El marino, científico y explorador Dionisio Alcalá Galiano

Campañas hidrográficas en los océanos Atlántico y Pacífico y el mar Mediterráneo

 

Marino de la Real Armada, científico y explorador, Dionisio Alcalá Galiano nació en Cabra, provincia de Córdoba, en 1760. Es uno de los más cualificados marinos científicos de la Ilustración española. Inició su formación científica a edad temprana y en la mar a las órdenes de Vicente Tofiño, participando en los importantes levantamientos cartográficos de las costas de España necesarios para el proyecto del Atlas marítimo.

    Guardiamarina con tan solo dieciséis años, en 1776 embarcó en la fragata Júpiter y un año después participaba en las campañas de Brasil y el Río de la Plata; la primera contra los portugueses con la escuadra del marqués de Casa Tilly y un cuerpo de desembarco a las órdenes del general Pedro Cevallos, conquistando la isla de Santa Catalina en aguas brasileñas; la segunda, en Montevideo, bloqueando y rindiendo la colonia del Sacramento, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata.

    Durante el proyecto del Atlas marítimo formó parte de la tripulación de la fragata Lucía y colaboró en los trabajos desarrollados en Algeciras y el Mediterráneo entre 1784 y 1785.

    Ya cualificado científicamente, el joven teniente de fragata inició su andadura como cartógrafo y astrónomo en la fragata Nuestra Señora de la Cabeza que, al mando de Antonio de Córdova, llevó a cabo una importante campaña hidrográfica en el estrecho de Magallanes entre 1785 y 1786.

   Alcalá Galiano 1

Dionisio Alcalá Galiano

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Ascendido a teniente de navío, de nuevo a las órdenes de Tofiño, junto con el personal del Observatorio de Marina, continuaron los levantamientos de las costas de Asturias y Vizcaya a lo largo del año 1788, elaborando unas detalladas cartas náuticas. De esta época es también la corrección de la carta de las Azores llevada a cabo por Vicente Tofiño con la fragata Santa Perpetua y los bergantines Vivo y Natalia, éste mandado por Alcalá Galiano. Esta importante formación científico-práctica condicionó la presencia de Alcalá Galiano como oficial astrónomo en la más importante expedición científica española por mar de la Ilustración: la Expedición Mundial, con importantes finalidades políticas y científicas, comandada por Alejandro Malaspina y José Bustamante y Guerra.

    La expedición partió de Cádiz el 30 de julio de 1789 y recorrió toda América, de Montevideo a Alaska, los archipiélagos del Pacífico, Vavao, Carolinas, Marianas, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. En este colosal viaje ilustrado, el protagonismo de Alcalá Galiano es incuestionable, ya que su sólida formación científica junto a Tofiño y su familiaridad en el uso de modernos instrumentos de observación astronómica, dieron gran relevancia a sus trabajos, como acredita la abundantísima documentación conservada en el Archivo del Museo Naval de Madrid. Fue sin duda una figura clave en el desarrollo del ambicioso proyecto científico del viaje: volver a cartografiar la totalidad de las costas americanas y levantar mapas fiables del inmenso Pacífico, nuevamente clave en la estrategia política de los grandes imperios marítimos mundiales.

    Principal oficial astrónomo de la expedición, embarcado en la corbeta Atrevida, recorrió entre 1789 y abril de 1791, cuando recaló por segunda vez en Acapulco, la totalidad de las costas americanas, realizando observaciones de gran relevancia en Montevideo, Puerto Deseado, Puerto Egmont (Malvinas), Puerto Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Coquimbo, Arica, Callao, Guayaquil, Puerto Pericó, San Blas y Acapulco. En México fue comisionado por Malaspina para reordenar todos los materiales astronómicos del viaje y realizó importantes mediciones, de modo que permaneció en su comisión hasta el retorno de la Atrevida al puerto de Acapulco procedente de la costa noroeste., en fecha octubre de 1791.

Alcalá Galiano 2

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Nuevas órdenes de la Corona recibidas durante esta campaña dieron lugar a un nuevo y prolijo reconocimiento de la costa septentrional de América, en busca del ansiado y estratégico Paso del Noroeste, citado por Ferrer Maldonado siglos atrás; Malaspina comisionó para esta misión a dos de sus más valiosos oficiales: Alcalá Galiano, al mando de la goleta Sutil y Cayetano Valdés, al mando de la goleta Mexicana, mientras el resto de la expedición continuó sus navegaciones hacia las Filipinas y el Pacífico sur.

    El 8 de marzo de 1792 salieron ambas goletas hacia Nutka, donde permanecieron entre el 13 de mayo y el 5 de junio. En la bahía de Núñez Gaona, Alcalá Galiano determinó la longitud y levantó un plano del puerto; realizó idéntica labor en el estrecho de Juan de Fuca a lo largo del mes de junio, Nutka y las costas de la actual Vancouver, ensenada del Engaño y Puerto Cepeda. En la cala del Descanso permaneció con sus hombres hasta el 19 de junio sin haber localizado el deseado Paso del Noroeste. Estos días ocurrió el encuentro con el célebre marino y explorador británico Vancouver, con quien navegó hasta el canal de Lewis; continuando luego, junto a Valdés, los reconocimientos del laberinto de canales de la tierra firme de la actual Columbia Británica sin obtener resultado alguno. Testigo de aquellas derrotas es la isla que descubrió, Galiano island actualmente, situada entre la Isla de Vancouver y la costa pacífica de la Columbia Británica, en Canadá. Por fin el 23 de agosto las goletas regresaron al Pacífico levantando diversos puertos hasta su recalada en Nutka el 1 de septiembre, concluyendo que no existía paso alguno hacia el Atlántico en el estrecho de Fuca. En noviembre de 1792 volvieron a Acapulco.

    Estos reconocimientos, además de importantísimos para la geoestrategia de la época, alcanzaron gran difusión al lograr su publicación presentándolos a la corte como expedición separada y no dimanada de la proscrita de Malaspina, cuyos espléndidos resultados permanecieron inéditos hasta mucho después. Según informa y demuestra en la Memoria de sus observaciones de longitud y latitud publicada en 1796, es el inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar de un astro a cualquier distancia del meridiano. Tras su retorno a Cádiz, Alcalá Galiano llevó a cabo su última campaña científica entre diciembre de 1802 y octubre de 1803, en la fragata Soledad, con la que realizó una extensa campaña hidrográfica por el Mediterráneo hasta Constantinopla.

    La postrera de Alcalá Galiano cumplió satisfactoriamente con la encomienda fijada. A bordo de la fragata Soledad, recibió la orden de dirigirse a los mares de Grecia y Turquía para levantar las cartas del Mediterráneo Oriental, hasta la fecha harto deficientes. Marcó y situó astronómicamente todas las islas e islotes de aquella zona y prosiguió navegación hasta Buyukderé, provincia de Estambul, y la embocadura del mar Negro. Su persona recogió el aprecio y la distinción de cuantas autoridades tuvieron noticia de la campaña, de Atenas a Constantinopla, y en el resto de puertos mediterráneos visitados. Ya en España elaboró las cartas náuticas encomendadas, recibiendo la felicitación máxima por su acertado desempeño.

    Poco después, al mando del navío Bahama murió heroicamente en el combate de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, igual que otro ilustre científico, marino, patriota y compañero, Cosme Damián Churruca, además de otros valiosos y valientes oficiales que fueron víctimas de la incompetencia del aliado francés.

 

 

Artículos complementarios

    Vicente Tofiño

    Federico de Gravina

    Cosme Damián Churruca

    Juan Francisco de la Bodega y Quadra

Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional. Cosme Damián Churruca

“Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”

 

Patriota con ejemplo diario, eminente cartógrafo y matemático, intrépido explorador, brillante y heroico militar integrado en la oficialidad de la Armada Española denominada “de los científicos” y comandante de la Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional, Cosme Damián Churruca y Elorza, natural de la Guipuzcoana villa de Motrico, nació en 1761. Su ardua labor en los ámbitos de la navegación exploradora y el estudio científico contribuyó al avance de las nuevas ciencias y técnicas de la Marina nacional, revitalizada con el impulso de los ilustres José Patiño y Rosales y Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada.

    Salido de su villa natal con vocación marinera, primero fue a cursar humanidades (estudios de bachillerato) en el seminario de Burgos, ingresando en 1776, con quince años de edad, en la Academia de Guardiamarinas en Cádiz; dos años después finalizó su carrera en El Ferrol con el despacho de alférez de fragata.

    Una vez licenciado, actuó embarcado a bordo del navío San Vicente y la fragata Santa Bárbara contra los británicos en varias campañas, la postrera en esa época en el asedio de Gibraltar entre 1779 y 1783, a las órdenes del general Martín Álvarez de Sotomayor, con los reputados marinos Juan de Lángara, Luis de Córdova y Antonio Barceló, y junto a Federico de Gravina, con quien alcanzaría honores en Trafalgar. Acto seguido, habiendo cumplido con lo que se le encomendaba, solicitó y obtuvo plaza en el curso de estudios sublimes en El Ferrol, de reciente creación, destinado a los oficiales con mejores dotes cuyo objetivo era el de conseguir una Marina óptima para la defensa de los territorios nacionales, el aseguramiento de las rutas comerciales para el comercio ultramarino y el envío de expediciones científicas de buen provecho. En esta etapa amplió sus conocimientos de matemáticas, física y astronomía, presentando a la imprenta un trabajo que resultaría de los más considerados de su producción: Instrucciones sobre puntería para los bajeles del rey.

    Infatigable en la observación astronómica, dedicando gran interés práctico a la medición de los astros, fuente primordial para la correcta navegación, dio entusiásticamente en participar en distintas empresas militares y no menos fervoroso en la colaboración con instituciones de la Marina queriendo revertir su evidente decadencia.

    La misión inaugural de Churruca lo llevó al Estrecho de Magallanes (Estrecho de la Madre de Dios, en tiempos de Pedro Sarmiento de Gamboa), zona de interés geoestratégico y comercial pese a su intrincado acceso y frecuentes inclemencias, para completar su cartografía y las especiales características de sus fieras aguas; el diario de navegación fue publicado en 1793 como apéndice a la edición de Fernando de Magallanes, y también dio a conocer su Relación sobre la Tierra de Fuego, elaborando a la par multitud de mapas y estudios de la inhóspita región. Con Churruca embarcó su compañero del curso de estudios superiores Ciriaco Ceballos, ambos encargados prioritariamente de las tareas astronómicas y geográficas. Superadas a duras penas las múltiples dificultades, los resultados del viaje sobre las circunstancias de la navegación en aquellas remotas latitudes: corrientes marinas, fuerza de los vientos, altura y frecuencia de las olas, impacto de las mareas, sirvieron para establecer un paso más seguro y definitivo entre los océanos Atlántico y pacífico y para demostrar la solvencia de la ciencia hidrográfica española en manos, cabeza y espíritu de los muy bien formados marinos.

Churruca 1

Cosme Damián Churruca

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Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional

De vuelta a España fue incorporado al equipo del Observatorio de Marina de Cádiz, y al poco fue nombrado comandante de la ambiciosa expedición al Caribe y América del Norte con el propósito de perfeccionar las cartografías existentes. Se le denominó Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional, siendo en realidad dos expediciones en una, mandadas por Churruca y Joaquín Francisco Fidalgo, con los navíos Descubridor y Vigilante, que zarpó en 1791. La expedición debía recorrer las Antillas Menores, o Pequeñas Antillas (en poder de otros Estados), para comprobar su extensión individual y conjunta, los canales de separación entre ellas y las posiciones astronómicas. No pudo desarrollarse según el plan previsto, pues debían reconocerse también las costas de Cuba y el canal de las Bahamas y después explorar la costa norte del Seno Mexicano desde la desembocadura del río Mississippi a los litorales de Luisiana y Florida. No fue posible. Arribados a la isla de Tobago pusieron proa a Puerto España, capital de la isla de Trinidad, estableciendo aquí el meridiano de referencia para todas las mediciones.

    Churruca y Fidalgo elaboraron una nueva carta náutica en sustitución de la Carta de Trinidad levantada por Cayetano Llorente: ambos marinos se repartieron la cartografía del litoral de Trinidad, incluidos los bajíos y los escollos dificultando la navegación, las poblaciones a la vista y la averiguación de la longitud y latitud.

    La expedición continuó sus observaciones en la vecina isla de Tobago y las islas inglesas de Granada, Granadinas y San Vicente, no pudiendo visitar las de dominación francesa por hallarse en poder de los revolucionarios.

    Se dirigieron a Puerto Rico para reponer fuerzas y encontrar reemplazo a los hombres enfermos y exhaustos tras la penosa navegación de los meses precedentes. Una tarea impedida en gran parte por la situación bélica imperante y la llegada del invierno: circunstancias que pese a lo desfavorable sirvieron, aprovechando el tiempo, para elaborar el plano del puerto de San Juan y desde esta base recorrer las aledañas islas Vírgenes.

    Ante la persistencia de la situación de peligro en el Caribe y a bordo de unos barcos escasamente preparados para llevar a cabo los trabajos científicos y a la par defenderse de posibles ataques, Churruca decidió regresar a Puerto España en Trinidad navegando el exterior de las Pequeñas Antillas, observándolos a medida que por ellas pasaban: San Eustaquio, San Bartolomé, San Cristóbal, Nieves, Montserrat, Dominica y Martinica. Una vez en Trinidad, centro activo de estudios náuticos por aquel entonces de investigación, ordenaron los resultados y en agosto de 1794 recibieron la orden de volver a España para relevar la tripulación; habían transcurrido tres años y cuatro meses desde la partida.

    Tiempo después, Churuca lamentaba y denunció que debido a los cambios políticos se olvidasen sus trabajos sobre unas costas más conocidas por las demás naciones que por la española, declarada no obstante la pretensión de conservarlas. Finalmente, entre 1802 y 1811, varias cartas esféricas y geométricas vieron la luz, entre ellas una de las Antillas y otras de la isla de Puerto Rico, titulada genéricamente Carta esférica de las Antillas y la particular geometría de Puerto Rico, fechada en 1802. Toda la documentación conseguida durante la travesía acrecentó la fama de los resultados científicos de la Expedición Hidrográfica del Atlas de la América Septentrional.

Churruca 3

Imagen de sellosdelmundo.com

 

Cumplía treinta y dos años Churruca en 1793 con los méritos contraídos en la tarea científica, y en premio, pese a su juventud para ello, se le otorgó el mando del buque Conquistador; a sus dotes innatas como jefe se unían las de marino práctico.

    En 1795 fue comisionado para visitar en París lugares donde se desarrollaba su especialidad, amén de ampliar sus conocimientos científicos en beneficio de España; en la capital francesa recibió un trato atento y distinguido, al extremo que en esa fecha el primer cónsul, Napoleón, le hizo entrega de un sable de honor.

    Un merecido periodo de reposo en su localidad natal, dio paso a la incorporación a las armas en 1803, esta vez al mando del navío Príncipe de Asturias; y pasados dos años fue de su responsabilidad el navío San Juan Nepumoceno, del que se ocupó también del armamento y la puesta a punto, y donde falleció, con los entorchados de Brigadier de la Real Armada Española, el 21 de octubre de 1805 en glorioso acto de servicio.

El sacrificio de la gran flota española en Trafalgar es el resultado de la alianza lamentable con la Francia napoleónica, juntas las dos Armadas bajo el incompetente y cobarde mando del almirante Pierre Villeneuve, de infausta memoria.

    Los españoles contaban con magníficos barcos, entre ellos el de mayor tamaño existente, el navío Santísima Trinidad, y unos marinos excepcionales como Federico de Gravina (que perdió un brazo, de cuya resulta murió a los pocos meses), Dionisio Alcalá Galiano (acribillado y decapitado en su puesto de mando por descargas y proyectiles), Francisco Alcedo y Bustamante (destrozado por una bala de cañón) y el propio Cosme Damián Churruca. Éste contemplaba abatido las disposiciones del almirante francés, sobre las que expresó lo siguiente: “Nuestra vanguardia será aislada del cuerpo principal y nuestra retaguardia se verá abrumada. La mitad de la línea estará obligada a permanecer inactiva. El almirante francés no lo entiende. Sólo ha de actuar con osadía, sólo ha de ordenar que los barcos de la vanguardia viren de nuevo a sotavento y se sitúen detrás de la escuadra de retaguardia. Eso colocaría al enemigo entre dos fuegos. ¡Estamos perdidos!” De manera premonitoria, triste y realista, declaró a su genbte que “Antes de rendir mi navío lo he de volar o echar a pique”; y a su entrañable hermano político José Juan Ruiz de Apodaca y Eliza (que rescataría cuanto pudo de la derrota en Trafalgar y llegó a ser Comandante general de la escuadra del Océano, embajador en Londres, capitán general de Cuba y las dos Floridas, virrey de Nueva España (1816-1821) y capitán general de la Armada): “Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”.

    El navío de Churruca fue rodeado y cañoneado por seis ingleses en el transcurso de la desigual batalla. Acudía presto a donde mayor riesgo se corría para infundir el valor que a los españoles no faltaba y luchar como el primero supliendo las bajas continuas, hasta que recibió el impacto de una bala de cañón que le amputó la pierna. “No es nada, siga el fuego”, animó escapándosele la vida; aún pudo disponer en su agonía que no se rindiera el navío mientras él estuviera vivo. Por su parte, Villeneuve, en consonancia con su actitud previa, se dejó hacer prisionero; aunque acabó suicidándose.

Churruca 2.

Cosme Damián Churruca

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Artículos complementarios

    Vicente Tofiño de San Miguel

    Dionisio Alcalá Galiano

    Federico de Gravina

    Antonio de Ulloa y Jorge Juan

    Los primeros observatorios españoles

    Juan de la Cosa

Bandera y Escudo de España

 

Breve historia de la Bandera de España

En el origen de la bandera de España figura destacado el estandarte de los Reyes Católicos, símbolo que unificó en una las diferentes enseñas y banderas en uso. Al cabo, época de Juana I de Castilla, hija de Isabel y Fernando, y su marido el archiduque Felipe, la bandera representativa de España fue de color blanco bordado en el rojo de la Cruz de Borgoña; que cambió en tiempos de Felipe V por el escudo de armas de la dinastía borbónica.

Estandarte RR.CC

Estandarte de los Reyes Católicos

 

Cruz de Borgoña

Cruz de Borgoña

 

Para diferenciarse de otras banderas imperantes en Europa por tierra y sobre todo mar, Carlos III mandó identificar la Marina española, tanto la mercante como la de guerra, con los colores rojo y gualdo, en tres franjas desde entonces conocidas y bien visibles allende y aquende. El ministro de Marina era Antonio Valdés y Fernández Bazán, y por Real Decreto de 28 de mayo de 1785 se oficializó el uso en los buques de la Armada.

    Texto del Real Decreto de 1785:

Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa mi Armada Naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias o con vientos calmosos con la de otras Naciones, he resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas, reducido a los dos quarteles de Castilla y León, con la Corona Real encima; y el Gallardete en las mismas tres listas y el Escudo a lo largo, sobre Quadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla y del ancho de la tercera parte de la bandera, y cada una de las partes dividida en dos partes iguales encarnada y amarilla alternativamente; todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros Pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo a Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterráneo desde el primero de año mil setecientos ochenta y seis; en la América septentrional desde principio de julio siguiente; y en los demás Mares desde primero del año mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento.

Señalado de mano de S. M. En Aranjuez a veintiocho de mayo de mil setecientos ochenta y cinco.

    La reina Isabel II convirtió esta distintiva bandera naval en la nacional de España a todos los efectos, en todos los órdenes y para todos los servicios el 13 de octubre de 1843.

Bandera Nacional

Sucesivas Banderas y Escudos de España

 

Breve historia del Escudo de España

Es en el siglo XII cuando surgen los emblemas heráldicos que identifican los reinos hispánicos.

    En 1230 Fernando III de Castilla recibió la Corona de León, con lo que el emblema resultando de la unión de ambos reinos fue el escudo cuartelado con los de Castilla y León alternados. Para el historiador Ramón Menéndez Pidal el escudo resultante constituyó el “principio, núcleo y resumen de las armas de los reyes de España”. En Aragón, el siglo XII, el conde Ramón Berenguer IV, usó un escudo de oro con un número de franjas rojas que hasta el siglo XIV no sumaron cuatro. En Navarra, también en el siglo XII, aparecieron sellos en los escudos dibujando barras en forma radial, siendo ellas y los clavos que las fijaban el origen legendario de los eslabones de la cadena rota por Sancho el Fuerte en el transcurso de la batalla de Las Navas de Tolosa.

    El escudo propiamente nacional es el que los Reyes Católicos convinieron el año 1479 con su enlace matrimonial: en el primer y cuarto cuarteles se coloca el cuartelado de Castilla y León, mientras que en el segundo y tercer cuarteles va el partido de Aragón y Sicilia; posteriormente, con la conquista de Granada, incorporan en la parte inferior de este escudo las armas de Granada, representada por la fruta homónima.

    El emperador Carlos I de España, nieto de los Reyes Católicos, compuso un escudo con el águila bicéfala del Sacro Imperio Romano Germánico flanqueada por las columnas de Hércules con la leyenda Plus Ultra (más allá), como símbolo de la expansión ultramarina. Su hijo Felipe II, al no heredar el título imperial, prescindió del águila, al igual que hace con las columnas y la leyenda, pero añade las armas de Portugal cuando por su primer matrimonio se convierte en titular de ese reino. Todos los reyes de la Casa de Austria adoptaron el mismo escudo.

    En 1700, inaugurando la dinastía Borbón, Felipe V eliminó del escudo las armas portuguesas, ya independizado este reino, movió las de Flandes y Tirol a la parte inferior y colocó sobre el conjunto las armas de Borbón-Anjou: sobre campo azul, tres lises de oro y borde rojo.

    Carlos III, hijo del segundo matrimonio de Felipe V e Isabel de Farnesio y hermano de Fernando VI, añadió las armas heredadas de su madre: Farnesio, en oro, seis lises azules; y Médicis, en oro, cinco círculos rojos y en la parte superior, un círculo azul con tres lises de oro, cada uno dispuesto a un lado del escudo, mientras que el cuartelado de Castilla y León con Granada lo trasladó al centro del escudo, inserto en un escudete, en cuyo centro resaltaban las armas de Borbón-Anjou.

    El Gobierno Provisional constituido tras la revolución de 1868 que derrocó a Isabel II, simplificó el escudo manteniendo únicamente los cuarteles de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, recuperando las columnas de Hércules y sustituyendo la corona por otra mural; además de suprimir el escudete de las flores de lis borbónicas.

    Al acceder al trono Amadeo I de Saboya fueron restablecidos la corona real y el escudete central, ahora con la cruz blanca sobre fondo rojo de la casa de Saboya.

Escudo Nacional

Imagen de pinterest.es

 

La España Nacional determinó un nuevo escudo el 2 de febrero de 1938, sucesor de aquel histórico de los Reyes Católicos, incorporada el águila de San Juan y el yugo y las flechas, sustituyendo el cuartel de Sicilia por el de Navarra y con el lema: Una, Grande, Libre.

Escudo Nacional 2

En la Constitución de 1978 se muestra esencialmente el escudo precedente, hasta que el 5 de octubre de 1981 definió el actual escudo: similar al del Gobierno Provisional de 1868, pero sustituida la corona mural por la real y añadidas sendas coronas a las columnas y superpuesto el escudete de Borbón-Anjou.

Constitución de 1978

Constitución de 1978

 

 

Artículos complementarios

    Himno Nacional de España

    La Lotería Nacional

La fundación de la primera ciudad en Norteamérica. Pedro Menéndez de Avilés

 

El Imperio en Norteamérica: La colonización de La Florida, la fundación de San Agustín y el aseguramiento del Caribe y el canal de Bahamas

¡Por España, fuego!

 

Hijo de militar notable que luchó en la última campaña de la Reconquista a las órdenes de los Reyes Católicos, Pedro Menéndez nació en la villa asturiana de Avilés el año 1519. Desconsideradamente minorada su figura y la intensidad de su obra en la historiografía al uso, Pedro Menéndez de Avilés fue un gran marino y militar con traza heroica, Adelantado de La Florida, Gobernador de Cuba y La Florida, Capitán General de la Mar Océana y fundador de la primera ciudad de los actuales Estados Unidos de América, San Agustín de La Florida. Nosotros lo incluimos en la nómina de los españoles ilustres.

    Cincuenta y cinco años de vida entregada al servicio de España contemplan a Pedro Menéndez. En Europa y América, en el océano Atlántico y el mar Caribe, actuó en defensa y beneficio de la patria, venciendo a los poderosos enemigos que se interponían en las rutas terrestres y marítimas y en los asentamientos del Imperio, y no pocas veces con grave quebranto de su hacienda y merma de su honor a causa de las inefables envidias burócratas y cortesanas. Pero tales intrigas, al cabo rechazadas, no podrán empañar entonces ni ahora la inteligencia y el valor —semejantes a los de Blas de Lezo, otro extraordinario marino y militar del que siempre es merecida la ponderación elogiosa— de quien manifestó su genialidad en la estrategia y su anticipadora visión de los acontecimientos. Por justicia le corresponde la iniciativa en la correcta navegación de la Flota de Indias: diseño de los barcos, número de tripulantes, travesía idónea, logística e intendencia convenientes para los largos y arriesgados trayectos; y las cartas náuticas propias de un consumado cartógrafo que además ejerció de consejero privado real.

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Pedro Menéndez de Avilés

Imagen de legendsofamerica.com

 

Precoz y valiente, a los catorce años se alistó como grumete en la Armada basada en Santander con misión de limpiar de piratas el litoral cantábrico.

    A los dieciséis ya había decidido tener su propia flota y a los diecinueve dio buena cuenta del enemigo en acción naval. Corría 1539 en aguas de la ría de Vigo, un navío de pabellón francés y tres zabras de acompañamiento habían capturado a una excursión civil; de inmediato, el arrojo director de Pedro Menéndez reúne una tropa de cincuenta efectivos, arma un barco, autónomo de los guardacostas de la Armada presentes, y sale a por los secuestradores atrapando a dos de esos barcos intrusos.

    Un episodio parecido tuvo lugar en 1544, esta vez siendo el secuestrador el también francés Jean Alphonse de Saintogne, que con su flota en la zona del cabo Finisterre apresa dieciocho barcos españoles que dirige al puerto de La Rochelle. Fue en busca del capturador, y tras la audaz incursión en el citado puerto lo mató a espada y recuperó cinco de los barcos; posteriormente, el hijo del finado quiso tomar venganza, pero recibió el mismo trato que su padre. La hazaña de La Rochelle valió a Pedro Menéndez el reconocimiento del emperador Carlos I, que con buen criterio le concedió patente de corso para que prosiguiera liquidando a sus competidores extranjeros en la ruta de las Indias occidentales.

    El siguiente encargo del emperador fue que mandara la flota que había de trasladarlo a Flandes; y dentro de ese año 1554, Pedro Menéndez embarca como pasajero principal en la flota que acudió a los esponsales de Felipe II con María Tudor.

El rey Felipe II tuvo en la más alta consideración a Pedro Menéndez, como militar y consejero, como persona de confianza y como leal cumplidor de las importantes encomiendas que en él recayeron. Dedicado al comercio mercante con el Nuevo Mundo, el de Avilés tantea aquellos territorios ultramarinos que posteriormente agrandaron su fama. En 1554 el monarca lo nombra Capitán General de la carrera, y en 1556 Capitán General de la Escuadra de Armas, consistiendo su labor en el apoyo a los Tercios que luchan en Francia y Flandes.

    Cumplidas las misiones, el objetivo de Pedro Menéndez se sitúa en América del Norte. Pone rumbo a La Florida, territorio explorado antes por Juan Ponce de León, Álvar Núñez Cabeza de Vaca y Hernando de Soto, con la encomienda real de acabar con la invasión de franceses protestantes, los hugonotes, empeñados en instalarse allí habiendo ya dispuesto un asentamiento: el fuerte Caroline, que gobernaban René Goulaine de Laudonnière y Jean Ribault, muy activos en sus ataques a los españoles y sus bienes. Una vez expulsados, había que colonizar La Florida con españoles.

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Monumento a Pedro Menéndez de Avilés en el el Parque de la fuente de la juventud de San Agustín de La Florida

 

La Florida y el Caribe

La flota expedicionaria de Pedro Menéndez zarpó de Cádiz el 29 de junio de 1565, arribando a su destino en la costa oriental de La Florida el 4 de septiembre de ese mismo año. El lugar de recalada para los aproximadamente quinientos embarcados, entre soldados, colonos y religiosos, fue la desembocadura del actual río Saint John, en las proximidades de la hoy ciudad de Jacksonville. Surtas en aquel litoral aparecían cuatro galeones de guerra franceses, que no obstante su armamento y dotación levaron anclas hacia mar abierto, dejando expedita la exploración y el desembarco. En este lugar, con fecha 8 de septiembre, Pedro Menéndez de Avilés levantará el primer asentamiento estable en nombre del rey de España y bajo la advocación de San Agustín; y así se bautizó la que sería primera ciudad fundada en los Estados Unidos de América.

    El asunto colonizador estaba en marcha, pero de nada serviría el asentamiento y los colonos a su amparo sin liberarse de los ataques franceses. Por lo que dispuso una descubierta armada para encontrarse con ellos y plantarles batalla definitiva. Ochenta kilómetros de recorrido por terreno inhóspito y desconocido, con la climatología propia del trópico, no impidieron a los españoles dar con el fuerte Caroline el 20 de septiembre, asaltarlo por sorpresa y tomarlo, cambiándole el nombre por el de San Mateo. Había que seguir y no dar tregua al enemigo para que se repusiera del golpe; la persecución fue implacable hasta que a primeros de noviembre no quedaba un francés en La Florida.

    Entonces la actividad derivó, según lo presupuestado, hacia la colonización; en dos años era un hecho, incrementada la presencia en la costa oriental con los asentamientos de San Mateo y Santa Elena, al norte del viejo fuerte, (en el actual Condado de Beaufort, Estado de Carolina del Sur). Para asegurar los enclaves civiles estableció una línea de fortines desde Cabo Cañaveral hasta los límites de San Agustín y San Mateo. En calidad de Adelantado y Gobernador, organiza la vida civil y militar, también la espiritual que se adjudicó a los misioneros jesuitas por vez primera, pues antes la tarea evangelizadora se encomendaba a franciscanos, dominicos y frailes mercedarios. Embarcado en 1556 para tarea de inspección, durante dos meses visitará además del litoral de La Florida las islas de Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba; aprovechando su presencia en esta última para solicitar vituallas, materiales y refuerzos para los colonos de La Florida, sin conseguirlo. Este revés le impulsó de vuelta a España en 1567 y allí, entrevistándose con el rey, logró la ayuda y, de paso, su nombramiento como Gobernador de Cuba, entre 1568 y 1573, donde reforzó las defensas de La Habana e impulsó la construcción de La Fortaleza, y Capitán general de la Armada de guarda y defensa de las aguas del Caribe. Satisfecho con lo obtenido, dedicó sus desvelos a los habitantes españoles de La Florida y a la expansión en dirección al interior del continente: Georgia y Carolina del Norte; y por mar, controlando el vengativo tránsito de piratas y corsarios por el vecino canal de las Bahamas.

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Conmemoraciones en San Agustín

Imagen de abc.es

 

Vuelta a España

Pedro Menéndez de Avilés regresó a España en 1573 llamado por Felipe II, quien lo tenía como uno de sus principales consejeros. No obstante, previamente a la partida había asegurado la defensa de la bahía de Tampa, en la costa occidental de La Florida, y con plazas fortificadas una importante extensión del Caribe, enclave estratégico para los intereses nacionales.

    Su habilidad para desempeñar a satisfacción las misiones adjudicadas, y su inteligencia para levantar cartas náuticas y el diseño de barcos, le otorgaban una calidad asesora proverbial e indiscutible.

    El rey le confió la organización de una Armada destinada al apoyo de Los Tercios en Flandes, a las órdenes de Luis de Requesens. Pero la deteriorada salud de Pedro Menéndez le impidió hacerse a la mar, pues aunque a bordo de su nave capitana en la partida, no pudo seguir y transcurrida una semana de enfermedad falleció en Santander el 17 de septiembre de 1574.

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Día de la Hispanidad en San Agustín

Imagen de dolçacatalunya.com

 

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La calle en homenaje a Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín

Imagen de pixabay.com

 

Una estatua en el parque de El Muelle de su Avilés natal le rinde cumplido homenaje. Reza el texto:

“A Pedro Menéndez de Avilés, 1519-1574, Caballero del Hábito de Santiago, Capitán General del Mar Océano, Adelantado y Conquistador de La Florida, donde fundó la ciudad de San Agustín en el año de 1565. Modelo de caballeros y patriotas, su pueblo y la Patria agradecidos le consagran este recuerdo. Año 1917.”

    En San Agustín de La Florida es un personaje admirado y querido al que se recuerda en los libros de texto, con el nombre de la calle principal, con una estatua en el ayuntamiento, con multitud de banderas españolas en su honor y con el disparo horario de un cañonazo allá donde desembarcó el grupo expedicionario, zona de La Misión, al grito de: “¡Por España, fuego!”

 

 

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El descubrimiento de América. Rodrigo de Triana y los hermanos Pinzón

 

A Oriente por Occidente

¡Tierra a la vista!

12 de octubre de 1492 ante la isla de Guanahaní

 

Los tres hermanos Pinzón, Martín Alonso, nacido en 1440, Vicente Yáñez, en 1461, y Francisco Martín, en 1445, son naturales de la localidad onubense de Palos de la Frontera (Huelva). Su fama histórica viene determinada, principalmente, por haber formado parte de la expedición que al mando del almirante Cristóbal Colón descubrió América en la travesía que por Occidente pretendía llegar a las costas de Asia. Los tres hermanos embarcaron en las dos carabelas, por nombres Pinta y Niña, que junto a la nao Santa María navegaron esa ruta ignota para avistar el 12 de octubre de 1492 la isla de Guanahaní, luego conocida como San Salvador. Martín Alonso era el capitán de la Pinta, donde figuraba el marinero vigía Rodrigo de Triana y Francisco Martín su maestre; por su parte, Vicente Yáñez capitaneaba la Niña. Pero antes y después de la citada fecha, los hermanos Pinzón demostraron su valía en rutas comerciales marítimas y de exploración además de participar en acciones navales de combate.

Pinzón

Hermanos Pinzón

Imagen de http://www.pinterest.es

 

Carabelas 3

Carabelas

Imagen de http://www.pinterest.es

 

 

Martín Alonso Pinzón

Antes de la gesta del descubrimiento, había navegado por el mar Mediterráneo y el océano Atlántico en su ruta africana. De tales desempeños náuticos, con su bagaje geográfico y cartográfico, surgió el convertirse en armador y comerciante y en integrante de flotas militares en la guerra contra Portugal.

    Mérito fue de los frailes del monasterio-convento franciscano de Santa María de La Rábida el poner en contacto a Martín Alonso con Cristóbal Colón, encuentro afortunado que en apoyo de la empresa facilitó dos carabelas, Pinta y Niña, medio millón de maravedíes y la recluta de tripulación en las comarcas onubenses para el viaje a las Indias de 1492.

    Martín Alonso se puso al mando de la Pinta.

 

Francisco Martín Pinzón

El hermano menos conocido de la familia Pinzón fue el maestre de la carabela Pinta en la travesía del océano Atlántico que descubrió el continente americano. Sus otras dos navegaciones al Nuevo Mundo con el almirante Colón produjeron descubrimientos beneficiosos para la Corona española; anteriormente había navegado por aguas del Mediterráneo y África occidental.

 

Vicente Yáñez Pinzón

Capitán de la carabela Niña, fue un jefe experimentado que supo mantener la disciplina en su barco ante los conatos de rebelión por la demora insostenible en tocar tierra. A continuación prestó auxilió en el naufragio de la nao Santa María que capitaneaba Cristóbal Colón, quien regresó a España a bordo de la Niña.

    El éxito de la travesía atlántica que descubrió el continente americano, impulsó a Vicente Yáñez la organización de una descubierta por las costas americanas entre 1499 y 1500, a la que le acompañó su sobrino Arias Pérez Pinzón, siendo esta navegación la primera en rebasar la línea ecuatorial y situarse frente a la desembocadura del río Amazonas, lo que otorga a su persona e iniciativa el descubrimiento de Brasil.

    Su última travesía fue por aguas de la península del Yucatán.

 

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Un grito de aviso célebre y celebrado en la historia universal es el que pronunció Rodrigo de Triana desde la cofa de la carabela Pinta: ¡Tierra! La del Nuevo Mundo que se interpuso en la travesía hacia Oriente por Occidente, un continente que fue llamado posteriormente América.

Triana

Monumento en Sevilla a Rodrigo de Triana

Imagen de http://www.docelinajes.org

 

El marinero que dio la voz más deseada cuando las fuerzas de los esforzados navegantes de la nao Santa María y las carabelas Pinta y Niña bordeaban el límite de la supervivencia era Rodrigo Pérez de Acevedo, sevillano nacido el año 1469, según informa el Cuaderno de Bitácora del almirante Cristóbal Colón que puede consultarse en el Archivo de Indias de la capital hispalense; aunque también pudiera ser el famoso marinero un tal Juan Rodríguez Bermejo, nacido en la localidad sevillana de Los Molinos y no en el barrio de Triana, o puede que en el municipio onubense de Lepe, el año 1469. El aviso del vigía sonó desgañitado a las dos de la madrugada del 12 de octubre de 1492, festividad de la Virgen del Pilar y así lo refiere el almirante: “Porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana”. La tierra que avistó Rodrigo era la isla Guanahaní, que Cristóbal Colón bautizó San Salvador.

Carabelas 1

Nao Santa María y carabelas Pinta y Niña (recreación).

Imagen de http://www.eltelescopiodigital.com

 

Rodrigo de Triana embarcó en la carabela Pinta, capitaneada por Martín Alonso Pinzón y con su hermano Francisco Martín Pinzón como maestre, durante la primera travesía de la flota al mando del almirante Cristóbal Colón que pretendía alcanzar las costas de Asia siguiendo una ignota ruta occidental. La carabela Niña, gemela de la Pinta, estaba capitaneada por Vicente Yáñez Pinzón, y la nao Santa María por el propio almirante Colón.

    Una vez hollado el Nuevo Mundo, la nao y las carabelas prosiguieron descubierta por las aguas caribes. Pero la Pinta extravió la compañía de la Niña y la Santa María, navegando en solitario desde el 22 de noviembre de 1492 hasta el 6 de enero de 1493. Según el almirante, que lo dejó escrito en su Cuaderno de Bitácora, la noche del 21 al 22 de noviembre la Pinta puso rumbo Este para ir a la isla de Baneque, La Española o Hispaniola; al producirse el reencuentro, la Pinta venía de ese punto cardinal, habiendo rodeado La Española, y por primera vez se cita el nombre de Yamave, que es la denominación original de Jamaica. Un reconocimiento de islas del que formó parte el marinero vigía Rodrigo de Triana.

    En 1525, ya como piloto de la nao Santa María de la Victoria, Rodrigo de Triana o Juan Rodríguez Bermejo, embarcó en la expedición de García Jofre de Loaysa a La Especiería (las islas Molucas o el Maluco), donde figuraban nombres ilustres como Juan Sebastián Elcano y fray Andrés de Urdaneta, frustrada por las inclemencias, siendo la última de sus navegaciones al fallecer en junio del año siguiente.

Carabelas 2

Nao Santa María y carabelas Pinta y Niña (recreación).

Imagen de http://news.hispagenda.com

 

 

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