El lenguaje de signos. Pedro Ponce de León

 

El monje benedictino Pedro Ponce de León es el precursor del lenguaje de signos para los sordomudos y el primer maestro de su método.

    Natural de la leonesa villa de Sahagún, puede que su nacimiento se sitúe en 1513. Lo que se sabe fehacientemente es que aparece en la crónica del médico del rey Felipe II, Francisco Valles de Covarrubias, titulada De iis scripta sun physice in libris sacris, sive de sacra Philosophia liber singularis, con fecha de publicación el año 1587, como creador de un lenguaje de signos, y en la escrita por el cronista de la Orden benedictina fray Juan de Castañiza, coetáneo de Pedro Ponce de León, que lleva por título Historia de San Benito, donde menciona la obra de fray Pedro y los discípulos que tuvo.

    Pedro Ponce de León tomó el hábito benedictino en el monasterio de Sahagún en 1526, y allí permaneció varios años hasta su traslado al monasterio burgalés de San Salvador de Oña. Es su condición monacal, que obliga a la comunicación por signos entre los monjes durante los momentos de vida silenciosa, la que orientará a fray Pedro en la idea de un lenguaje específico para los sordomudos, con el que ellos pudieran comprender el mundo y el mundo relacionarse con ellos.

    En 1545, fray pedro recibió el encargo de educar a los hijos mudos del marqués de Berlanga, Juan de Velasco, Francisco y Pedro de Tovar, de doce y nueve años de edad respectivamente; aunque antes de esta docencia llevó a cabo una experiencia fructífera con su hermano de orden Gaspar de Burgos, que le valió fama.

    El método de fray Pedro fue perfeccionado por el pedagogo Manuel Ramírez de Carrión y divulgado por el también pedagogo Juan de Pablo Bonet, autor del tratado Reducción de la letras y arte para enseñar a hablar a los mudos, primero al respecto.

 

Pedro Ponce

Monumento a Pedro Ponce de León en el monasterio de San Salvador de Oña

Imagen de edadesdelhombre2012.blogspot.com

 

En 1584 fallecía Pedro Ponce de León, fray Pedro. Su memoria continúa viva en los monumentos de los lugares de España que lo recuerdan, entre los que destacan su localidad natal, Madrid y Valencia, en el que reza, a petición de la Sociedad de Sordomudos, la siguiente inscripción: “La Asociación valenciana de sordomudos al ilustre benedictino español fray Pedro Ponce de León (1520-1584) inventor del método oral puro para la enseñanza del sordomudo”. Numerosos centros e instituciones educativas de carácter especial en todo el mundo homenajean a fray Pedro luciendo su nombre.

 

 

Artículos complementarios

    Francisco Valles

    Escuela Universalista Española

    Ángela Ruiz Robles

Semblanza del Rey Felipe II

 

Príncipe del Renacimiento

 

Felipe II es símbolo de la hegemonía española en el mundo, iniciada por sus bisabuelos, los Reyes Católicos, y continuada por su padre, nieto de Fernando e Isabel, el emperador Carlos I. Con Felipe II España alcanza la cumbre de su gloria y resplandece en el mundo con un imperio donde no se pone el Sol; elogiado por los principales cronistas de su época, que no estaban a sueldo de los enemigos de España, al punto de reconocerlo como uno de los hombres más extraordinarios que jamás se sentaron en un trono en Europa, genuino príncipe del Renacimiento y un gran español.

    Es en esencia una persona de gustos refinados que aprecia, distingue y exige la obra bien hecha y la belleza donde sea posible sentirla. Prefiere rodearse de exquisitez y finura en ambientes cultos, eruditos e innovadores, amante de la naturaleza y las artes; tan solo intransigente con vehemencia en defensa de la religión católica y contra la ordinariez y la grosería, ya que se manifestaba siempre correcto en sus expresiones, elegante en sus formas, galante y suave, dictado en conciencia por un acendrado sentido del deber, la mesura y el respeto.

    Enamorado de la naturaleza en todas sus felices expresiones, manifiesta con sus obras la conservación de los bosques y los diseños ajardinados de magníficas dimensiones y especies. Como muestra extraordinaria de jardinería la del palacio de Aranjuez, nada menos que 34 kilómetros con miles de árboles y plantas nacionales e importados y amplias huertas con espacio para el cultivo de plantas medicinales, en una arquitectura amoldada a la naturaleza; y otros ejemplos de belleza y armonía son los palacetes de La Fuenfría, Galapagar, La Fresneda y Torrelodones, los palacios de Aceca y Vaciamadrid, y el monasterio de El Escorial, la obra magna de su reinado, con jardines famosos por sus fuentes, huertas, estanques y el jardín botánico. Reservando la última imagen de este capítulo al Palacio Real de Madrid, entonces Alcázar de Madrid, que a instancia de Felipe II, en las postrimerías de los años sesenta del siglo XVI, se convierte en la mayor y mejor residencia real de Europa, con unos espléndidos jardines anejos en el llamado Campo del Moro. Este amor por la naturaleza se extiende a la flora y a la fauna: Felipe II manda construir jardines en los lugares citados, además de en El Pardo y El Escorial, y zoológicos, parques de animales, en Aranjuez, los fosos del palacio de El Pardo y la Casa de Campo, de por sí una zona ajardinada cerca de la residencia real, en Madrid (la casa de las fieras).

    Aficionado en suma a las artes, principalmente a la arquitectura y la pintura; diestro en versificar y tañer la vihuela; estudioso de las ciencias y las letras clásicas y sagradas, interesado activamente en la bibliofilia y la mecánica. Era su cultura enciclopédica, valga el bien traído en su caso hombre del Renacimiento, e inagotable su ardor coleccionista. De hecho, Felipe II ostenta el preciado título de ser el único coleccionista de Jerónimo Bosch, El Bosco, de quien ordenó adquirir toda su producción disponible, que depositó en el monasterio de El Escorial, reservando significativos cuadros para sus aposentos; actualmente las pinturas se reparten entre el Museo del Prado y el monasterio. Respecto a la música y a la lectura, gustaba de acompañarse en los viajes de músicos y cantores y de libros; también de aves exótica y canoras.

 

De cuna humanista y culta le viene a Felipe II la pasión por el conocimiento y esa insaciable curiosidad que conduce sus aficiones y obras.

    La formación recibida le abrió a la naturaleza y, por tan atractiva puerta, al aprendizaje metafísico y espiritual del portentoso universo; acudiendo en cuerpo y alma más allá de la especulación filosófica habitual en las cortes renacentistas de su tiempo. Una formación esmerada y clásica que ya en su juventud lo convierte en un empedernido lector que suele en los libros dejar anotaciones y subrayados.

    Profundamente religioso y de manifiestas creencias místicas, en las que España descollaba en el orbe cristiano, fue amigo y protector de los místicos españoles de su siglo a los que conoció y comprendió: Ignacio de Loyola, Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, posteriormente santos; llegó a intervenir ante el papa en 1577 para favorecer la reforma de la orden del Carmelo, y a la muerte de la santa hizo depositar los manuscritos originales de ella en El Escorial.

 

Como mandatario de un imperio y consciente de su destino, organizó la estructura administrativa propia de un Estado moderno, integrador y expansivo, con sus secretarías específicas y funcionales y catorce consejos. Hombre sabio y poco dado a los viajes lejanos, pero en absoluto recluido ni mental ni físicamente en su gabinete de trabajo, vivió abierto a la realidad humana, cultural y científica de su inmenso imperio hasta un grado asombroso por su capacidad de comprensión y por su impulso organizador y civilizador.

    Prioritariamente aseguró la paz en cada lugar de España y el goce libre y cuidado de los bienes personales. Su característica y evidenciada preocupación porque la justicia amparase eficazmente a sus súbditos fue acuñada por la frase: “Si no se me hace justicia me iré al Rey”, y los tribunales, turbados al escucharla, prestos atendían en legítima justicia. También tuvo mano dura para castigar las banderías de los nobles rurales. Por algo había sido educado para ejercer el poder total, en todos los ámbitos.

    Daba certero y firme precisas, y aun preciosas aunque imposibles, ordenanzas para las Obras Públicas, amén de intentar poner orden y cuidar la estética en las ciudades, así como crear una buena administración, ejemplar y decorosa, admirada por el resto de cortes europeas y cuerpos diplomáticos; para lo que la situación geográfica de Madrid servía adecuadamente. Ese era el motivo de su elección como sede capitalina, por completo alejado de aquellas venidas cortesanas que se avecindaban doquiera estuviera la corte para satisfacer ínfulas egoístas de cargo, prebenda, puesto y remuneración.

    Se impuso la regla de ser accesible a la gente, gustándole su trato (aunque para mejor enterarse de cuanto se opinaba, muchas veces caminaba enmascarado), callejeando cuanto podía con el oído atento y recibiendo memoriales con las primicias o sucedidos que tuvieran que contarle; eso sí, detestaba las multitudes y el culto a la personalidad, rasgos plenamente integrados en su modo de actuar y pensar. Estudioso de la historia y deudo de ella, a su juicio el gobernante ideal era Fernando el Católico, que supo compatibilizar la majestad con el ser asequible; a lo que debemos añadir una frase que incluye a Isabel, pues tanto monta. Monta tanto, sentenció Felipe II que “A él [Fernando] y a ellos [Isabel y Fernando] se lo debemos todo. El todo era una nación, una fe y un idioma, y adoraba esas tres realidades.

    Felipe II albergaba y difundía en sus actos el sentido de su misión histórica. Se consideraba “un humilde servidor de sus súbditos pues el pueblo no fue hecho por causa del príncipe, mas el príncipe instituido a instancias del pueblo”, escribe el Rey Prudente, apelativo del monarca, al amigo y virrey de Nápoles en 1558 Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba. Y no fue menor su obligación de justicia: abundaron los casos en su reinado en los que intervino para imponer su justicia, casi siempre en favor de los débiles. Tenía arraigado el deber moral de respetar las libertades personales y los fueros especiales de municipios y territorios de la Corona, pero sin que fuera lícito ni habitual el pasar del uso al abuso, ni que el desempeño de las imprescindibles y protegidas libertades supusiera desorden.

    Trabajador hasta la extenuación, con una salud precaria, cualquier asunto era convenientemente tratado en su gabinete, asumiendo la responsabilidad máxima en su manera de gobernar sin dejar cabos sueltos; bien rodeado de talento y diplomacia. Escribe de este regio proceder Antonio Cánovas del Castillo: “Felipe II era en sustancia un monarca moderno por sus hábitos y su talante, como fue su padre un monarca de tiempos todavía heroicos, el último de los príncipes paladines de la Edad Media, así como el primero de los príncipes que supo ser verdadero hombre de Estado en la moderna Europa”.

 

Admirador del arte y los artistas, respetuoso y favorecedor con ellos, Felipe II es el primer mecenas de Europa. A su muerte dejó trescientas pinturas importantes en el Alcázar de Madrid (el Palacio Real) y mil ciento cincuenta en el monasterio de El Escorial, muchas perdidas en incendios mientras que las conservadas constituyen parte importante del Museo del Prado y de las colecciones reales.

    Era sensible y atento, y le interesaba comprender la naturaleza cultural tanto de los creadores como de sus súbditos. Le incumbieron todos los aspectos del saber y la invención humana. Encargó la compra de miles de libros aquende y allende, ocupándose él mismo de la selección; asimismo de miles de reliquias que fueron depositadas en El Escorial. Dedicó prioridad a la ciencia, puesto por brillantes cabezas al tanto de todos los conocimientos e innovaciones dignas de mención y análisis; aficionado a la astrología, los horóscopos y la astronomía; vigilantemente ocupado en aprender lo concerniente al Nuevo Mundo, con encargos de estudios etnográficos, de geografía y recursos y colecciones de ciencias naturales.

 

Consciente de la importancia de las lenguas indígenas, conjuntamente el rey y los misioneros impulsaron la tarea conservadora y recopilatoria que posibilitó la redacción de las gramáticas y diccionarios de aproximadamente sesenta idiomas americanos. Para que ningún indígena precisara aprender español en su relación con la administraciones civil, de justicia o enseñanza, el rey ordenó que las Universidades tuvieran Departamentos de las lenguas indias mayoritarias. A su vez, los españoles con responsabilidades políticas y religiosas tuvieron que aprender los idiomas nativos o valerse de intérpretes.

    Las treinta y una Universidades fundadas por España entre 1538 (la primera en América fue la de Santo Domingo) y 1810 (en Caracas) fueron resultado de la política cultural iniciada por el Emperador Carlos I e impulsada definitivamente por su hijo Felipe II. A estos centros hay que añadir los Colegios universitarios que podían impartir grados académicos, y los seminarios y conventos con similares prerrogativas. La primera escuela popular la abrieron los franciscanos en 1502 (el primer alfabetizador del que se tiene noticia es fray Ramón Pané en 1493) y a partir de 1506 se dispusieron maestros. En 1513 se fundaron las primeras escuelas para hijos de notables y caciques. Ingente labor de enseñanza e integración en beneficio general.

    La segunda Universidad de Santo Domingo y las de México, Puebla, Quito y Lima correspondieron al reinado de Felipe II, acompañadas por numerosos Colegios Universitarios anejos; a lo que ha de sumarse los Estudios Generales que impulsó y financió regentados por franciscanos, agustinos, dominicos y jesuitas. La demografía y el mestizaje crecieron significativamente en el Nuevo Mundo, y absorbidas las clases dirigentes aztecas e incas, los eminentes imperios prehispánicos, se consiguió poner fin a las feroces guerras tribales y los sacrificios humanos rituales para fomentar la cultura irradiada desde los centros universitarios de estudios superiores que contaban con los mismos estatutos y facultades que las Universidades de Salamanca y Alcalá de Henares.

    Catorce imprentas vieron luz durante el reinado de Felipe II, incluida la primera en las islas Filipinas, de las cincuenta y dos que estableció el Imperio español mientras lo fue.

    Mandó recoger y ordenar, en aras a su preservación, todos los escritos antiguos dispersos por España, depositándolos en el gran archivo del castillo de Simancas; la compilación la realizó el historiador Luis Cabrera de Córdoba. También mandó confeccionar relaciones minuciosas de los descubrimientos, viajes y conquistas como memoria imperecedera de cuantos logros se alcanzaban. Y él mismo, de su puño y letra, contribuyó al conocimiento de su época con sus más de cinco mil cartas y escritos varios y sus miles de billetes, que son cartas breves, y notas. La biblioteca privada del rey, la mayor de Occidente, reunía a su muerte unos 30.000 libros de todas las ciencias conocidas en idiomas antiguos y modernos, unos 200 de temática mágica, hermética, astrológica y cabalística, junto a un número aproximado de 120 aparatos personales de todo tipo para la observación y medición de la naturaleza.

    Siempre hablando y escribiendo en español, su lengua y el idioma que convirtió en universal, indispensable, incluso de moda hasta en las soberbias Francia e Inglaterra.

Rey Felipe II 1

Retrato de Felipe II por Antonio Moro (1557)

Imagen de elmundo.es

 

El reinado de Felipe II situó a España en la cima europea de la cultura. A las anteriores ciencias discursivas, aún vigentes, englobadas en el trívium y el quadrivium, se unieron en acelerado desarrollo las ciencias matemáticas, naturales y físico-químicas.

    El monarca fundó en Madrid la Academia de Ciencias y Matemáticas, a iniciativa compartida con Juan de Herrera, y dado entusiásticamente a las obras públicas, fomentó las grandes obras portuarias comerciales y defensivas en ultramar desde La Florida hasta la Patagonia y Manila. En otros ámbitos científicos de igual interés y utilidad, financió a historiadores, editores y científicos que describieron la variación magnética de la Tierra y los eclipses lunares; los ingenieros, exploradores y avezados marinos cartografiaron detalladamente el Imperio levantando relaciones topográficas, croquis y dibujos de sus ciudades y posesiones; los etnógrafos, geógrafos y físicos abordaron la descripción geodésica de España y las encuestas de población actualizadas, economía e historia, con suficientes e innovadores medios materiales e intelectuales; los arquitectos y urbanistas, al dictado de las ordenanzas del rey, trazaron ciudades en el Nuevo Mundo, en especial las capitales americanas, que en el presente han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

    El botánico Francisco Hernández, amigo y asesor del rey, viajó al Nuevo Mundo para durante cuatro años elaborar una completa e ilustrada obra en quince tomos con la descripción y clasificación de la botánica medicinal y de la fauna americana del Virreinato de Nueva España, obra ingente de clasificación y descripción a la que añadió un índice analítico y comparativo con las plantas entonces conocidas en Europa, además de referir pormenorizadamente las costumbres, leyes y ritos de los indios y las descripciones de tierras y lugares por sus climas; y un herbolario con plantas disecadas y dibujadas. Al hilo de esta labor educativa, en 1562 mandó a la Audiencia de Santa Fe en el Nuevo Reino de Granada que compilase didácticamente la historia y relaciones de los descubrimientos y conquistas de aquellas regiones remotas.

    En el monasterio de El Escorial se recogían los proyectos de toda clase y las obras concluidas en formato impreso para su conservación y ejemplo de acciones futuras.

Rey Felipe II 2

Retrato de Felipe II por Tiziano (1551)

Imagen de museodelprado.es

 

Monasterio de El Escorial

El Monasterio de El Escorial es el símbolo de Felipe II y su reinado: la figura humana y los ideales del rey quedaron patentes en la arquitectura de la magna obra. La del conjunto arquitectónico es la plasmación del Renacimiento depurado con el estilo español de Juan de Herrera, llamado herreriano, idóneo para las dimensiones colosales.

    La perfección del diseño estriba en lo bien definidas de sus partes: palacio, museo, residencia de monjes, panteón real, jardines privados, la biblioteca. Diez años fueron menester para que una docta comisión formada por arquitectos, filósofos, matemáticos y médicos decidiera el lugar adecuado para su construcción, procurando la obra exacta e imperecedera: al pie del monte Abantos en la Sierra de Guadarrama. Pensada la residencia habitual para los frailes jerónimos.

    Buen organizador y director de grandes empresas, digno matemático y geómetra, Felipe II proyectaba la obra en su tablero con los planos de su maestro Honorato Juan; y una vez iniciados los trabajos propiamente dichos, se le veía subido a los andamios y observando la colocación de las esculturas. Se rodeó de los mejores talentos que profesionalmente destacaban en sus oficios, con independencia de su origen, residencia o patrimonio, a los que distinguió y apoyó de continuo. Por deseo expreso del monarca, fueron enterrados en la iglesia de san Bernabé de El Escorial los nobles y artífices de todas las naciones que trabajaron y murieron durante la construcción; además, desde el principio funcionaba en el monasterio un hospital con sesenta camas. Contaba el rey 36 años al comenzar la obra y 57 a la conclusión; pudo disfrutarla catorce.

    La biblioteca, que puede considerarse la joya más relumbrante entre los relumbros de las joyas que integraban el conjunto arquitectónico, en su origen estuvo compuesta por otras diversas, entre las principales la propia del rey; la del erudito Diego de Mendoza, conde de Tendilla, embajador en Venecia y Roma; la del humanista y arqueólogo Ambrosio de Morales; la del humanista, bibliófilo y cronista Juan Páez de Castro; la del humanista, erudito y políglota Benito Arias Montano; las de los arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera; la del jurista y Consejero de Estado Julio Claro; y las bibliotecas de Antonio Agustino, arzobispo de Tarragona, y del obispo Pedro Ponce de León, ambas con originales latinos, griegos y árabes. A ellas se sumaba la biblioteca reservada de Felipe II, con los libros que ordenó retirar de la circulación para evitar escándalos y murmuraciones, también para preservarlos del daño y el olvido, y aquellos otros considerados personales, los más apreciados por él.

    Felipe II buscó y mandó buscar libros significativamente importantes por toda España y Europa, y aquellos libros y manuscritos relevantes escritos en árabe, persa o turco, convirtiendo la biblioteca de El Escorial en una de las más completas, si no la más completa, de la época renacentista.

Rey Felipe II 3

Retrato de Felipe II por Juan Pantoja de la Cruz (1590)

Imagen de almendron.com

 

 

Artículos complementarios

    Monasterio de El Escorial

    Semblanza de Carlos I

    Francisco Valles

    Las primeras Universidades en América

    Las embajadas europeas de Bernardino de Mendoza

    Ruy López de Segura

    Francisco Hernández

    Benito Arias Montano

    Pedro Menéndez de Avilés

    Santa Teresa de Jesús

    San Juan de la Cruz

    Batalla de Lepanto

    Batalla de San Quintín

    José Celestino Mutis

El primer hospital del mundo para enfermos mentales. Juan Gilabert Jofré

 

Inocentes y desamparados

 

El valenciano Juan Gilabert Jofré, nacido en 1350, fundó el primer hospital del mundo para enfermos mentales.

    Aplicado estudiante de Derecho, llegó a ser un jurista de prestigio. Pero la actividad que de Juan Gilabert Jofré se guarda memoria tiene que ver con su ingreso a los veinte años en la Orden Mercedaria. Es en el monasterio valenciano de El Puig donde a sus estudios en Leyes une los de Teología. En 1374 fue ordenado sacerdote.

    Vicario en Lérida, luego vicario de la iglesia de Santa María del Puig, la más importante de la orden, procurador de la orden de la Merced ante el papado en Aviñón, comendador de Perpiñán, al cabo del monasterio del Puig, prior del convento de la Merced de Barcelona, y por último comendador del convento de la Merced de Valencia el año 1408. Como fraile mercedario ayudó al rescate de los cristianos cautivos en tierras del Islam y a tratar sus problemas mentales. Después de estas misiones, fray Juan Gilabert renunció a sus altos cargos en la Orden para dedicarse a la predicación por toda España y Portugal.

    De regreso a Valencia, el primer domingo de cuaresma del año 1409, de camino a la catedral de Valencia, el padre Jofré presenció las burlas y las agresiones a un demente en plena calle (episodio inmortalizado por el pintor Joaquín Sorolla), gritando: “al loco, al loco”; episodio que trasladó a la conciencia de los feligreses ese mismo día con un sermón destinado a fundar una institución benéfica para la acogida de los enfermos mentales.

    Aprobada la iniciativa por Benedicto XIII y sancionada por el rey Martín I de Aragón, en 1409 nació el hospicio y asilo metal para enfermos mentales denominado de los Santos Mártires Inocentes, que recogía a los dementes pobres y expósitos. La capilla del hospital se dedicó a la advocación mariana de Nuestra Señora de los Inocentes, popularizada posteriormente como Nuestra Señora de los Desamparados, actual patrona de Valencia.

   Gilabert 1

 

Este Hospital de los Santos Inocentes, que hoy en día es el Hospital General Universitario de Valencia, está considerado en el ámbito de la psiquiatría como el primer hospital para dementes de la historia, “un hospital donde los pobres inocentes y furiosos fuesen acogidos” según reza el documento fundacional conservado en la Diputación de Valencia. Y donde se les daba tratamiento médico especializado.

    Fallecido el 18 de mayo de 1417 en el monasterio de El Puig, del padre Jofré se escribió en su momento que era “bachiller en decretos, dotado de mucha virtud, adornado de buenas costumbres y de no pequeña ciencia, muy grato a los ojos de todos los que acuden en masa a la orden de los mercedarios por su probada humildad y muy conocido en toda la ciudad”.

    Loado predicador, además, actualmente se halla abierto su proceso hacia los altares por lo que goza de la condición de Siervo de Dios.

    En el jardín de entrada al Hospital General Universitario de Valencia se le rinde homenaje.

Gilabert 2

Monumento a Juan Gilabert Jofré en el Hospital General Universitario de Valencia.

Imagen de lapidasconmemorativasvalencia.blogspot.com

 

 

Artículos coincidentes

    La bondad prevalece sobre la inteligencia

    Santo Domingo de Silos

    El Santo Cáliz en España

    El pintor de la luz

El descubrimiento de América. Rodrigo de Triana y los hermanos Pinzón

 

A Oriente por Occidente

¡Tierra a la vista!

12 de octubre de 1492 ante la isla de Guanahaní

 

Los tres hermanos Pinzón, Martín Alonso, nacido en 1440, Vicente Yáñez, en 1461, y Francisco Martín, en 1445, son naturales de la localidad onubense de Palos de la Frontera (Huelva). Su fama histórica viene determinada, principalmente, por haber formado parte de la expedición que al mando del almirante Cristóbal Colón descubrió América en la travesía que por Occidente pretendía llegar a las costas de Asia. Los tres hermanos embarcaron en las dos carabelas, por nombres Pinta y Niña, que junto a la nao Santa María navegaron esa ruta ignota para avistar el 12 de octubre de 1492 la isla de Guanahaní, luego conocida como San Salvador. Martín Alonso era el capitán de la Pinta, donde figuraba el marinero vigía Rodrigo de Triana y Francisco Martín su maestre; por su parte, Vicente Yáñez capitaneaba la Niña. Pero antes y después de la citada fecha, los hermanos Pinzón demostraron su valía en rutas comerciales marítimas y de exploración además de participar en acciones navales de combate.

Pinzón

Hermanos Pinzón

Imagen de http://www.pinterest.es

 

Carabelas 3

Carabelas

Imagen de http://www.pinterest.es

 

 

Martín Alonso Pinzón

Antes de la gesta del descubrimiento, había navegado por el mar Mediterráneo y el océano Atlántico en su ruta africana. De tales desempeños náuticos, con su bagaje geográfico y cartográfico, surgió el convertirse en armador y comerciante y en integrante de flotas militares en la guerra contra Portugal.

    Mérito fue de los frailes del monasterio-convento franciscano de Santa María de La Rábida el poner en contacto a Martín Alonso con Cristóbal Colón, encuentro afortunado que en apoyo de la empresa facilitó dos carabelas, Pinta y Niña, medio millón de maravedíes y la recluta de tripulación en las comarcas onubenses para el viaje a las Indias de 1492.

    Martín Alonso se puso al mando de la Pinta.

 

Francisco Martín Pinzón

El hermano menos conocido de la familia Pinzón fue el maestre de la carabela Pinta en la travesía del océano Atlántico que descubrió el continente americano. Sus otras dos navegaciones al Nuevo Mundo con el almirante Colón produjeron descubrimientos beneficiosos para la Corona española; anteriormente había navegado por aguas del Mediterráneo y África occidental.

 

Vicente Yáñez Pinzón

Capitán de la carabela Niña, fue un jefe experimentado que supo mantener la disciplina en su barco ante los conatos de rebelión por la demora insostenible en tocar tierra. A continuación prestó auxilió en el naufragio de la nao Santa María que capitaneaba Cristóbal Colón, quien regresó a España a bordo de la Niña.

    El éxito de la travesía atlántica que descubrió el continente americano, impulsó a Vicente Yáñez la organización de una descubierta por las costas americanas entre 1499 y 1500, a la que le acompañó su sobrino Arias Pérez Pinzón, siendo esta navegación la primera en rebasar la línea ecuatorial y situarse frente a la desembocadura del río Amazonas, lo que otorga a su persona e iniciativa el descubrimiento de Brasil.

    Su última travesía fue por aguas de la península del Yucatán.

 

____________________

 

Un grito de aviso célebre y celebrado en la historia universal es el que pronunció Rodrigo de Triana desde la cofa de la carabela Pinta: ¡Tierra! La del Nuevo Mundo que se interpuso en la travesía hacia Oriente por Occidente, un continente que fue llamado posteriormente América.

Triana

Monumento en Sevilla a Rodrigo de Triana

Imagen de http://www.docelinajes.org

 

El marinero que dio la voz más deseada cuando las fuerzas de los esforzados navegantes de la nao Santa María y las carabelas Pinta y Niña bordeaban el límite de la supervivencia era Rodrigo Pérez de Acevedo, sevillano nacido el año 1469, según informa el Cuaderno de Bitácora del almirante Cristóbal Colón que puede consultarse en el Archivo de Indias de la capital hispalense; aunque también pudiera ser el famoso marinero un tal Juan Rodríguez Bermejo, nacido en la localidad sevillana de Los Molinos y no en el barrio de Triana, o puede que en el municipio onubense de Lepe, el año 1469. El aviso del vigía sonó desgañitado a las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1492, festividad de la Virgen del Pilar y así lo refiere el almirante: “Porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana”. La tierra que avistó Rodrigo era la isla Guanahaní, que Cristóbal Colón bautizó San Salvador.

Carabelas 1

Nao Santa María y carabelas Pinta y Niña (recreación).

Imagen de http://www.eltelescopiodigital.com

 

Rodrigo de Triana embarcó en la carabela Pinta, capitaneada por Martín Alonso Pinzón y con su hermano Francisco Martín Pinzón como maestre, durante la primera travesía de la flota al mando del almirante Cristóbal Colón que pretendía alcanzar las costas de Asia siguiendo una ignota ruta occidental. La carabela Niña, gemela de la Pinta, estaba capitaneada por Vicente Yáñez Pinzón, y la nao Santa María por el propio almirante Colón.

    Una vez hollado el Nuevo Mundo, la nao y las carabelas prosiguieron descubierta por las aguas caribes. Pero la Pinta extravió la compañía de la Niña y la Santa María, navegando en solitario desde el 22 de noviembre de 1492 hasta el 6 de enero de 1493. Según el almirante, que lo dejó escrito en su Cuaderno de Bitácora, la noche del 21 al 22 de noviembre la Pinta puso rumbo Este para ir a la isla de Baneque, La Española o Hispaniola; al producirse el reencuentro, la Pinta venía de ese punto cardinal, habiendo rodeado La Española, y por primera vez se cita el nombre de Yamave, que es la denominación original de Jamaica. Un reconocimiento de islas del que formó parte el marinero vigía Rodrigo de Triana.

    En 1525, ya como piloto de la nao Santa María de la Victoria, Rodrigo de Triana o Juan Rodríguez Bermejo, embarcó en la expedición de García Jofre de Loaysa a La Especiería (las islas Molucas o el Maluco), donde figuraban nombres ilustres como Juan Sebastián Elcano y fray Andrés de Urdaneta, frustrada por las inclemencias, siendo la última de sus navegaciones al fallecer en junio del año siguiente.

Carabelas 2

Nao Santa María y carabelas Pinta y Niña (recreación).

Imagen de http://news.hispagenda.com

 

 

Artículos complementarios

    Las capitulaciones de Santa Fe

    La primera circunnavegación de la Tierra

    El tornaviaje

    La exploración del río Amazonas

Liberalismo. Escuela Española

 

Escuela Española de Economía – Escuela de Salamanca

La causa de la libertad, la propiedad y la nación.

Siglos XVI a XIX: El pensamiento liberal español

 

En España surgió la primera Escuela de Occidente digna de tal denominación desde la Edad Media, origen del pensamiento liberal. Su influencia se ha extendido por el tiempo y la historia, siempre enarbolando la bandera de la libertad del individuo, de la defensa de la persona frente a las arbitrariedades del poder y de la economía de mercado como paradigma de la cultura y las relaciones sociales. Convertida al cabo en la principal escuela económica de la historia y germen de la globalización.

    La Escuela Española, también llamada Escuela Española de Economía, de propósito trascendental, engloba con justicia a todos los académicos españoles ejerciendo en las principales universidades españolas durante los siglos XVI y XVII (Salamanca, Palencia, Sevilla, Valencia y Alcalá de Henares); aunque se ha generalizado el nombre de Escuela de Salamanca para definirla, al ser Francisco de Vitoria, catedrático de la misma, uno de sus egregios y más conocidos autores.

    A consecuencia de la llegada al Nuevo Mundo y sus inmediatos movimientos migratorios y comerciales ultramarinos, se hizo imprescindible el estudio de los conflictos morales, económicos y sociales que produjo tan relevante hecho para la humanidad; a los que dieron respuesta los escolásticos españoles con una extraordinaria visión humanista de futuro.

    Su marco institucional escolástico la determinan como una escuela multidisciplinar en la que figura como valores superiores los derechos de la persona, tal y como el derecho a la vida, a la libertad, la propiedad, la protección de la familia, la utilización y difusión del lenguaje como vía de comunicación, las prácticas comerciales independientes, la actividad empresarial, las entidades financieras privadas, la igualdad jurídica ante la ley, la soberanía popular, la división de los poderes del Estado, la representación política en los órganos correspondientes, la oposición frente a los despotismos y las tiranías y la limitación del poder ejercido sobre los individuos. Lo que significa, en síntesis, que la propiedad es garantía de la libertad y ambas, propiedad y libertad vienen determinadas por la seguridad jurídica que, a su vez, deviene de ellas; las tres son esenciales para la dignidad sagrada de la persona en la ideología de la Escuela Española. Un auténtico compendio de la democracia liberal y la economía de mercado.

    Los pensadores españoles alumbraron con su obra intelectual la política y la economía de Occidente, Europa y América, desde su propio fundamento liberal, hasta el desarrollo de la teoría contemporánea. La causa de la libertad del individuo es el eje motriz de los escolásticos españoles.

 

Personalidades de la Escuela Española

Pertenecientes a distintas órdenes religiosas (dominicos, agustinos, jesuitas), en la proyección internacional de la Escuela Española descuellan Francisco de Vitoria (teólogo, escritor de doctrina política y jurista), Juan de Mariana (teólogo, escritor de doctrina política, historiador y economista), Francisco Suárez (Doctor Eximius et Pius, filósofo y teólogo), Domingo de Soto (teólogo, jurista, filósofo y confesor real), Diego de Covarrubias (humanista, jurista, teólogo, historiador y filólogo), Martín de Azpilcueta (Doctor navarro, economista, jurisconsulto y teólogo), Tomás de Mercado (teólogo moralista y economista), Melchor Cano (filósofo y teólogo renovador de la Teología tomista), Luis de Molina (filósofo, teólogo y jurista), Pedro de Valencia (humanista, hebraísta, crítico literario, filósofo, traductor, historiador y cronista de Felipe III), Juan de Salas (jurista, teólogo y economista), Luis Saravia de la Calle (teólogo y economista) y Juan de Lugo (teólogo, académico y cardenal).

_______________

__________

 

Constitución política de la Monarquía española,

dada en Cádiz a 19 de marzo de 1812.

 

DON FERNANDO VII, por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, rey de las Españas, y en su ausencia y cautividad la Regencia del reino, nombrada por las Cortes generales y extraordinarias, a todos los que la presente vieren y entendieren, SABED: Que las mismas Cortes han decretado y sancionado la siguiente Constitución política de la Monarquía española. 

En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Autor y Supremo Legislador de la sociedad.

    Las Cortes generales y extraordinarias de la nación española, bien convencidas, después del más detenido examen y madura deliberación, de que las antiguas leyes fundamentales de esta Monarquía, acompañadas de las oportunas providencias y precauciones, que aseguren de un modo estable y permanente su entero cumplimiento, podrán llenar debidamente el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la nación, decretan la siguiente Constitución política para el buen gobierno y recta administración del Estado.

 

TÍTULO PRIMERO

DE LA NACIÓN ESPAÑOLA Y DE LOS ESPAÑOLES

Capítulo primero

DE LA NACIÓN ESPAÑOLA

Art. 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

Art. 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

Art. 3. La soberanía reside esencialmente en la nación, y, por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.

Art. 4. La nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.

 

Capítulo II

DE LOS ESPAÑOLES

 

Art. 5. Son españoles:

    Primero: Todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos

    Segundo: Los extranjeros que hayan obtenido de las Cortes carta de naturaleza.

    Tercero: Los que sin ella lleven diez años de vecindad, ganada según la ley, en cualquier pueblo de la Monarquía.

    Cuarto: Los libertos, desde que adquieran la libertad en las Españas.

Art. 6. El amor a la patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y asimismo el ser justos y benéficos.

Art. 7. Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, obedecer las leyes y respetar las autoridades establecidas.

Art. 8. También está obligado todo español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado.

Art. 9. Está asimismo obligado todo español a defender la patria con las armas, cuando sea llamado por la ley.

____________________

 

Liberalismo: doctrina y principios

La doctrina liberal defiende e impulsa la iniciativa individual y la conducta personal tanto en el ámbito privado como en el público, que comprende las relaciones entre los seres humanos. Los principios liberales pretenden limitar la regulación intervencionista del Estado en las actividades económicas, sociales y culturales.

    El liberalismo es un sistema de pensamiento filosófico y político destinado a la promoción y afianzamiento de las denominadas libertades civiles, contrario siempre a la imposición y el sometimiento característicos de los sistemas despóticos y totalitarios. El ejemplo universal del liberalismo en la práctica sociopolítica es la democracia representativa; las democracias liberales son las propias del mundo libre, y su principal manifestación es el Estado de Derecho. En virtud de la democracia liberal, los ciudadanos soberanos eligen a sus representantes. La libertad, la propiedad y las leyes que amparan a la persona y sus bienes son las esencias del liberalismo.

Con anterioridad a la Constitución de Cádiz, promulgada en 1812, radicaban en España grupos liberales que anticipaban el espíritu innovador y trascendente del liberalismo.

    En la Constitución de Cádiz, la Pepa, bautizada popularmente así por sancionarse el día 19 de marzo, festividad de San José, se abolía el absolutismo, los estamentos de una sociedad rígida y las trabas a los ejercicios y desarrollos económicos de los particulares. Pero también, nacida en un momento crucial para la independencia de España, la Constitución de 1812 impulsaba la conciencia patriótica nacional. La nación por la que abogaron los constituyentes liberales entregaba la titularidad de la soberanía a los españoles y el ejercicio de la misma a sus representantes en las Cortes.

    Desde la tradición, plasmada en las leyes medievales, los constitucionalistas declararon en el discurso preliminar que “las bases de este proyecto han sido para nuestros mayores verdaderas prácticas, axiomas reconocidos y santificados por las costumbres de muchos siglos”. En definitiva, que el liberalismo moderno surgía de una tradición refrendada por actuaciones legislativas precedentes y originales.

 

 

Artículos complementarios

    Escuela de Salamanca

    Juan de Mariana

    Francisco de Vitoria

    Francisco Suárez

    Lo que el mundo debe a España

    Liber Iudiciorum

    Real Consejo de Indias

    Las leyes de Burgos

    Escuela Universalista Española

    Observaciones sobre la Constitución de 1812