantería (las dos Banderas del Tercio, los dos tabores de Regulares de Ceuta, cuatro Batallones de recluta), de Caballería (un Regimiento y dos Escuadrones), más la artillería de acompañamiento y grupos de Zapadores y transmisiones, con un total de ocho mil quinientos efectivos; en el grueso, mandado por el general Federico Berenguer, compuesta por unidades de servicios y sanidad militar, sumando siete mil quinientos efectivos; y en la reserva móvil, al mando del general Tuero, con aproximadamente tres mil efectivos.

    En esta acción cae herido el jefe de La Legión, teniente coronel José Millán Astray, por lo que inmediatamente pasa a sustituirlo el comandante Francisco Franco, que, de hecho, como ya se ha indicado, mandaba las dos Banderas en combate.

    Ocupados a media tarde los pozos de Aograz, la columna de Cabanellas entra en Nador.

    El frente de batalla volvió a trasladarse al Oeste de Melilla, a la zona del Zoco el Had. La misión consistía en abastecer para varias semanas el puesto avanzado de Tizza. Una masa de maniobra de siete mil hombres, articulada en dos columnas, recibió este encargo; una columna estaba al mando del general Tuero, que partió por la carretera de Hidum, la otra, saliendo por la carretera del Zoco el Had, mandada por el coronel Sirvent, debía principalmente cubrir el avance de la primera columna. Pero el auxilio a Tizza no pudo superar la barrera enemiga. Entre el 26 y el 29 de septiembre se entablaron combates muy duros que no lograron pasar hacia Tizza, hasta que tomando el mando de la columna en vanguardia el laureado general José Cavalcanti, Comandante General de Melilla, consigue romper a viva fuerza la línea enemiga y llegar hasta el extenuado puesto de Tizza; cabe destacar la actuación de los Regulares de Melilla, a pie y montados, y los Zapadores en esta acción.

 

La recuperación de la Comandancia General de Melilla (II)

La dominación del macizo del Gurugú era el objetivo principal en la operación de reconquista del territorio, cuya primera fase concluyó con el mes de septiembre habiéndose cubierto los accesos desde el Sur y el Oeste.

    El paso siguiente, igual que sucediera en 1909, era ocupar el imponente macizo del Gurugú para no sólo garantizar la seguridad de Melilla sino continuar el avance recuperador hacia el Oeste. Las dos fases de esta operación comprendían: primero, asentar una base sólida de partida para efectuar el ataque; y segundo, ocupar el Gurugú.

    La base de partida obligaba a tomar la zona minera de Segangan y las alturas de Ulad Dau y de Sebt; el asalto al macizo montañoso exigía alcanzar la meseta de Tazuda en la retaguardia del Gurugú.

    El 2 de octubre se inició la primera fase con observatorio en la cima del monte Arbós, tomado el 23 de septiembre: hacia el Suroeste una amplia llanura con Sebt al fondo; a la derecha el macizo de Atlaten; a la izquierda el monte Uixán en la zona de los montes de Beni Bu Ifrur. Las fuerzas actuantes fueron tres columnas: la de la derecha, mandada por el general Sanjurjo, en la que se integraban las dos Banderas de La Legión, con el objetivo de Ulad Dau; la del centro, al mando del general Cabanellas, encaminada a Segangan; y la de la izquierda, con el general Berenguer al frente, en dirección a Sebt.

    Ulad Dau es un fortín situado en un contrafuerte del Gurugú donde resistía bien atrincherado y armado un nutrido despliegue moro el empuje de las fuerzas de choque, legionarios y regulares, llegando a combatirse al arma blanca. A los legionarios los manda el comandante Francisco Franco y a los regulares el teniente coronel Emilio Mola. En su libro Melilla 1921, el entonces y en el lugar capitán de Caballería Arsenio Martínez, refiere el 3 de octubre sobre la acción de Ulad Dau con relación a La Legión y los Regulares: “Los Regulares de Ceuta y el Tercio han emprendido el ataque a Ulad Dau. Un cabo de Regulares con una bandera española va siempre en cabeza, llega el primero al fortín de Ulad Dau y espera. Cuando ve que el Tercio cala la bayoneta para lanzarse al asalto, entonces trepa al fortín, penetra y coloca la enseña española en el punto más alto”.

    Ocupado Ulad Dau el siguiente objetivo, muy próximo, era el peñasco de Atlaten. Este obstáculo montañoso, un cortado espolón, impedía envolver el Gurugú por el Sur, por lo que había que ocuparlo pese al enorme riesgo que físicamente entrañaba; al igual que era preciso ocupar el inmediato poblado de los Chorfas para acceder al Gurugú. Presumía el mando español que ocupado Atlaten, Abd el Krim retiraría el grueso de sus fuerzas allende el río Kert, como ciertamente sucedió. La acción se inició el día 5 de octubre a cargo de las tres columnas que operaban en el sector.

    Conquistado Atlaten, se consiguió un magnífico observatorio que abarcaba casi toda la cabila de Beni Bu Ifrur y las minas, Nador, la Mar Chica y una tremenda perspectiva del Gurugú. Acto seguido fueron ocupados el poblado de los Chorfas, laminera y el ferrocarril que venía desde Melilla; desde entonces Segangan se convirtió en destino y almacenamiento de los recursos para las columnas de operaciones en sustitución de Nador, muy al Sur de este punto.

    Los diez primeros días de octubre incrementaron la guarnición de Melilla, contando ahora con un total de cuarenta batallones. Para el día 10 estuvo preparada una gran maniobra en la que actuarían treinta y dos batallones, cinco regimientos de Caballería, veinte baterías artilleras amén de otras unidades y servicios en número de complemento, equivaliendo todo ello aproximadamente a tres Divisiones. El plan, ideado por el general Berenguer, buen conocedor del territorio, pretendía atraer a los rifeños para entablar el combate que decidiría la posesión del macizo del Gurugú.

 

La recuperación de la Comandancia General de Melilla (III)

El plan conjuntaba la acción de tres Brigadas: la de Sanjurjo, con las dos Banderas de La Legión, siete batallones de reemplazo, dos Baterías de Campaña y dos Grupos de Montaña, e Ingenieros y Servicios; la de Cabanellas, con dos Batallones y cinco Regimientos de Caballería y un Grupo de Artillería hipomóvil; y la de Berenguer, dividida en las columnas de los coroneles Salcedo y Saro y del teniente coronel Ayuso. La Brigada de Sanjurjo debía marchar de Segangan a Taxuda (o Tazuda), para cortar las comunicaciones del Gurugú con el Oeste y el Sur; la Brigada Cabanellas debía aislar el campo de batalla elegido; la Brigada de Berenguer, con sus tres columnas, debía encaramarse a las cumbres del impresionante macizo del Gurugú partiendo de Sidi Ahmed el Hach, y dirigiéndose a las Peñas de Ubayo, a Kol-la, a Hardú y al Gurugú.

    El Alto Mando dispuso otra Brigada, a las órdenes del general Fresneda, compuesta por seis batallones, seis compañías de Zapadores y una Batería, que partiendo de Taguil Manin debía ascender el pico Basbel y desde él dirigirse a Taquigriat y la estribación Sur del Gurugú para fortificarla. Por último, se organizó una columna independiente con dos batallones y una Batería al mando del coronel Riquelme, que partiendo de Farhana marcharía a Karmud, en la falda norte del macizo. En reserva, y guarnición de plaza, quedaron seis batallones y otras fuerzas complementarias.

    Ante el despliegue español en la llamada Maniobra del Gurugú, Abd el Krim sometió la voluntad de los cabileños de Beni bu Ifrur, tendentes a congraciarse con los españoles, incorporándolos a su causa; de esta manera, las zonas Oeste y Sur del Gurugú fueron hostiles y beligerantes al avance previsto por el Alto mando.

    El 10 de octubre tuvo lugar la citada maniobra ofensiva con resultado exitoso, salvo por la toma de Taxuda. El ministro de la Guerra, Juan de la Cierva, presente en Melilla, mandó el siguiente telegrama al rey Alfonso XIII: “Señor: Tengo el honor y la satisfacción de manifestar a V. M. que a las diez [del día 10 del mes 10] han sido coronados los más altos picos del Gurugú, donde ondea nuestra bandera. Melilla ha acogido con gran alborozo la ocupación por nuestras tropas del macizo. Seguiré teniendo a V. M. al corriente de cuanto ocurra”.

    La Brigada Sanjurjo, con el coronel Alberto Castro Girona al frente de la vanguardia y el comandante Francisco Franco al mando de las dos Banderas del Tercio, partió ese día 10 de Segangan con la misión de proteger el avance de las otras Brigadas. Hacia la meseta de Telat marcharon para responder a la fuerte concentración enemiga allí dominando y con intención de cargar contra las posiciones nacionales a vanguardia y retaguardia del asalto al Gurugú. Controlado el enemigo tras duros combates, la Brigada expandió sus efectivos hasta la meseta de Atlaten asegurando así la protección de las otras y facilitando la conquista de las disputadas cumbres del Gurugú.

Melilla 1921 2

Abanderado de Regulares en la Cumbre del Gurugú.

Imagen de elretohistorico.com

 

Melilla 1921 3

Toma de las cumbres del Gurugú por los Regulares

Imagen de forodeculturadedensa.com

 

La recuperación de la Comandancia General de Melilla (IV)

Para completar el perímetro de seguridad en torno a la zona de Melilla las Brigadas-Columnas de Sanjurjo, Cabanellas y Berenguer actuaron para ocupar el poblado de Zeluán, su aeródromo, alcazaba y alrededores habitados. Las tres Columnas se reunieron entre Tauima y la Mar Chica el 14 de octubre, marchando la de Sanjurjo hacia el aeródromo de Zeluán primero y al poblado de Bugensein después; la de Berenguer hacia la alcazaba y el poblado de Zeluán; y la de Cabanellas, con la Caballería, al Zoco de Ain ben Rehal para envolver todos los objetivos. Intervino la Aviación.

    Con la ocupación de Zeluán se cerraba el ciclo de operaciones tendentes a evitar las asechanzas del enemigo sobre Melilla. Acto seguido había que extender la zona de protección hasta el río Kert por el Oeste y el río Muluya por el Este.

    Hacia el Oeste, la Columna Sanjurjo el 20 de octubre, con los legionarios y los regulares en vanguardia, alcanzó las posiciones de Tauriat Buchit y Tauriat Zag, cerca del río Massin, ambas ya liberadas; los rifeños huyeron por el llano en dirección al río Kert, de modo que dejando una guarnición el grueso de la Columna retornó al campamento de Segangan.

    El paso inicial hacia el Este era ocupar la población de Monte Arruit; esta acción tuvo lugar el 24 de octubre, partiendo las tres Columnas desde Zeluán. La de Sanjurjo avanzó por la línea férrea que unía Zeluán con Monte Arruit, hasta llegar al objetivo por el Sur; la de Berenguer marchó paralela a la carretera entre ambos poblados, entrando en Monte Arruit de frente; la de Cabanellas se dirigió a las casas de Ben Chel-al y desde allí enfiló Monte Arruit también por el Sur. Prosiguiendo el avance con el objetivo prioritario de llegar a Batel, la Columna Berenguer, con este general y los coroneles Saro y Fernández Pérez, fuerza esta última que incorporaba a La Legión y jinetes del Regimiento Alcántara, debía cruzar el río Kert, conquistar la posición de Ras Tikermín y defender el puente; todo lo cual sucedió el 22 de diciembre.

 

La recuperación de la Comandancia General de Melilla (V)

Para conseguir ocupar el territorio que domina el río Kert había que asegurar completamente la posición de Taxuda (o Tazuda) y su meseta, semejante a la de Atlaten, ocupándola sin fisuras que permitieran al enemigo una base de actuación contra el avance de reconquista. La operación se denominó Taxuda 2, también conocida como Operación de las Esponjas. Corría el 2 de noviembre.

    Tras intensos combates con las Banderas del Tercio en vanguardia se logró llegar al cauce del río Kert.

    Prosiguiendo la acción, entre los días 7 y 11 la Columna Berenguer recupera las posiciones de Yazanen y Tifasor. La jornada del 11, la Columna Sanjurjo atravesó por sorpresa las mesetas de Tlad y de Ihuaua, también llamada Youaua, descendió por el valle del Río de Oro por el aduar de Izaruren y quedó fijada al fondo del valle habiendo descongestionado el camino de Ras Medua, posición decisiva para alcanzar el río Kert en su mayor amplitud, lo que obligó a los rifeños de Abd el Krim a replegarse en la otra orilla.

    Antes de terminar la reconquista de la Comandancia de Melilla hasta el río Muluya por el Este y, por el Sur, hasta doblegar la resistencia de la cabila de Beni bu Ifrur, era preciso liberar de enemigo los fortines del Monte Uixán. A partir del 17 de noviembre, las Banderas legionarias ascendieron a las cotas 540 y 596 del citado monte donde se hallaban los fortines españoles ocupados por los rifeños de El Carmen, Bellavista, San Enrique y San Antonio, recuperándolos al asalto.

    De inmediato prosiguió el ataque combinado hacia el importante núcleo de Ras Medua y su fortín. Fue la jornada del 21 cuando los españoles entraron en Ras Medua, y ya a finales de noviembre, escalonadamente, se produjo desde Monte Uixán la ampliación del dominio español sobre la cabila de Beni bu Ifrur, ocupando las poblaciones de Tauriat Hamed, Tauiat Narrich y Harcha, finalizando así el envolvimiento de la región del Gurugú.

    El 5 de diciembre se alcanzó el poblado de Zaio, cerca del río Muluya y de la frontera con Argelia, cerrando definitivamente el primer ciclo de las operaciones en la parte oriental del Protectorado, la correspondiente a la Comandancia de Melilla.

 

La recuperación de la Comandancia General de Melilla (y VI)

El 22 de diciembre de 1921, cruzado el río Kert y ganado Tikermín, el general José Sanjurjo Sacanell se hizo cargo de la Comandancia General de Melilla, perfecto conocedor del territorio cuya guarda le fue encomendada, relevando al general Cavalcanti.

    Aún bajo las órdenes de Sanjurjo, se planeó el avance por la llanura de Sebsa con el objetivo de llegar al antiguo y ruinoso campamento de Dar Dríus y limpiar de enemigos un amplio perímetro de seguridad; se le encomendó la operación a la Columna Berenguer. Y esta fue la última acción del año 1921 y por ende de la reconquista del territorio perdido a causa de la ofensiva de los rifeños de Abd el Krim iniciada en junio.

Melilla 1921 4

Estatua dedicada a Francisco Franco Bahamonde en Melilla

Imagen de haciendomemoria.org

 

Melilla 1921 5

Pie y leyenda de la estatua

Imagen de minube.com

 

____________________

 

Laureados de la campaña

Diego Flomesta Moya, teniente de artillería del Regimiento Mixto de Artillería de Melilla. Cruz Laureada de San Fernando en la defensa de Abarrán el 1 de junio de 1921.​

Juan Salafranca Barrios, capitán de las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla n.º 2. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado al frente de la defensa de Abarrán el 1 de junio de 1921.​

Antonio Vázquez Bernabéu, teniente de Sanidad Militar (médico militar). Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado en la acción de Loma de los Árboles el 16 de junio de 1921.

Joaquín Cebollino von Lindeman, capitán de Caballería. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado al frente su escuadrón de Regulares, con quienes logró introducir un convoy en la posición de Igueriben el día 17 de julio de 1921.​

Julio Benítez Benítez, comandante de Infantería y jefe de la posición de Igueriben. Cruz Laureada de San Fernando de 2.ª Clase, Laureada. Concedida a título póstumo el 3 de enero de 1925 por el valor demostrado al frente de la defensa de Igueriben entre los días 17 y 21 de julio de 1921. Su acción figura detallada en un artículo propio y complementario.

Federico de la Paz Orduña, capitán del Regimiento Mixto de Artillería de Melilla. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado en la defensa de la posición de Igueriben entre los días 17 y 21 de julio de 1921.​

Juan Velázquez y Gil de Arana, comandante de Infantería, segundo jefe del II Batallón del Regimiento de Infantería Melilla n.º 59. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado al frente de la defensa de Sidi Dris entre los días 22 al 25 de julio de 1921.​

Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, teniente coronel del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14.º de Caballería y su jefe accidental. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado al frente de la carga que protegió la retirada de la columna de Chaif sobre Dar Dríus a Batel el 23 de julio de 1921.​ Su acción figura detallada en un artículo propio y complementario.

Enrique Amador Asín, capitán del Regimiento de Infantería Melilla n.º 59. Cruz Laureada de San Fernando por la defensa de Dar Quebdani del 23 al 25 de julio de 1921.

Félix Arenas Gaspar, el capitán arenas, capitán de Ingenieros y jefe de la Compañía de Telégrafos de la red permanente de Melilla y su territorio. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado en la defensa de Tistutin y la retirada a Monte Arruit del 23 al 29 de julio.​

Mariano García Martín, cabo del Regimiento de Ceriñola n.º 42. Cruz Laureada de San Fernando por el valor demostrado al proteger la retirada de la posición de Afrau el 26 de julio de 1921.

Francisco Martínez Puche, soldado de Ingenieros del servicio de Aviación Militar. Cruz Laureada de San Fernando por la conducción de un convoy de suministros desde el aeródromo de Zeluán a la Alcazaba del mismo poblado el 28 de julio de 1921.

Julio Ara Izquierdo, Cabo del Regimiento de Infantería de Extremadura. Cruz Laureada de San Fernando por la defensa del blocao Extremadura, en la Comandancia Militar de Melilla, el 21 de agosto de 1921.

Luis Furió Murillo, sargento de Infantería del Batallón Expedicionario del Regimiento de Tetuán n.º 45. Cruz Laureada de San Fernando en el combate en las inmediaciones de Tizza el 26 de septiembre de 1921.

Pedro Gutiérrez de Diego, soldado de Infantería del Regimiento de Valencia n.º 23. Cruz Laureada de San Fernando por la conducción de un convoy a Tizza y por su labor al frente de la bolsa de socorro en ese lugar el 29 de septiembre de 1921.

Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería. Su acción, como la de su jefe, Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, figura detallada en un artículo propio y complementario.

 

Fuentes

Rafael casas de la Vega, Franco militar

Luis Suárez Fernández, Franco. Crónica de un tiempo. Tomo I

Ricardo de la Cierva, Franco

Ministerio de Defensa, Historia de la Infantería española. La Infantería en los tiempos modernos. Volumen I

José Montes Ramos, El Tercio

Emilio Marín Ferrer, Atlas ilustrado de las guerras de Marruecos 1859-1926. Susaeta ediciones.

Juan García del Río Fernández y Carlos González Rosado, Blocaos. Vida y muerte en Marruecos. Almena ediciones.

 

 

Artículos complementarios

    Segunda campaña del Rif

    Fidel Pagés Miravé

    Los héroes del Regimiento Alcántara de Caballería

    Julio Benítez Benítez

    Desembarco de Alhucemas

    Francisco Peris Mencheta

    Carmen de Burgos

El primer hospital del mundo para enfermos mentales. Juan Gilabert Jofré

 

Inocentes y desamparados

 

El valenciano Juan Gilabert Jofré, nacido en 1350, fundó el primer hospital del mundo para enfermos mentales.

    Aplicado estudiante de Derecho, llegó a ser un jurista de prestigio. Pero la actividad que de Juan Gilabert Jofré se guarda memoria tiene que ver con su ingreso a los veinte años en la Orden Mercedaria. Es en el monasterio valenciano de El Puig donde a sus estudios en Leyes une los de Teología. En 1374 fue ordenado sacerdote.

    Vicario en Lérida, luego vicario de la iglesia de Santa María del Puig, la más importante de la orden, procurador de la orden de la Merced ante el papado en Aviñón, comendador de Perpiñán, al cabo del monasterio del Puig, prior del convento de la Merced de Barcelona, y por último comendador del convento de la Merced de Valencia el año 1408. Como fraile mercedario ayudó al rescate de los cristianos cautivos en tierras del Islam y a tratar sus problemas mentales. Después de estas misiones, fray Juan Gilabert renunció a sus altos cargos en la Orden para dedicarse a la predicación por toda España y Portugal.

    De regreso a Valencia, el primer domingo de cuaresma del año 1409, de camino a la catedral de Valencia, el padre Jofré presenció las burlas y las agresiones a un demente en plena calle (episodio inmortalizado por el pintor Joaquín Sorolla), gritando: “al loco, al loco”; episodio que trasladó a la conciencia de los feligreses ese mismo día con un sermón destinado a fundar una institución benéfica para la acogida de los enfermos mentales.

    Aprobada la iniciativa por Benedicto XIII y sancionada por el rey Martín I de Aragón, en 1409 nació el hospicio y asilo metal para enfermos mentales denominado de los Santos Mártires Inocentes, que recogía a los dementes pobres y expósitos. La capilla del hospital se dedicó a la advocación mariana de Nuestra Señora de los Inocentes, popularizada posteriormente como Nuestra Señora de los Desamparados, actual patrona de Valencia.

   Gilabert 1

 

Este Hospital de los Santos Inocentes, que hoy en día es el Hospital General Universitario de Valencia, está considerado en el ámbito de la psiquiatría como el primer hospital para dementes de la historia, “un hospital donde los pobres inocentes y furiosos fuesen acogidos” según reza el documento fundacional conservado en la Diputación de Valencia. Y donde se les daba tratamiento médico especializado.

    Fallecido el 18 de mayo de 1417 en el monasterio de El Puig, del padre Jofré se escribió en su momento que era “bachiller en decretos, dotado de mucha virtud, adornado de buenas costumbres y de no pequeña ciencia, muy grato a los ojos de todos los que acuden en masa a la orden de los mercedarios por su probada humildad y muy conocido en toda la ciudad”.

    Loado predicador, además, actualmente se halla abierto su proceso hacia los altares por lo que goza de la condición de Siervo de Dios.

    En el jardín de entrada al Hospital General Universitario de Valencia se le rinde homenaje.

Gilabert 2

Monumento a Juan Gilabert Jofré en el Hospital General Universitario de Valencia.

Imagen de lapidasconmemorativasvalencia.blogspot.com

 

 

Artículos coincidentes

    La bondad prevalece sobre la inteligencia

    Santo Domingo de Silos

    El Santo Cáliz en España

    El pintor de la luz