Tres cosas hay

 

A las folclóricas —pero no por ello menos ciertas— tres cosas que en la vida son: salud, dinero y amor, para uso y disfrute de cuanto es posible hacer y tener, se añaden las complementarias: alimento, refugio y compañía, que para un sinnúmero de criaturas al albur de las circunstancias —a las que la salud, el factor primordial, dura lo que la naturaleza quiere— resultan decisivas.

    Con alimento, refugio y compañía, se andan mejor los caminos y pasan más ufanos los días en el mundo a cada cual adjudicados.

Pastor 1

Philipp Peter Roos: Paisaje con ganado (s. XVII).

 

Pastor 2

Philipp Peter Roos: Una cabra, ovejas y un perro descansando en un paisaje (s. XVII).

 

Gracias a las tres mercedes conseguidas desde la necesidad al beneficio, el individuo y la especie subsisten y persisten, y aquello mal dado, siempre al acecho, cuesta de atravesar la fortaleza protectora.

    Ventajas todas, o casi; perjuicios ninguno, o pocos.

    A esa tres cosas cantadas que a la vida dan sentido en verso y baile, se integran esa tríada mostrada en obra y no sólo en razón; y así, unidas en el trayecto, el alimento es a la salud lo que el refugio al dinero y la compañía al amor. Y viceversa.

La figuración del sufrimiento y el sacrificio

 

Sensibilizada ante un suceso que ocupa y desplaza el horizonte, la persona frente a su condición humana interpreta el dolor, la renuncia y el tránsito entre situaciones con el dramatismo de una obra propia vivida de improviso y sin excusa.

La Piedad 1

Gregorio Fernández: La Piedad (1627). Iglesia de San Martín y San Benito el viejo, Valladolid.

 

Conmovido el espectador por la certeza de protagonizar algún día el papel que hoy se admira en su realismo y se teme en su inefable realidad, que ahora demanda presencia y mañana lo mismo con sólo una permuta de posiciones, acude a su encuentro la emoción para imprimir carácter, para depositar memoria cuando el recuerdo ya sea en vano.

La Piedad 2

Juan de Ávalos: La Piedad (1951). Basílica Pontificia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

 

Una parte de cada uno con el corazón latiente viaja instintivamente, siquiera un momento, ese tiempo difícil de cuantificar porque escapa a las mediciones, de presente a futuro para mirar a la inversa a través del llanto de la propia muerte.

La Piedad 3

Miguel Ángel: La Piedad (1498-99). Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

 

La tristeza por lo que contrariadamente se deja, también la alegría por lo que merecidamente se tuvo, esculpen con mano artesana y presteza de artista una imagen extraordinaria de sincera afectación oscilando, como la llama al viento, de la vida a la muerte; y, todavía, viceversa.

Lauros por partida doble

 

Al paso de las épocas, con sus cíclicas manifestaciones, unos aspectos mejoran la calificación objetivamente sensata y críticamente juiciosa del humano proceder mientras otros lo empeoran, y aunque sin llegar a desmembrar el sostén tienden a dar pases entre vaivenes para ir ejecutando la sentencia de finiquito.

    Los aspectos que mejoran son posibles gracias a la complementariedad de lo en apariencia, y en la práctica negocio, véndese como incompatible; quizá por aquello de restar celos e impotencias a lo envidiable y sano.

Peculiar 1

Estatua de Cristo sedente (siglo IV). Museo Cristiano de las Termas, Roma.

 

Peculiar 2

Jean-Baptista Carpeaux: La danza (1869). Musée d’Orsay, París.

 

Cierto es que un intelecto cabe en un atleta y viceversa, una condición atlética en un pensamiento múltiple e indagador; con el significado pedestre de que cabeza y cuerpo van de la mano si la persona quiere, gusta de ejercitarse en ambas y por ello apuesta.

    No es menos cierto que, andando un tiempo sedentario donde escasean los brillos que contagian a la reducida especie afanosa de superación y abundan los lucimientos con patrocinio, valga la paradoja, eso de alcanzar la gloria terrenal en el deporte y en el pensamiento cae en terreno prohibido, por no ofender a la institucionalizada, arduamente potenciada, masivamente difundida, y subvencionada tríada de la inepcia, la desidia y el obediente seguidismo de proclamas y consignas.

Charada

 

La idea del cambio circunstancial de apariencia, con motivo de una celebración arraigada en la que suele participar gente diversa plena de ánimo lúdico, es casi tan antigua como el deseo de conocer la causa y el sentido de los fenómenos que rigen la existencia humana.

CH139966

Eduardo León Garrido: Un buen libro.

 

La muestra ocasional de personalidades tomadas en préstamo cobra un cariz variable, de acuerdo con la variopinta elección de los actores, involucrados en la trama de enredo al adquirir el compromiso de la asunción extemporánea y paródica, rayana con lo burlesco o desbordante de sarcasmo, de los interpretados en sus más destacadas peculiaridades.

    La muda de vestuario y papeles, la adopción del carácter forjado por la naturaleza y los hábitos en el individuo, el retrato de situaciones y demás episodios de la escenificación añadidos al hilo conductor, el entretenimiento, la exageración cómica, también el ajuste de cuentas y el sueño apenas cumplido de asemejarse al modelo, son las lecturas de la aproximación doméstica al teatro de la denuncia y la sátira.

Charada 1

Eduardo León Garrido: La hora del té (1897).

 

Importa menos el ridículo propio cuando se representa en nombre de un tercero que, ausente o presente, deja correr los acertijos para no magnificar el alarde fustigador de su cola ni el énfasis dramático de la puesta en escena.

Adopción

 

Adopción 1

Jacopo Bassano: Entrada de los animales en el Arca de Noé (h.1570). Museo Nacional del Prado, Madrid.

 

Adopción 2

Escuela inglesa: Hombre con tres perros y un gato (s. XIX).

 

Yo, una mascota adoptada, perro de buen servicio y grandes afectos, me dirijo a su natural curiosidad y posible interés hacia mis colegas pendientes del favor de la adopción.

    Ustedes adivinan que estas líneas las escribe la persona que me ha adoptado, porque carezco del don de la palabra, y aunque me familiarizo con los lenguajes que me convocan otra cosa es hablarlos y aún más allá expresarme con humana diligencia; pero al mismo tiempo deducen, con razón, que las he inspirado y también, para ayudar a mis semejantes, pedido.

    Permítanme que me presente: soy un animal recogido por una institución benéfica, integrada y dirigida por personas beneméritas, a quien agradezco me brindara un futuro de hogar, y al cabo adoptado para satisfacción mía y de mis acogedores; dicho esto último con la debida modestia. Nacido para vivir en el mundo que a todos, racionales e irracionales, nos acoge, mi caza diaria y preferida es la de voluntades, gratitudes y sentimientos, a los que correspondo con mi carácter afable, de especificidad conviviente. mi intención doméstica, propósito familiar, mis ganas de sumar emociones, con juegos y anhelos recíprocos, y mi afán por recorrer los paisajes del mundo de la mano de quien me lleva y me trae sea cual fuere el medio empleado para llegar y volver sin excederme en los trasiegos, que la obediencia es el primer mandamiento, de la mano y ojo de quien me cuida, me enseña, y mutuamente nos protegemos y nos damos vida. Un regalo compartido que deseo eterno.

    Porque nada hay para mí, después de poder entregar mi devoción, que supere la dádiva de la tranquilidad: poder dormir sin temor a la inclemencia, a los sobresaltos y no me refiero sólo a los petardos y a las aglomeraciones ruidosas, que dentro de casa olvido pronto y a las amenazas es una maravilla; sentir de la mañana a la noche la compañía querida es una bendición. Cuando reina esa confianza nada me asusta y estoy dispuesto a participar en lo que me propongan los míos dispensando alegría y plena actitud.

    Ya sé que el contenido de la carta es aplicable a todos mis hermanos animales y, en mayor o menor medida, a todos los seres que pueblan la Tierra; por lo cual y para no reiterarme en virtudes demostrables con el trato, su seguro servidor les ruega que adopten y que al elegir no descarten a unos por carecer publicitaria y subjetivamente de la fama y los atribuidos talentos de otros. No se arrepentirán, les doy mi palabra; y esta vez no es prestada.

 

Adopción 3

Frederick Smallfield: Niña y perros (caridad).

 

Tintoretto, La creaci—n de los animales, 1551-1552. îleo sobre t

Tintoretto: La creación de los animales (1550-53). Gallerie dell\’Accademia, Venecia.