Escuela Universalista Española. Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno

 

Creación del comparatismo moderno

(estudio comparado de ciencias y letras)

 

La Escuela Universalista Española traza, crea y asienta una decisiva corriente intelectual y científica de tradición humanística en el siglo XVIII, calificado de las luces, adaptada a los tiempos y con base empírica.

    Sus principales artífices son los jesuitas Juan Andrés y Morell, nacido en la localidad alicantina de Planes el año 1740, autor de la primera historia universal de las letras y las ciencias titulada Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, escrita entre 1782 y 1799; Lorenzo Hervás y Panduro, nacido en la conquense localidad de Horcajo de Santiago el año 1735, polígrafo, lingüista y filólogo, que estableció las bases de la lingüística universal y comparada en su obra Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, escrita de 1785 a 1805; y Antonio Eximeno y Pujades, nacido en Valencia el año 1729, ideólogo de una musicología universalista fundada en el concepto de expresión, que formula en su obra de 1794 Del Origen y reglas de la Música. Estos tres máximos representantes del humanismo cristiano elaboran la teoría comparatista. Junto a ellos aparecen activamente los científicos naturalistas y botánicos Francisco Javier Clavijero, José Celestino Mutis y Antonio José Cavanilles y un grupo ilustre de personalidades representativas de ámbitos diversos y complementarios en los campos de las humanidades y las ciencias.

    Humanistas, autores científicos, lingüistas, bibliógrafos y traductores, musicólogos, incipientes maestros de la sociología y la etnografía, meteorólogos y físicos, arqueólogos, juristas, inventores y estudiosos de la historia, todos ellos impulsando y ejerciendo este movimiento en la segunda mitad del siglo XVIII, constituyeron una docta comunidad de ciencia y pensamiento que consigue la creación de la ciencia humanística universal.

    De la Escuela Universalista, esencialmente hispana y de concepción universal, pero también, a causa de la expulsión de los jesuitas, desarrollada en la península itálica por los españoles allí residentes, nació el estudio comparado de disciplinas humanistas y científicas, la Comparatística moderna, término acuñado al efecto que implica un todo en sus partes, lo que proyecta una visión de conjunto, global, del mundo por medio de un procedimiento de carácter epistemológico e histórico que edifica sólidamente un argumento a futuro entonces, presente hoy. Del estudio conjunto de Juan Andrés y Lorenzo Hervás, surgió la reformulación del lenguaje de los sordomudos o lengua de signos, cuyo origen hay que situarlo en el siglo XVI y en la persona del leonés benedictino fray Pedro Ponce de León, precursor de este lenguaje.

 

El ideario de la Escuela Universalista Española propugna la integración del empirismo con el humanismo clásico y formula una comprensión de la Ilustración Universalista española, cristiana, humanística, científica e historiográfica, metodológicamente comparatista, y establece la clasificación de las ciencias, la universalidad de temas y la estética de la expresión analizando la opción clasificatoria universalista de las disciplinas científicas, la tradición humanista y el concepto de expresión, comparado con la ilustrada francesa.

 

La Escuela Universalista Española del siglo XVIII constituye no sólo una fundamentación teórica de su objeto sino una completa propedéutica (enseñanza preparatoria para el estudio de una disciplina) para el estudio del mismo. Es una gran tradición ilustrada española o, mejor dicho, hispánica, o incluso hispano-italiana; una Ilustración humanística e historicista, científica empirista y no política, alternativa sobre todo a la agasajada propuesta ilustrada enciclopedista, a la que metódicamente fue rebatiendo autoridad y sabiduría.

 

 

Artículos complementarios

    El lenguaje de signos

    Expedición científica a la América Meridional

    Real Expedición Botánica de Nueva Granada

    Crítica racionalista

    Liberalismo. Escuela Española

    Escuela de Salamanca

    Lo que el mundo debe a España

El médico divino. Francisco Valles de Covarrubias

La anatomía patológica moderna

 

Maestro en Artes, doctor en Medicina y Filosofía, a Francisco Valles de Covarrubias, natural de esta localidad burgalesa donde nació en 1524, le cupo el prestigio de recibir la eximia calificación de Divino Valles obtenida por su ciencia y pedagogía demostradas, entre otros servicios, como médico de cámara de Felipe II y Protomédico general de los Reinos y Señoríos de Castilla.

    Es en Alcalá de Henares donde se cultiva y emerge la figura de Francisco Valles, ora en el Colegio de San Ildefonso, graduado bachiller en 1544, ora en la Universidad Complutense, licenciado en Artes y Filosofía en 1547. Ya licenciado, ingresa por oposición en el Colegio de la Madre de Dios para obtener en 1553 el grado de Licenciado y Doctor en Medicina, y ampliar los anteriores títulos este mismo año con el grado de Maestro en Artes y Filosofía; consiguiendo en 1555 la Cátedra de Prima que ocupaba Cristóbal de Vega, también un genio y precursor de la ciencia médica. Pero también estudió en diversas universidades europeas y tuvo relación con las eminencias médicas de entonces. Es en 1572, tras diecisiete años de cátedra que influyeron decisivamente en los planes de enseñanza de la Medicina, cuando recibió los títulos de Médico de Cámara y Protomédico General de los Reinos y Señoríos de Castilla, sustituyendo al prestigioso Andrea Vesalio como médico personal de Felipe II; y el de El Divino por curar al rey de su constante y dolorosa molestia debida a la enfermedad de la gota, en presencia notarial de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba. Inducido por el afán de conseguir la más alta capacitación para los licenciados en medicina, impuso el llamado examen del Protomedicato a los aspirantes al ejercicio de aquellos estudios realizados en las diversas universidades españolas.

    Calificado elogiosa y acertadamente de hombre del Renacimiento, erudito, observador y refinado, pues su prestigio fue tanto médico como científico e intelectual, unidas por su obra y pensamiento las ciencias y las letras. Asimismo precursor en el estudio y práctica de la Física, la Historia Natural, la Botánica y la Química, dejando huella impresa de cuanto hubo descubierto y de cuanto iba avanzando al intuir y profundizar en las materias. De tales observaciones y conclusiones enriqueció a la Medicina, dotándola de un lenguaje propio, certero y elegante, y de recursos para los nuevos caminos que los siglos posteriores validaron allende y aquende las fronteras, además de liberarla de atavismos falaces y erróneos trasmitidos por los autores árabes propensos a la superstición y la influencia astral.

    La obra y el pensamiento de Francisco Valles gozaron en vida de su autor de gran difusión e influencia. Fueron numerosas las ediciones y reediciones de sus dieciocho obras, publicadas en España y en el resto de Europa, de modo que durante más de dos siglos ejerció de maestro y referencia para los mejores médicos europeos. No en vano se le citaba como el Hipócrates español y también el Galeno español.

    Según Valles todos los conocimientos se dividen en ciencias intelectuales principalmente, como la teología, la jurisprudencia y la medicina; ciencias sobre la palabra (Trivium), y ciencias propiamente dichas tales como las matemáticas, la filosofía natural y la filosofía moral. Afirma que los números son los elementos más universales de las cosas, porque están entretejidos en todas ellas y en sus relaciones.

    En su psicología afirma que los animales poseen alguna especie de razón.

    En su teoría del conocimiento admite que ciertos principios son evidentes por sí mismos, pero en lo que respecta al conocimiento de los objetos naturales, siendo la aprehensión de accidentes la base del saber, no se puede llegar nunca a verdades indudables y hay que conformarse con la verosimilitud.

 

Francisco Valles

Imagen de burgospedis.wordpress.com

 

Su innovadora faceta docente, desarrollada con mayor intensidad en Alcalá de Henares, le ha convertido en el artífice de la Anatomía Patológica moderna al impartir las clases de Medicina con la presencia en el aula de un cadáver que iba diseccionando a sus órdenes el médico y cirujano valenciano Pedro Gimeno. Por exigencia de la Corona, decidida a reformar los estudios de Medicina en las Universidades Mayores de Alcalá, Salamanca y Valladolid, quedó incluida la Anatomía en el cadáver como materia lectiva. En esta última ejerció como maestro Alonso Rodríguez de Guevara entre 1548 y 1550, enseñando por espacio de veinte meses a médicos destacados y alumnos esta Anatomía sobre el cadáver.

    Repartió su tiempo el Divino Valles entre esta tarea docente, la práctica médica en su clínica privada de Alcalá y a estudiar y escribir tratados sobre Filosofía, Teología y Medicina.

Al médico, humanista y escritor Francisco Valles, al erudito y políglota de lenguas clásicas, responsabiliza Felipe II de la creación y organización de la Biblioteca del Monasterio del Escorial y la selección de los libros que allí debieran contenerse, formando equipo con el humanista, erudito y políglota Benito Arias Montano y el historiador y arqueólogo Ambrosio de Morales; a la Biblioteca del tan querido monasterio para Felipe II entregó Francisco Valles la suya propia como donación. También el rey le responsabiliza de la Botica del monasterio, donde entre otras labores de investigación científica prepara la destilación de plantas naturales y determina el reglamento sobre pesos y medidas farmacéuticas.

No envanecido por su fama, Francisco Valles profesó un gran afecto y admiración por el fraile Pedro Ponce de León, precursor del lenguaje de signos para los sordomudos, quien le inspiró ciencia y filosofía con su benemérito y original trabajo.

    Por otra parte, la creciente influencia de Francisco Valles en el ámbito médico también alcanzó a personalidades humanistas coetáneas como el gran teólogo, filósofo y jurista Francisco Suárez, quien cita repetidas veces al médico y sus obras, y de él toma bases para sus estudios de Epistemología y Antropología.

Acompañando a Felipe II en un viaje, falleció el año 1592 en el Convento de los Agustinos de Burgos, siendo enterrado por su expreso deseo en la Capilla del Colegio Mayor de San Ildefonso, en Alcalá de Henares, un privilegio reservado a los estrictos acuerdos capitulares de la Institución.

 

Obra

Filosófica y médica, la obra de Francisco Valles es universal. Con idea de llevarla a cabo, y hasta su muerte estuvo pendiente de concluirla satisfactoriamente, su obra es original y sistemática, plenamente didáctica e innovadora, aunque escrita en latín lo que dificultó su difusión a todos los niveles.

    Habiendo estudiado de la fuentes escritas en latín, griego y hebreo, que dominaba, a ellas trasladó experiencia e intuición para elaborar sus tratados.

    Citamos las siguientes:

Comentario a los Libros de Hipócrates sobre las enfermedades populares.

Comentarios a los cuatro libros de Meteorología de Aristóteles, cuyo título completo es: In Schola Complutensi professoris commentaria in quartum librum Meteoron Aristotelis, publicado en 1558.

Methodus Medendi. (Tratamiento de enfermedades).

Sacra Philosophia. (Cuanto recoge la Sagrada Escritura sobre Medicina), cuyo título completo es: De iis quae scripta sunt physice in libris sacris, sive de Sacra Philosophia, liber singularis, publicado en 1587.

Método (Tratado pedagógico de Medicina)

Comentarios al arte medicinal de Galeno.

Controversias filosóficas y médicas.

Tratado de las aguas destiladas, pesos, y medidas para uso de los boticarios.

Estudios sobre las Epidemias de Hipócrates y sobre lo que cuentan las Sagradas Escrituras acerca de la naturaleza.

 

 

Artículos complementarios

    Semblanza del rey Felipe II

    La Biblioteca del monasterio de El Escorial

    La universalidad de saberes renacentista

    Doctor Eximius et Pius

    Pedro Ponce de León y el lenguaje de signos

Liberalismo. Escuela Española

 

Escuela Española de Economía – Escuela de Salamanca

La causa de la libertad, la propiedad y la nación.

Siglos XVI a XIX: El pensamiento liberal español

 

En España surgió la primera Escuela de Occidente digna de tal denominación desde la Edad Media, origen del pensamiento liberal. Su influencia se ha extendido por el tiempo y la historia, siempre enarbolando la bandera de la libertad del individuo, de la defensa de la persona frente a las arbitrariedades del poder y de la economía de mercado como paradigma de la cultura y las relaciones sociales. Convertida al cabo en la principal escuela económica de la historia y germen de la globalización.

    La Escuela Española, también llamada Escuela Española de Economía, de propósito trascendental, engloba con justicia a todos los académicos españoles ejerciendo en las principales universidades españolas durante los siglos XVI y XVII (Salamanca, Palencia, Sevilla, Valencia y Alcalá de Henares); aunque se ha generalizado el nombre de Escuela de Salamanca para definirla, al ser Francisco de Vitoria, catedrático de la misma, uno de sus egregios y más conocidos autores.

    A consecuencia de la llegada al Nuevo Mundo y sus inmediatos movimientos migratorios y comerciales ultramarinos, se hizo imprescindible el estudio de los conflictos morales, económicos y sociales que produjo tan relevante hecho para la humanidad; a los que dieron respuesta los escolásticos españoles con una extraordinaria visión humanista de futuro.

    Su marco institucional escolástico la determinan como una escuela multidisciplinar en la que figura como valores superiores los derechos de la persona, tal y como el derecho a la vida, a la libertad, la propiedad, la protección de la familia, la utilización y difusión del lenguaje como vía de comunicación, las prácticas comerciales independientes, la actividad empresarial, las entidades financieras privadas, la igualdad jurídica ante la ley, la soberanía popular, la división de los poderes del Estado, la representación política en los órganos correspondientes, la oposición frente a los despotismos y las tiranías y la limitación del poder ejercido sobre los individuos. Lo que significa, en síntesis, que la propiedad es garantía de la libertad y ambas, propiedad y libertad vienen determinadas por la seguridad jurídica que, a su vez, deviene de ellas; las tres son esenciales para la dignidad sagrada de la persona en la ideología de la Escuela Española. Un auténtico compendio de la democracia liberal y la economía de mercado.

    Los pensadores españoles alumbraron con su obra intelectual la política y la economía de Occidente, Europa y América, desde su propio fundamento liberal, hasta el desarrollo de la teoría contemporánea. La causa de la libertad del individuo es el eje motriz de los escolásticos españoles.

 

Personalidades de la Escuela Española

Pertenecientes a distintas órdenes religiosas (dominicos, agustinos, jesuitas), en la proyección internacional de la Escuela Española descuellan Francisco de Vitoria (teólogo, escritor de doctrina política y jurista), Juan de Mariana (teólogo, escritor de doctrina política, historiador y economista), Francisco Suárez (Doctor Eximius et Pius, filósofo y teólogo), Domingo de Soto (teólogo, jurista, filósofo y confesor real), Diego de Covarrubias (humanista, jurista, teólogo, historiador y filólogo), Martín de Azpilcueta (Doctor navarro, economista, jurisconsulto y teólogo), Tomás de Mercado (teólogo moralista y economista), Melchor Cano (filósofo y teólogo renovador de la Teología tomista), Luis de Molina (filósofo, teólogo y jurista), Pedro de Valencia (humanista, hebraísta, crítico literario, filósofo, traductor, historiador y cronista de Felipe III), Juan de Salas (jurista, teólogo y economista), Luis Saravia de la Calle (teólogo y economista) y Juan de Lugo (teólogo, académico y cardenal).

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Constitución política de la Monarquía española,

dada en Cádiz a 19 de marzo de 1812.

 

DON FERNANDO VII, por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, rey de las Españas, y en su ausencia y cautividad la Regencia del reino, nombrada por las Cortes generales y extraordinarias, a todos los que la presente vieren y entendieren, SABED: Que las mismas Cortes han decretado y sancionado la siguiente Constitución política de la Monarquía española. 

En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Autor y Supremo Legislador de la sociedad.

    Las Cortes generales y extraordinarias de la nación española, bien convencidas, después del más detenido examen y madura deliberación, de que las antiguas leyes fundamentales de esta Monarquía, acompañadas de las oportunas providencias y precauciones, que aseguren de un modo estable y permanente su entero cumplimiento, podrán llenar debidamente el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la nación, decretan la siguiente Constitución política para el buen gobierno y recta administración del Estado.

 

TÍTULO PRIMERO

DE LA NACIÓN ESPAÑOLA Y DE LOS ESPAÑOLES

Capítulo primero

DE LA NACIÓN ESPAÑOLA

Art. 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

Art. 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

Art. 3. La soberanía reside esencialmente en la nación, y, por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.

Art. 4. La nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.

 

Capítulo II

DE LOS ESPAÑOLES

 

Art. 5. Son españoles:

    Primero: Todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos

    Segundo: Los extranjeros que hayan obtenido de las Cortes carta de naturaleza.

    Tercero: Los que sin ella lleven diez años de vecindad, ganada según la ley, en cualquier pueblo de la Monarquía.

    Cuarto: Los libertos, desde que adquieran la libertad en las Españas.

Art. 6. El amor a la patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y asimismo el ser justos y benéficos.

Art. 7. Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, obedecer las leyes y respetar las autoridades establecidas.

Art. 8. También está obligado todo español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado.

Art. 9. Está asimismo obligado todo español a defender la patria con las armas, cuando sea llamado por la ley.

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Liberalismo: doctrina y principios

La doctrina liberal defiende e impulsa la iniciativa individual y la conducta personal tanto en el ámbito privado como en el público, que comprende las relaciones entre los seres humanos. Los principios liberales pretenden limitar la regulación intervencionista del Estado en las actividades económicas, sociales y culturales.

    El liberalismo es un sistema de pensamiento filosófico y político destinado a la promoción y afianzamiento de las denominadas libertades civiles, contrario siempre a la imposición y el sometimiento característicos de los sistemas despóticos y totalitarios. El ejemplo universal del liberalismo en la práctica sociopolítica es la democracia representativa; las democracias liberales son las propias del mundo libre, y su principal manifestación es el Estado de Derecho. En virtud de la democracia liberal, los ciudadanos soberanos eligen a sus representantes. La libertad, la propiedad y las leyes que amparan a la persona y sus bienes son las esencias del liberalismo.

Con anterioridad a la Constitución de Cádiz, promulgada en 1812, radicaban en España grupos liberales que anticipaban el espíritu innovador y trascendente del liberalismo.

    En la Constitución de Cádiz, la Pepa, bautizada popularmente así por sancionarse el día 19 de marzo, festividad de San José, se abolía el absolutismo, los estamentos de una sociedad rígida y las trabas a los ejercicios y desarrollos económicos de los particulares. Pero también, nacida en un momento crucial para la independencia de España, la Constitución de 1812 impulsaba la conciencia patriótica nacional. La nación por la que abogaron los constituyentes liberales entregaba la titularidad de la soberanía a los españoles y el ejercicio de la misma a sus representantes en las Cortes.

    Desde la tradición, plasmada en las leyes medievales, los constitucionalistas declararon en el discurso preliminar que “las bases de este proyecto han sido para nuestros mayores verdaderas prácticas, axiomas reconocidos y santificados por las costumbres de muchos siglos”. En definitiva, que el liberalismo moderno surgía de una tradición refrendada por actuaciones legislativas precedentes y originales.

 

 

Artículos complementarios

    Escuela de Salamanca

    Juan de Mariana

    Francisco de Vitoria

    Francisco Suárez

    Lo que el mundo debe a España

    Real Consejo de Indias

    Las leyes de Burgos

    Escuela Universalista Española

    Observaciones sobre la Constitución de 1812

El Solar Hispano. Eduardo Hernández-Pacheco

 

Nacido en Madrid en 1872, Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan fue un eminente geólogo, paleontólogo, arqueólogo, geógrafo e historiador, reconocido internacionalmente, que supo diversificar su actividad entre la investigación y la docencia.

    De origen extremeño y padre militar (frecuentemente trasladado), su vida recorrió diferentes lugares desde bien niño, adquiriendo por ello e interés científico amplia experiencia con gentes y lugares. Licenciado en Ciencias Naturales por la Universidad Central de Madrid (habiendo estudiado el primer curso en la Universidad de Barcelona por el motivo antes señalado), obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura, y se doctoró en 1896 con la tesis Estudio Geológico de la Sierra de Montánchez, dirigida por su profesor el geólogo José Macpherson.

    Ejerció como profesor de instituto en Cáceres en 1896, como profesor adjunto universitario en la de Valladolid y en 1899 como catedrático de Instituto de Segunda Enseñanza en Córdoba, ciudad donde se inició en los estudios geológicos y en las actividades culturales y políticas de corte liberal, fue nombrado miembro numerario de la Academia de Ciencias, Letras y Artes y descubrió el yacimiento de arqueociátidos de Las Ermitas, próximo a la capital, algunos de cuyos ejemplares fueron enviados al Museo de Historia Natural de París.

    Dadas su iniciativa y capacidad, en 1907 la Real Sociedad Española de Historia Natural lo eligió para acompañar al eminente geólogo Salvador Calderón a las Islas Canarias orientales en un estudio científico sobre el terreno, centrado en la vulcanología de Lanzarote e islas menudas adyacentes: Graciosa, Alegranza; del cual resultó una extensa y detallada monografía de la actividad sísmica de la zona, descripciones de los regueros de arenas voladoras y el primer mapa geológico de Lanzarote, y el interés, culminado años más tarde, de realizar similares estudios en la provincia de Ifni y en el Sahara español. Cabe indicar que a la expedición en Canarias no pudo acudir la primera figura, Salvador Calderón, por lo que todo el trabajo y expectativas recayeron en Eduardo Hernández-Pacheco, igual que en la citada al África noroccidental. En 1910 ganó la cátedra de Geología Geognóstica y Estratigráfica de la Universidad Central de Madrid, y aparejado a ella la jefatura de la Sección de Geología y Paleontología estratigráfica del Museo de Ciencias Naturales, que estaba vinculado a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. La Junta pensionó a Hernández-Pacheco para que ampliara estudios en museos y centros de investigación extranjeros de Francia, Bélgica, Suiza e Italia, lugares en los que dejó grata huella y magisterio. Y fue precisamente esta Junta la organizadora en 1912 de una Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, de la que se nombró director al marqués de Cerralbo y jefe de Trabajos a Hernández-Pacheco, desde 1923 convertido en su director y, en paralelo, en catedrático de Geografía Física de la citada universidad.

    A través de la Sociedad de Historia Natural se incorporó Hernández-Pacheco a las iniciativas para la conservación de la naturaleza en España; ingresó en la Junta Central de Parques Nacionales en febrero de 1917 en su calidad de catedrático, y al cabo actuó cual delegado del departamento de Sitios y Monumentos naturales. En 1923 representó a España en el Congreso Internacional de París para la protección de la Naturaleza, en 1926 fue nombrado presidente de la Comission des Terrasses Pleistocènes et Pliocènes de la Unión Geográfica Internacional y participó en la organización del XIV Congreso Geológico Internacional celebrado en España; por su valía personal y el trabajo realizado con estrechos colaboradores, entre ellos su hijo Eduardo, acudió a los congresos científicos celebrados en Cambridge el año 1928 y en París el año 1930.

 

Eduardo Hernández-Pacheco

Eduardo Hernández-Pacheco

Imagen de http://www.alcuescar.com

 

La faceta docente de Eduardo Hernández-Pacheco se extendía allende las aulas, desplegando una actividad excursionista influyente que sirvió de base pedagógica a jóvenes y adultos; de la misma manera, sus estudios sobrepasaron las fronteras nacionales para investigar en naciones europeas y el norte del continente africano. Compatibilizando estas actividades con el desempeño de cargos en organismos científicos relevantes como la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, la vicepresidencia en la Asociación Española para el progreso de las ciencias, la presidencia de la Real Sociedad Española de Historia Natural,​ académico de la correspondiente de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales,​ miembro del Consejo del Institut International d´Anthropologie de París, de la Academia de Ciencias de Lisboa, entre otras, y colaborador de diversas publicaciones nacionales e internacionales.

    En los años cuarenta, contribuyó decisivamente a la fundación y primer desarrollo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y a la puesta en marcha de la Academia de Ciencias y del Museo de Ciencias Naturales. Es en esta época cuando se dedica apasionadamente a la exploración científica de las posesiones españolas en el norte de África, comisionado por la Alta Comisaría de España en Marruecos que había constituido la Comisión de Exploraciones y Estudios Africanos dependiente del Museo Nacional de Ciencias Naturales; culminaron los trabajos el año 1949 con la publicación de El Sáhara español. Estudio geológico, geográfico y botánico.

 

Obra escrita y ponencias (selección)

 Con independencia de otras muchas publicaciones y estudios en los campos de la paleontología, prehistoria,  geología, geomorfología y la conservación del patrimonio natural, su gran obra fue la elaboración del Mapa Geológico de España, reflejo de su extraordinaria capacidad de síntesis científica y del ingente trabajo de campo en su querido solar hispánico; esta magna obra lo califica como el padre de la geología española y un decisivo impulsor del conservacionismo y protección de la naturaleza en España.

Libro de prácticas elementales de Historia Natural, 1903,

Estudio geológico de Lanzarote y de las isletas Canarias, 1909.

Elementos geográfico-geológicos de la Península Ibérica, 1911.

Geología y Paleontología del Mioceno de Palencia, 1915.

Comunicación respecto a los Parques nacionales y a los Monumentos naturales de España, 1920.

Rasgos fundamentales de la constitución e historia geológica de la Península Hispana, 1922.

Evolución del arte rupestre en España, 1924.

Geología histórica (Paleontología), 1927.

Los cinco ríos principales de España y sus terrazas, 1928.

Reorganización de la Junta de Parques Nacionales y designación de Sitios y Monumentos Naturales y de Interés Nacional, 1930.

Síntesis fisiográfica y geológica de España, 1932-34.

El paisaje en general y las características del paisaje hispano, 1934.

El Sáhara español. Estudio geológico, geográfico y botánico, 1949.

El solar en la Historia Hispana, 1952. El Solar hispano, se concibió en tres volúmenes: El solar hispano y su historia geológica, El solar hispano (Geografía Física, Vegetación, Regiones naturales, Paisaje) y El Solar en la Historia hispana; de los cuales éste fue el primero en publicarse el citado año.

Fisiografía del Solar Hispano, 1955-56.

Prehistoria del Solar Hispano: Orígenes del arte pictórico, 1959.

 

 

Artículos complementarios

    La enciclopedia de la naturaleza más importante del mundo

    Expedición científica a la América Meridional

    Real Expedición Botánica de Nueva Granada

    El Hombre y la Tierra

    El impulsor de las Ciencias Físico-Químicas

    Atlas marítimo de las costas españolas

¡Estos son mis poderes! Francisco Jiménez de Cisneros

 

Siglos XV y XVI: Las regencias del cardenal Cisneros

Fundación de la Universidad Complutense y el Decreto de 1503

 

Regente de Castilla en dos ocasiones, cardenal, político, impulsor de la cultura y estadista, Francisco Jiménez de Cisneros, bautizado con el nombre de Gonzalo que cambió en 1485 por el de Francisco al profesar en el convento franciscano de San Juan de los Reyes de Toledo, nació en la madrileña localidad de Torrelaguna el año 1436.

    Cursó estudios de Teología en Alcalá de Henares, completados en Roma, y de Derecho en Salamanca. Habiendo desempeñado varios cargos eclesiásticos de alto rango, y manifestado su divergencia con el arzobispo de Toledo, Alfonso (o Alonso) Carrillo de Acuña, que en 1471 lo condujo a la cárcel, y cumplida posteriormente una etapa eclesiástica en la diócesis de Sigüenza auspiciada por su amigo el cardenal Pedro González de Mendoza más una etapa de retiro en los conventos franciscanos, en 1492 fue llamado a ser el confesor de la reina Isabel I de Castilla. Al cabo, los Reyes Católicos, previa aprobación del papa Alejandro VI, le confiaron la reforma de las órdenes religiosas por la que exigió a los clérigos un mayor nivel cultural y un mejor ejemplo en sus tareas, que precedió a la Reforma protestante en más de dos décadas; y el 20 de febrero de 1495, por la bula pontificia de Alejandro VI, fue nombrado arzobispo de Toledo, sucediendo al cardenal Mendoza en esa responsabilidad y en el primado de España. Cisneros fue un decidido reformador que aportó a la Iglesia española tanta fortaleza como a la reina Isabel.

 

Instalado en Granada acompañando a Isabel y Fernando, observaba con inquietud a la población de fe musulmana residente en el antiguo reino, tan próximo al continente africano, por lo que decidió cristianizarlos de manera drástica, lo cual provocó la revuelta de las Alpujarras que fue contundentemente sofocado por los reyes; una revuelta que continuó en 1501 en Almería extendiéndose por la serranía de Ronda y la sierra Bermeja, igualmente atajada.

Hombre de gran fervor religioso y sentido de la responsabilidad que se le confería, apoyó la campaña contra los moros en el norte de África, el Magreb, que Isabel la Católica quiso emprender para consolidar la frontera cristiana y expandir su influencia en todo el continente. Y aunque Isabel fallecía en 1504, Cisneros asumió el propósito de no cejar en la proyectada empresa “de la conquista de África y de pugnar la fe contra los infieles”, a la que el rey Fernando dio carta de naturaleza, y así participó en la toma de Mazalquivir, el año 1507, y Orán, en 1508.

    Finalizada exitosamente la campaña en el Magreb, Cisneros se retiró un tiempo a la Universidad de Alcalá de Henares. Él la había fundado en 1498, convencido del valor de la educación y la cultura, inspirada en el humanismo cristiano con el propósito de equipararla a la de Salamanca y convertirla en un centro humanístico internacional de primera magnitud; en la que con su impulso determinante se publicó la Biblia Políglota Complutense, redactada entre 1514 y 1517 en griego, hebreo, caldeo y latín.

 

Cisneros 1

Francisco Jiménez de Cisneros

Imagen de http://www.guiasdetoledo.es

 

Las regencias

La primera regencia de Cisneros tuvo inicio dos años después del fallecimiento de la reina Isabel la Católica, acaecido en 1504, presidencia desde la que defendió a Fernando el Católico como rey de España, entonces en campaña militar en la península itálica, impidiendo el ascenso al trono de Felipe el Hermoso, marido de la reina Juana, hija de los Reyes Católicos. En 1506 falleció Felipe y en 1507 cesó la regencia al entregar el poder al rey Fernando.

    En esta época de tránsitos primordiales para el futuro de España, Cisneros no olvidó atender los asuntos del Nuevo Mundo, en especial con relación al bienestar y adaptación de los nativos, sobre los que ya se había pronunciado al solicitársele consejo desde la conquista, cristalizados en el Decreto de 1503 promulgado por los Reyes Católicos.

    El servicio prestado a la monarquía española y a la Iglesia fue recompensado con el nombramiento de cardenal en mayo y septiembre de 1507, por el papa Julio II, e Inquisidor general de Castilla en junio del mismo año.

El segundo periodo de regencia se produjo con el fallecimiento del rey Fernando el Católico en 1516, quien dejado a su heredera Juana el reino estableció en dos regentes la tutela efectiva: el arzobispo de Toledo Francisco Jiménez de Cisneros, en Castilla, de ochenta y cinco años de edad, y el arzobispo de Zaragoza, su hijo Alonso de Aragón, en Aragón. Esta regencia duró veinte meses, el plazo transcurrido entre el fallecimiento del rey y la llegada de su nieto el emperador Carlos I de España y V de Alemania; durante ella tuvo que contender pragmáticamente con la acción de gobierno y a la vez con la afirmación de una nueva monarquía española, herencia de los Reyes Católicos, hubo de afrontar las intrigas de los nobles castellanos y las de los consejeros flamencos de Carlos I antes de la llegada del emperador en 1517 y contribuir a la estabilización del gobierno de España en las Indias y a la implantación popular del ejército español, con la creación de una nueva forma de milicia organizada, “de gente de ordenanza” y permanente ya iniciada en la guerra de Granada: la Milicia de la Ordenanza.

    Habiendo proclamado Cisneros a Carlos, el nieto de los Reyes Católicos, rey de España en contra de la voluntad de los nobles castellanos, que preferían a Juana, la hija de los Reyes Católicos y madre de Carlos, como reina de España, pese a su inestabilidad emocional, el enfrentamiento estaba servido. Con la pretensión de intimidar a Cisneros, los representantes de la poderosa nobleza y beligerante nobleza le conminaron a mostrar públicamente los poderes mediante los cuales ejercía la regencia, a lo que el cardenal respondió con hechos y la frase: “¡Estos son mis poderes!”, abriendo el balcón del aposento donde se celebraba la tensa reunión bajo el que se alineaba en formación de combate un batallón de artillería.

A finales de 1517 fallecía Francisco Jiménez de Cisneros habiendo entregado el reino en las debidas condiciones, cual su encomienda máxima, al nieto Carlos de sus queridos Reyes Católicos, de quienes siempre fue un leal súbdito. A lo largo de su extensa vida tuvo tantos motivos para sufrimiento como para la satisfacción. Y como otro de sus importantes legados queda el visto bueno al proyecto de dar la vuelta al mundo por mar que el navegante Fernando de Magallanes ofreció a España; fue el cardenal Cisneros quien atendió la propuesta y las peticiones para llevarla a realidad, y también quien delegó en el arzobispo Juan Rodríguez de Fonseca, árbitro de los asuntos indianos, la recomendación de que se firmasen las capitulaciones, rubricadas por el emperador Carlos I el 22 de marzo de 1518.

 

Universidad de Alcalá de Henares

Francisco Jiménez de Cisneros había ideado un nuevo concepto de universidad, completa en sus saberes y de carácter humanista cristiano, dispuesta con amplia autonomía canónica y civil y suficientemente dotada económicamente para asegurar su continuidad. Su estatuto constitucional y profesional de maestros y oficiales combinaba exigencias de eficacia práctica con estímulos para las iniciativas; los profesores complutenses gozaron de libertad de opinión bajo la égida del patrocinador y alma de la universidad.

 

Cisneros 2

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Decreto de 1503

A finales de marzo de 1503, los Reyes Católicos promulgaron el decreto titulado De inocencia y confusión, destinado a orientar la educación y los derechos de los nativos del Nuevo Mundo, réplica de un informe remitido desde La Española por Nicolás de Ovando, con la colaboración de Francisco Jiménez de Cisneros. En el decreto, aquí resumido en las obligaciones promulgadas, se indica que los indios de las islas del Nuevo Mundo debían vivir en familia para evitar las anteriores dispersiones que rompían los vínculos sanguíneos y la educación plena a todos los niveles; cada familia debía tener una vivienda para garantizar su intimidad; cada poblado debía contar con una iglesia, un capellán y un hospital, bajo la autoridad del encomendero español con objeto de evitar las injusticias de los caciques; el capellán enseñará a los indios a respetar la propiedad privada de sus semejantes mientras el encomendero los protegería de la explotación; los niños serán educados en la fe cristiana y se les enseñará a leer y escribir; la Corona alienta el mestizaje a través de matrimonios entre españoles e indias; todos los nativos serán alentados a vestir con recato, pagarán diezmos e impuestos por los beneficios laborales obtenidos, serán bautizados y protegidos impidiéndoles vender sus propiedades a los cristianos.

 

 

Artículos complementarios

    Semblanza de la reina Isabel la Católica y su testamento

    Semblanza del rey Fernando el Católico y su herencia

    Antonio de Nebrija

    Arte plateresco

    La primera circunnavegación de la Tierra