Presidente de los más importantes Consejos. Bernardino de Rebolledo

El militar y diplomático Bernardino de Rebolledo

 

General que ganó todos sus ascensos en el campo de batalla, embajador de España en Dinamarca, poeta, escritor de milicia, política y genealogía y traductor, Bernardino de Rebolledo y Villamizar nació en León el año 1597.

    Temprano, a los catorce años, inició su carrera militar. Italia fue su destino con el empleo de alférez en las galeras de Nápoles y Sicilia, al que siguieron, entre otros, sus combates a las órdenes del gran Ambrosio Spínola, la guerra contra el duque de Saboya y el primer conflicto de la Valtelina (valle que comunicaba las posesiones españolas en la península itálica con el imperio germánico), en 1621, y el episodio de la conjuración de Venecia en 1618, una historia de traiciones y espías que enfrentó a España y la Serenísima, achacada en alguna medida al marqués de Bedmar.

    Pasó a Flandes como lugarteniente del maestre de campo Lope de Figueroa combatiendo en la toma de Breda, a las órdenes de Ambrosio de Spínola; luego, a la campaña del Palatinado, en el curso de la guerra de los Treinta Años. Dada su hoja de servicio, el emperador de Austria, Fernando II, lo nombró conde del Imperio, gobernador del Bajo Palatinado (Palatinado alemán) y capitán general de la Artillería. Durante la Guerra de los Treinta años intervino en diversas comisiones, siendo la destacada la de llevar las negociaciones diplomáticas entre el emperador Fernando II, el rey de Hungría y los electores de Colonia y Maguncia; por lo que le fue concedido el título de Conde del Sacro Imperio Romano con denominación de Conde de Rebolledo (1636). También satisfecho con sus servicios Fernando III, emperador heredero de Austria, ratificó dicho título en carta fechada en Praga, 5 de septiembre de 1638, aunque Bernardino de Rebolledo, siempre leal, diligente y precavido, no quiso aceptar el título hasta que le dio su visto bueno el rey de España Felipe IV, tres meses antes de la concesión oficial. En esta época compartió armas con el marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán y Benavides, el de Aytona, Francisco de Moncada, y el cardenal infante don Fernando de Austria.

    Felipe IV nombró a Bernardino de Rebolledo embajador de España ante el rey de Dinamarca Federico III, quien lo tuvo en gran aprecio. Una estima grandemente merecida, pues al diplomático y militar español debió entonces su independencia Dinamarca al aconsejar y dirigir eficazmente la guerra contra los suecos de Carlos X; Bernardino de Rebolledo se condujo con tanto éxito para vencer en la contienda que el rey danés lo nombró presidente del Consejo de Guerra, cargo insólito para un embajador extranjero.

    Regresó en son de triunfo a España, igualmente apreciado por el monarca español al extremo de ser nombrado presidente del Consejo de Castilla.

Bernardino de Rebolledo

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Bernardino de Rebolledo fue un importante tratadista militar y político. Su obra Selva militar y política, publicada en 1652, es un tratado encomiable de política internacional, armamento y táctica, muy admirado en su época. También cultivó la poesía, aunque descolló literaria e históricamente en los estudios genealógicos. Asimismo, escribió teatro y práctico las traducciones en especial de temas bíblicos. El mismo año 1652 publicó Discurso de la hermosura y del amor, compaginando sus lecturas de fray Luis de León con las ideas platónicas.

    Varios de sus libros se publicaron en ciudades europeas de raigambre.

 

 

Artículos complementarios

    Bernardino de Mendoza

    Álvaro de Bazán

    El Cardenal-Infante

Las embajadas europeas de Bernardino de Mendoza

El Imperio en Europa: Cordura y buen entendimiento

 

El año de su nacimiento oscila en 1540 y 1541, la localidad se sabe que fue Guadalajara y que su habilidad diplomática era tan sobresaliente como en la milicia y en las letras, admirado en Europa por estas virtudes. Nos referimos a Bernardino de Mendoza, un hombre cultamente polifacético y estratega sin parangón en las cancillerías.

    A tal extremo de audacia y temple llegó el embajador De Mendoza en la corte de Isabel de Inglaterra, que doblegó la impertinencia de la soberana, intentando difamar al aludido y al rey Felipe II de paso, el monarca más poderoso del orbe, con argumentos y réplicas que no dejaron duda de qué oratoria y carácter golpeaba más y mejor; la humillada reina optó por retirar el plácet al embajador español, que felicitado por el rey Felipe II obtuvo un nuevo encargo diplomático al más alto nivel en el continente.

Bernardino de Mendoza

Bernardino de Mendoza

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Bernardino de Mendoza había estudiado artes y filosofía en Alcalá de Henares, licenciándose en 1557, incorporándose a la carrera de las armas en detrimento de una función administrativa en 1560. Su primera actividad militar sucede en las empresas mediterráneas de 1563-64 en el norte de África, y después, a partir de 1567, con el duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, fue a Italia cuando a éste le encomendaron el mando de un ejército que debía llevar a Flandes por el histórico camino español. En Flandes intervino en las batallas de Mons, Nimega, Haarlem y Mook.

    En Italia estrenó su misión diplomática Bernardino de Mendoza. Por encargo del duque de Alba fue a negociar asuntos políticos de relevancia con Pío V; de inmediato participó en el arresto de los condes de Egmont y de Horn, un episodio de mucha trascendencia simbólica y política. Durante un buen tiempo, a las órdenes directas del duque de Alba se distinguió en una serie de combates. Como persona de absoluta confianza, el duque le encomendó tareas de gestión ante el rey de España en 1573 para solicitar dinero y refuerzos; conseguido lo cual regresó a Flandes donde ya era nuevo gobernador Luis de Requesens, sucesor de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, quien en vista del éxito ante el monarca español lo envió enseguida a Inglaterra, ahora ya con traza de diplomático además de gestor, a solicitar a la reina Isabel, en nombre de España, víveres y acceso a los puertos para la flora que Felipe II disponía enviar a Flandes. También lo consiguió, granjeándose además de buen nombre un ascendiente de utilidad en lo sucesivo.

    En 1576 fue aceptada su petición de ingreso en la Orden de Santiago.

    En 1578 Felipe II, persuadido de la intrincada implicación de los asuntos de Flandes con los de Inglaterra, decidió enviar a Bernardino de Mendoza a la embajada de Londres en calidad de titular “por la satisfacción que yo tengo de vuestra cordura y buen entendimiento”. Antes de tomar posesión en el lugar, visitó a la familia real francesa en París, y el 16 de marzo de 1578 compareció ante Isabel de Inglaterra. Reseñado anteriormente, el diplomático español incomodó cuanto pudo a la reina Isabel, conspirando en favor de María Estuardo y tratando con los católicos ingleses y con cualesquiera fuerzas que contrarrestasen la actitud antiespañola de la reina inglesa. La controversia entre ambos, las trifulcas verbales y los desaires acabaron en 1584, harta la reina de no poder doblegar al osado caballero español.

    Satisfecho con la conducta de su representante en la corte británica, Felipe II lo recompensó nombrándolo embajador en París, responsabilidad que ocupó durante seis años. Un periodo convulso para Francia del que se aprovechó España.

    Por aquel entonces Bernardino de Mendoza había perdido casi completamente la vista, cuyos primeros síntomas se manifestaron en la anterior misión diplomática: “Llego a ver de día la luz del Sol y de noche una lámpara a cuatro pasos de distancia”. Mayor era su valor y valía con esta discapacidad que soportaba con buen humor y entereza, y que nunca le arredró en su tarea ni disminuyó su eficacia en todos sus concursos. No sólo remitía a Felipe II los informes preceptivos de tema político, sino que, imbuido de su contagiosa vitalidad y gran cultura, le daba a conocer en sus escritos asuntos de arte y literatura, de modas, aficiones y entretenimientos con los que a diario se relacionaba en el desempeño de su calidad.

    Con el rey Enrique III mantuvo Bernardino de Mendoza idénticos roces y, aún más allá, enfrentamientos, al punto que el monarca francés exigía su salida de la corte inmediata, cosa que Felipe II ignoró hasta que, tras el regicidio en agosto de 1589, el monarca español decidió, en vista del cariz de los acontecimientos al otro lado de los Pirineos que trastornaban los planes dinásticos y políticos, apartarle de aquella embajada al anciano y ciego fiel servidor.

    En 1591, Bernardino de Mendoza regresaba a España para instalarse en una celda aneja al convento de San Bernardo de Madrid, aunque sin renunciar al conocimiento de los asuntos políticos y sus crónicas, redactando sus célebres Comentarios de las guerras de Flandes, publicados en París primero y Después Madrid al año de su vuelta. En 1595 se editó en Madrid su Theórica y práctica de guerra, obra publicada en Amberes y Venecia al año siguiente; y también en la capital de España se imprimieron en 1604 sus Seis libros de las políticas y doctrina civil de Justo Lipsio. A estos meritorios estudios se unen traducciones, poesías y cartas diplomáticas de mucho valor y estilo. Sus obras de técnica militar fueron consideradas en toda Europa como referentes indispensables.

    Falleció en Madrid el año 1604.

 

 

Artículos complementarios

    Felipe II

    El duque de Alba

    El camino español

    Batallas de Groningen y Jemmingen

    Bernardino de Rebolledo

El explorador y cronista Álvar Núñez Cabeza de Vaca

El Imperio en América: De la Florida al Río de la Plata

El descubrimiento de las cataratas de Iguazú

 

Personaje de epopeya, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, se enfrentó en su insólita aventura vital a las incertidumbres, terribles padecimientos y enormes dificultades de los conquistadores del Nuevo Mundo, con la fuerza de su espíritu y la determinación del héroe que se sabe humano y dependiente de su voluntad.

    Nacido en Jerez de la Frontera en 1507 (algunas fuentes sitúan su nacimiento en 1488, en 1490 e incluso en 1500), descendía del pastor que mostró a los cristianos de Alfonso VIII de Castilla, de Sancho VII de Navarra y de Pedro II de Aragón, el paso libre de enemigos para cruzar Despeñaperros y enfrentarse a los musulmanes en la célebre batalla de las Navas de Tolosa. Recibió una esmerada educación en letras y caballerosa en armas, mostrando ya en aquella época atribuciones de cortesía y virtudes de audacia e inteligencia.

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El viaje al Nuevo Mundo

En 1527 zarpó de Sanlúcar de Barrameda hacia La Española, Cuba y la Florida en la expedición de Pánfilo de Narváez. Álvar Núñez Cabeza de Vaca es el tesorero y alguacil mayor de la expedición que consta de cinco barcos, seiscientos hombres y diez mujeres casadas, con el objeto de poblar la Florida. Llegan a La Española (isla donde se situó el primer asentamiento en el Nuevo Mundo) para proveerse de alimentos y caballos, y a Cuba, habiendo pasado una travesía movida anticipo de las tormentas y huracanes que causaron sesenta bajas y ciento cuarenta deserciones motivadas por las malas noticias que escucharon respecto a una expedición precedente. Corría marzo de 1528 y los barcos no habían podido abandonar Cuba por las inclemencias y las contrariedades. Narváez fuerza la partida en dirección a la Florida harto de esperas y alertado por la desconfianza, y al poco un huracán castigó a los expedicionarios y resto de colonos hasta que a mediados de abril pudieron echar el ancla en la actual bahía de Tampa; quedaban, aproximadamente, cuatrocientos hombres de aquellos seiscientos iniciales.

    Narváez ordenó desembarcar en ese territorio desconocido a trescientos hombres e internarse, pese a la oposición de Cabeza de Vaca y los demás oficiales que lo consideraron gravemente peligroso dada la precariedad de medios y el desánimo generalizado, mientras embarcados los cien restantes en los barcos navegarían costeando y en una zona concreta se reunirían.

    Era un territorio de pantanos, ciénagas y espesuras boscosas, plagado de insectos y fauna agresiva, con nativos hostiles al acecho. Cumplidas las órdenes de Narváez, los expedicionarios vagaron semanas acosados por los ataques. El 25 de junio de 1528, combate tras combate, el grupo entró en territorio de los apalache, una tribu de agricultores con la que también tuvieron que luchar y en alguna medida entablar negocios para el suministro de alimentos e información.

    En vista de la nula prosperidad que ofrecían esos lugares, Narváez decidió marchar hacia el sur en busca del mar. Siguieron atravesando pantanos y sosteniendo escaramuzas con los nativos en su camino a la costa salvadora, a unos diez días de distancia. Pero ni un barco los aguardaba en aquel punto de la costa llamado bahía de los caballos. Era agosto de 1528.

    Querían navegar el golfo de México en viaje de retorno a Cuba, casi un imposible, para lo que fue menester construir unas balsas rudimentarias que posibilitaron ir costeando a los doscientos cuarenta y dos hombres supervivientes de la aventura en la península de la Florida. Era septiembre de 1528 y en la tierra pantanosa quedaban luchas, hambre y enfermedades.

 

La epopeya americana hasta 1536 por territorios inexplorados

Las cinco balsas, atestadas con aproximadamente cincuenta hombres cada una, recorrieron el litoral sur de Norteamérica, a bordo todos famélicos, sedientos y hostilizados por los indios y las inclemencias atmosféricas. Seiscientos cuarenta kilómetros durante seis semanas, hasta alcanzar la desembocadura del río Mississippi, a la altura de la hoy ciudad de Galveston, en una pequeña isla que Cabeza de Vaca bautizó con el nombre de Malhado; pero la fortísima corriente del río arrastró mar adentro a dos de las balsas, una de ellas la de Narváez, que murió. La tercera barca volcó, la cuarta zozobró y la quinta embarrancó en la ribera, que es donde iba Cabeza de Vaca. Pero esta vez la tribu de los charenco acogió benéficamente al náufrago. En el poblado indio se reunió Cabeza de Vaca con los capitanes Alonso del Castillo Maldonado, salmantino, Andrés Dorantes de Carranza, onubense, y el moro Estebanico, asistente del capitán Dorantes, nacido en Sevilla de padres moros esclavos, considerado el primer hombre “negro” que pisó América (y posteriormente alcanzó las Montañas Rocosas, muriendo a manos de los indios en la expedición organizada por Marcos de Niza en busca de Cíbola). Son ochenta supervivientes en noviembre de 1528 que se organizan en condiciones más que precarias, pero infructuosamente, pues al cabo quedarán primero dieciséis, asolados por el hambre y las enfermedades, y al final los cuatro destacados.

    El territorio en el que residían tras su peripecia estaba habitado por multitud de pequeñas tribus, diferenciadas entre sí y enemistadas a muerte. La vida de los españoles es de esclavitud. Cabeza de Vaca logró huir, pero lo que consiguió es cambiar de dueño al ser esclavizado por otra tribu, aunque logrará transformarse en comerciante entre tribus enemigas llevando mercaderías de un poblado a otro.

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Fueron ocho años y más de diez mil kilómetros por el sur de lo que actualmente es territorio de Estados Unidos y el norte de México, entre la península de la Florida por Levante y San Blas en el Poniente, del océano Atlántico al Pacífico, anduvieron los cuatro esforzados, partiendo de la Florida y Río Grande para atravesar los territorios-provincias de Texas, Coahuilas, las áridas mesetas de Chihuahua, Arizona-Sonora y Sinaloa, descender por la margen del Pacífico a través de la provincia de Sonora, siguiendo la costa hasta alcanzar Monterrey y lo que años después sería San Blas (el apostadero de San Blas en Nayarit), dirigiéndose a continuación, rumbo Sureste, hacia la capital de México, Ciudad de México, y del virreinato de Nueva España.

    Cabeza de Vaca, Del Castillo, Dorantes y Estebanico acabaron por huir de sus captores y aquella intermitente esclavitud y acogida, desapareciendo en Texas, Nuevo México, Arizona y el noroeste de México. Viajan por esos territorios inexplorados sin mapas ni referencias, recorriendo los ignotos parajes en círculo y sobreviven gracias a los conocimientos médicos de Cabeza de Vaca que aplica su sabiduría básica a los españoles y a los indios, y su gran predicamento sobre éstos; de modo que la fama de los extravagantes viajeros creció por toda la inmensa región, tratándolos los indios como si fueran magos (los indígenas consideraban a Cabeza de Vaca un chamán, un curandero). Mientras Cabeza de Vaca dispensa cuidados médicos, Del Castillo predica la fe católica. De esta guisa, a los cuatro españoles se va sumando un séquito de indígenas que alcanza en ocasiones las tres o cuatro mil personas. Este conjunto de personas, que sirve de protección a los españoles, sin embargo debe alimentarse y se le debe mantener en orden: un contingente promedio de 600 nativos.

 

Así fueron localizados por un destacamento español en las proximidades de San Miguel de Culiacán, en Sinaloa, costa mexicana del océano Pacífico, el año 1536. El gobernador de la región, Nueva Galicia (reino autónomo dentro del Virreinato de Nueva España, formado por 3 provincias​ que abarcaban la Provincia de Nueva Galicia (Nayarit y Jalisco), la Provincia de Los Zacatecas (Aguascalientes y Zacatecas), y la Provincia de Culiacán (Sinaloa), Nuño de Guzmán, les proporcionó caballos y vestimenta para que los náufragos aventureros llegaran a Ciudad de México y explicaran al virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco, su increíble aventura.

    En esta época es cuando escribe Cabeza de Vaca su libro, que es, en definitiva, la primera narración histórica sobre los Estados Unidos.

 

El viaje por América del Sur

El 10 de abril de 1537, se embarcó en Veracruz don destino a España: sufrió una tormenta que obligó a refugiarse en La Habana, reemprendió el viaje en junio y soportó otra tormenta a la altura de las islas Bermudas, luego fue atacado por un barco francés a la altura de las Azores y hasta el 9 de agosto no pudo atracar en Lisboa. Recibió el título de Segundo Adelantado del Río de la Plata al solicitar proseguir las exploraciones en el Nuevo Mundo. Zarpó en 1540 hacia el sur del continente americano. La flota fue desviada por las tormentas, el implacable enemigo de Cabeza de Vaca, hacia la isla de Santa Catalina, en Brasil, donde conocieron que Mendoza y su ayudante Juan de Ayolas habían perecido a manos de los indígenas. Núñez decidió alcanzar el Río de la Plata por tierra y en el camino, que recorrió en compañía de numerosos colonos y ganado, descubrió la maravilla natural de las cataratas de Iguazú.

    Instalado en Asunción del Paraguay, exploró la Sierra de la Playa hacia Potosí y el Río de la Plata en esa demarcación. En su puesto de gobernador, ejerció con justicia en nombre del emperador Carlos I y favor hacia los indígenas, pero entró en conflicto con los colonos, apreciándolo ellos demasiado inclinado hacia los indígenas, quienes lo derribaron cuatro años después. Regresó a España en calidad de preso, juzgado por el Consejo de Indias y desterrado a Orán por ocho años. Una vez perdonado por el rey Felipe II se estableció en Sevilla dedicándose a impartir justicia, en calidad de juez, y luego, ya retirado de la actividad pública, como prior de un monasterio hasta que murió en 1559.

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Imagen de hdnh.es

 

Naufragios y Comentarios

La obra de Álvar Núñez Cabeza de Vaca que recoge su experiencia en el continente americano, destaca por su calidad literaria. Narrada en primera persona como un libro de viajes pletórico de aventuras ciertas y personajes reales, es la crónica, original y sincera en la transcripción de los sentimientos, del hombre europeo que descubre al hombre indígena y viceversa, y ambos, en convivencia de impresiones y prejuicios surgidos, padecen de los mismos males, se atienen a los mismos sentimientos y sufren las mismas penalidades.

    La crónica escrita entre 1537 y 1540, Naufragios, promovió y facilitó la exploración de las provincias de Arizona, Nuevo México, Kansas y Colorado, integrantes del gran virreinato de Nueva España. Es una de las más hermosas crónicas de la extraordinaria aventura hispana en el Nuevo Mundo, testimonio personal sobre el norte del continente americano, con detalladas descripciones de sus pueblos y paisajes; una fuente etnográfica magnífica y veraz de las poblaciones indígenas del sur de los Estados Unidos de América y el norte de México, del Atlántico al Pacífico. También aparecen por primera vez en el idioma español palabras tomadas de las lenguas americanas. Es, en puridad, la primera narración histórica sobre el territorio actual de los Estados Unidos y sus pobladores: semínolas, calusas, ais, cheroquis, muscogis, alabamas, chicasas, chatcas, ocalusas, apaches, amasis, charenco, hopis y zuñis. La mayoría de los pueblos que informa la obra han desaparecido. Asimismo, en la crónica cita las fabulosas ciudades de Cíbola y los igualmente portentosos territorios de la Gran Quivira y de la Gran Chichimeca.

    Otra relación del mismo autor, dirigida a la Real Audiencia del Consejo de Indias, sirvió de base al cronista Gonzalo Fernández de Oviedo para escribir su Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano.

    Los naufragios, publicada en Zamora el año 1542, de inmediato despertó en toda Europa, al punto que tras la edición impresa conjuntamente con sus Comentarios (relación de su paso por la extensa provincia del Río de la Plata, en épocas futuras virreinato del Río de la Plata o de Buenos Aires) en Valladolid en 1555, fue traducida en primer lugar al italiano e inglés y posteriormente a otros idiomas del viejo continente.

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Monumento a Álvar Núñez Cabeza de Vaca en Houston.

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Artículos complementarios

    Cíbola y el Cañón del Colorado

    Las expediciones al Río de la Plata y la fundación de Buenos Aires  

    El Camino Real de Tierra Adentro

    La fuente de la eterna juventud 

    Una de las mayores exploraciones en el Nuevo Mundo

    La expedición femenina a la región del Plata 

    San Agustín de la Florida y el Canal de las Bahamas

    El robinsón Pedro Serrano

Los ambientes y personajes de Benito Pérez Galdos

 

Creador de la novela realista española, Benito Pérez Galdós, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el año 1843, desde niño fue un lector entusiasta que alternaba la práctica del dibujo y la música con su afición por la literatura, en especial por el teatro y la prosa satírica.

    Estudió Derecho en Madrid, sin que la perspectiva de su ejercicio le motivara en algo. Lo suyo era escribir, por aquel entonces teatro en el ámbito íntimo, y en los periódicos, donde su actividad fue importante y continuada entre 1862 y 1869, colaborando en principio y al cabo en calidad de redactor e incluso director, con artículos de corte costumbrista, de comentario políticos y de crítica literaria.

    Consumado viajero, recorrió con verdadero interés diversos lugares de España y el extranjero, siendo París la primera capital europea que visitó en 1867; señala él mismo la importancia de ese viaje que definitivamente le animó a seguir el cultivo de la novela que había iniciado con las obras La fontana de oro, La sombra y El audaz, publicadas entre 1870 y 1871, y con el artículo Observaciones sobre la novela contemporánea en España aparecido en la Revista de España.

    Desde entonces suman 31 sus novelas, 46 los Episodios Nacionales y 22 obras de teatro.

    La variedad de ambientes y la galería de personajes ofrecida por Benito Pérez Galdós es portentosa.

    En 1897 ingresó en la Real Academia Española con el discurso titulado La sociedad presente como materia novelable, en el que expuso su concepción de la novela.

Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós, retratado por Joaquín Sorolla en 1894.

 

Obra narrativa

A las citadas La fontana de oro, de 1870, La sombra y El audaz, de 1871, que inauguran la novela realista española, siguen Marianela, Gloria, Doña Perfecta, la primera de las novelas contemporáneas, de 1876, y La familia de León Roch; en las que transita desde las localizaciones abstractas a un Madrid coetáneo de anchas capas urbanas y desde los enfrentamientos sociales al simbolismo romántico.

    En 1881 inicia un ciclo de novelas españolas contemporáneas que, a su vez, inician la novela naturalista española: La desheredada magistral panorama narrativo de la sociedad madrileña (equiparable al ofrecido por Balzac en su Comedia humana), de 1881, El amigo Manso, un año después, El doctor Centeno, de 1883, Tormento, La de Bringas, las dos de 1884, Lo prohibido y Fortunata y Jacinta, de 1887.

    Con la novela Fortunata y Jacinta, subtitulada Dos historias de casadas, Galdós deriva hacia una nueva concepción narrativa originada en la introspección psicológica; en la posterior novela Miau, de 1889, y en los relatos La incógnita, fechado entre 1888 y 1889, y Realidad, de 1892, abundará en el experimentalismo formal.

    A partir de 1893 la novela galdosiana manifiesta la crisis del modelo realista-naturalista. Entonces, retomado el personaje del usurero Torquemada (Torquemada en la hoguera, de 1889), busca nuevos caminos narrativos con la serie Torquemada en la cruz, Torquemada en el purgatorio y Torquemada y san Pedro, de 1893 a 1895; que da paso a la profundización psicológica, la dramatización, el misticismo y el espiritualismo patentes en las novelas Ángel Guerra, de 1891, Tristana, un año después, Nazarín, de 1895, Misericordia, de 1897, y Halma; y a la por él denominada “forma dialogal”, desarrollada en las novelas La loca de la casa, de 1893, y El abuelo, de 1897, Casandra, de 1905, y La razón de la sinrazón, de 1915, subtitulada Fábula teatral absolutamente inverosímil.

    Entre 1873 y 1912 aparecen los Episodios Nacionales, obra monumental integrada por cinco series de diez volúmenes cada una, excepto la última, que Galdós dejó inacabada y sólo cuenta con seis. Combinada la ficción con la realidad en un marco cierto, Galdós recrea el siglo XIX español desde la guerra de la Independencia, la pugna entre liberales y absolutistas hasta la muerte de Fernando VII, las guerras carlistas, el destronamiento de Isabel II y la revolución de 1868, hasta la etapa de la Restauración.

 

Obra teatral

Benito Pérez Galdós fue un dramaturgo de éxito. Trasladó a la escena las preocupaciones y problemas que antes había expuesto en sus novelas; de hecho parte de sus obras teatrales son adaptaciones de las novelas.

    Realidad, novela de 1892, inicia su producción dramática; y Santa Juana de Castilla, de 1918, la cierra. Entre ambas obras destacamos las siguientes: La de San Quintín, de 1894, Los condenados, en el mismo año, Voluntad, de 1895, Electra, su mayor éxito nacional e internacional, de 1901, Alma y vida, de 1902, Mariucha, un año después, y Celia en los infiernos, de 1913.

    La obra dramática de Galdós supone la renovación teatral en la literatura española a finales del siglo XIX, con abundancia de poetización y alegoría y un despliegue de ideario personal.

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Episodios Nacionales

Relación de series y libros.

 

Primera serie:

Trafalgar (1873)

La corte de Carlos IV (1873)

El 19 de marzo y el 2 de mayo (1873)

Bailén (1873)

Napoleón en Chamartín (1874)

Zaragoza (1874)

Gerona (1874)

Cádiz (1874)

Juan Martín el Empecinado (1874)

La batalla de los Arapiles (1875)

 

Segunda serie:

El equipaje del rey José (1875)

Memorias de un cortesano de 1815 (1875)

La segunda casaca (1876)

El Grande Oriente (1876)

7 de julio (1876)

Los cien mil hijos de San Luis (1877)

El terror de 1824 (1877)

Un voluntario realista (1877)

Los apostólicos (1879)

Un faccioso más y algunos frailes menos (1879)

 

Tercera serie:

Zumalacárregui (1898)

Mendizábal (1898)

De Oñate a la Granja (1898)

Luchana (1899)

La campaña del maestrazgo (1899)

La estafeta romántica (1899)

Vergara (1899)

Montes de Oca (1900)

Los Ayacuchos (1900)

Bodas reales (1900)

 

Cuarta serie:

Las tormentas del 48 (1902)

Narváez (1902)

Los duendes de la camarilla (1903)

La revolución de julio (1904)

O´Donnell (1904)

Aita-Tettauen (1905)

Carlos VI en la Rápita (1905)

La vuelta al mundo en la Numancia (1906)

Prim (1906)

La de los tristes destinos (1907)

 

Quinta serie:

España sin rey (1908)

España trágica (1909)

Amadeo I (1910)

La primera República (1911)

De Cartago a Sagunto (1911)

Cánovas (1912)

 

 

Artículos complementarios

    Miguel de Cervantes

    Jacinto Benavente

    Mariano José de Larra

    Emilia Pardo Bazán

    Gaspar Melchor de Jovellanos

La bondad prevalece sobre la inteligencia. Gregorio Marañón

 

Médico y ensayista

 

Una de las figuras relevantes en la ciencia y el pensamiento del siglo XX fue Gregorio Marañón y Posadillo, médico, humanista, escritor, científico, docente e historiador, nacido en Madrid el año 1887.

    Doctorado en Medicina por la Universidad de Madrid en 1910, habiendo sido alumno y discípulo de, entre otras eminencias académicas como los doctores Federico Olóriz, Alejandro San Martín, Juan Madinaveitia, Manuel Alonso Sañudo y, especialmente Santiago Ramón y Cajal, a quien convierte en una referencia intelectual y moral antes y después de la lectura de sus Reglas y consejos; de tal manera que con ocasión de su ingreso en la Academia de Ciencias pronuncia un discurso en honor a él, posteriormente ampliado en formato libro que tituló Cajal, su tiempo y el nuestro.

    Conquistó fama internacional como científico y clínico y por sus estudios históricos y literarios

    Su aportación científica, moral y cultural científico es inmensa y universal, caracterizada de humanismo en su más amplia acepción.

 

Marañón

Gregorio Marañón

Imagen de medicablogs.diariomedico.com

 

Medicina y Ciencia

Quienes inician a Gregorio Marañón en el ámbito médico de la endocrinología, disciplina pionera en España por aquel entonces (originada en Viena en 1910 con el doctor Artur Biedl), son los doctores Madinaveitia, con el estudio de los síndromes tiroideos, y Sañudo, con el estudio de los síndromes pluriglandulares; y un año de práctica en el laboratorio del premio Nobel de 1908 y estudioso de la infectología, la inmunología y la quimioterapia, Paul Ehrlich, en Frankfurt, entre 1910 y 1911, año en que regresa a España para incorporarse a la plantilla del Hospital General de Madrid.

    Sus estudios preliminares (de la primera época de dedicación) sobre la endocrinología los relató públicamente en La doctrina de las secreciones internas, obra pedagógica a partir de un curso dado en el Ateneo de Madrid en 1915. La siguiente década conoció el desarrollo de la teoría endocrinológica en la obra La edad crítica, de 1919, y en su discurso de ingreso en la Academia de Medicina, pronunciado en 1922, que lleva por título: Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas. Marañón y sus discípulos del Instituto de Patología Médica, fundado por él en 1931, defendían un enfoque amplio de la acción hormonal; asimismo, fue un defensor acérrimo de la organoterapia y un activo partícipe en los trasplantes de cápsulas suprarrenales y gónadas, en colaboración con el doctor, cirujano y académico de la correspondiente León Cardenal y Pujals. Esta misma década detalla otros aspectos dirimentes en la vida del doctor Marañón: el viaje a Francia de 1918 para investigar in situ una gran epidemia de gripe, los nombramientos en 1919 y 1920 como Consejero de Sanidad e Instrucción Pública, respectivamente, y también éste año su visita de estudios a Alemania que sirvió de base para la creación en España del Hospital del Rey, y el viaje con Alfonso XIII a las Hurdes para conocimiento de esa zona aislada en la región extremeña marcada por enfermedades endémicas como el bocio. Esta actividad itinerante fue acompasada por su ingreso en la Real Academia de Medicina en 1922 y la apertura de una consulta privada, complementaria de su trabajo hospitalario, de enorme éxito.

    En el discurso de ingreso en la Academia de Medicina dio repaso a las fases que componen la experiencia científica: precientífica, latencia, crecimiento explosivo, aceptación hiperbólica, movimiento de reacción y período de madurez; advirtiendo, a la par, que la insuficiencia de investigadores perjudicaba la crítica y desarrollo de las teorías científicas.

En la citada obra La edad crítica y en otras posteriores, Marañón aseguró que el envejecimiento y el declive de las funciones sexuales estaban muy ligados, y que aquél podía ser descrito con la terminología de éstas. Debido a su interés por la dualidad antagónica envejecimiento-rejuvenecimiento, compartida con Cardenal, ambos pueden considerarse los que sentaron las bases médicas, e incluso sociales, de la gerontología en España.

    A estas dedicaciones específicas del gran ámbito de la medicina, unió Marañón su aproximación al psicoanálisis y a la figura, en persona, de Sigmund Freud; de modo que sus opiniones y trabajos recibieron la atención y el reconocimiento de los psicoanalistas. Su obra más destacada al respecto, fechada en 1930, es La evolución de la sexualidad y de los estados intersexuales, donde expone que cada ser humano estaba dotado con características de ambos sexos y que éstos están más diferenciados a medida que se avanza en la escala filogenética. La libido, que Marañón define como “hambre sexual”, es un impulso primario, una energía específica originada químicamente por la irrupción en la sangre de las secreciones internas de las gónadas. Aserción validada por Freud pese a rechazar como relevante para su teoría psicoanalítica el origen químico de la libido. Profundizando filosóficamente en los campos de la endocrinología y el psicoanálisis, Marañón los evaluó complementarios desde una perspectiva humanista, e inició el camino de la medicina psicosomática tan relevante para el diagnóstico de enfermedades como para su adecuado tratamiento.

    Aunque involucrado en el psicoanálisis, el campo de la sexualidad obtuvo su atención científica reflejada en la obra Tres Ensayos sobre la vida sexual, de 1926, en la que planteó conceptos de diferenciación sexual e intersexualidad y ofreciendo su panorama científico de la sexualidad; a la anterior se añade la obra Amor, conveniencia y eugenesia (1929), donde asienta teóricamente la constitución familiar y los roles en la sociedad en función de la edad y del sexo.

Destacadas fueron también sus investigaciones sobre los comportamientos asociados a las glándulas tiroides, paratiroides, pituitaria y suprarrenales, en las que demostró por vez primera la frecuenta aparición de hipertrofia muscular en las piernas de los niños con mixedema e inyectó, experimentalmente, adrenalina para conseguir un estado hipermetabólico en casos de disfunción tiroidea. En la obra Gordos y flacos, publicada en 1926, evaluó el problema endocrino de la obesidad y la relación entre peso, constitución morfológica y psicología; y asimismo analizó la implicación de los factores mentales relacionados con la anorexia.

 

Pero la biografía científica de Gregorio Marañón quedaría incompleta y adulterada sin el detalle, sustancial y permanente, de su actitud personal en la práctica médica como facultativo e intérprete del paciente. Es precisamente su relación con los pacientes lo que a continuación destacamos: escuchaba, atendía, incitaba a contar al enfermo; erra fundamental para su conciencia humanista el trato directo, sincero y espontáneo con el paciente. Por medio de esta comunicación íntima penetraba en el sentimiento y las sensaciones del paciente ante la enfermedad; y a partir de esta relación de confianza, el médico se convertía en el primer e indispensable remedio sanador; nunca la tecnología suplió el esmerado trato personal, a la vieja, querida y familiar usanza.

 

Obras médicas

Coautor del primer Tratado de Medicina Interna en España, junto con el eminente doctor Teófilo Hernando Ortega (médico, científico, escritor, pensador, investigador farmacológico y académico), Gregorio Marañón invitó a participar en él a cuantos clínicos españoles lo desearon para conseguir una obra de referencia vinculada efectivamente al ejercicio de la profesión.

    Aunque su obra más conocida internacionalmente fue Manual de diagnóstico etiológico, de 1946, novedosa en su época y aún vigente al haberse confirmado la mayoría de sus observaciones y aceptado el enfoque y metodología para el estudio de las enfermedades.

    Abordó por escrito las patologías tiroidea (la patogenia autoinmune) y suprarrenal (la enfermedad de Addison, el hipercorticismo), la diabetes y el estudio de las alteraciones neurovegetativas, el síndrome adiposo-Basedow-distermia, y el bocio endémico; las manifestaciones personales, sociales e históricas de la diferenciación sexual; los estados prediabéticos, la obesidad con relación a la nutrición y el metabolismo; las técnicas diagnósticas en las enfermedades infecciosas; el tratamiento de enfermedades como la sífilis, el tifus, la viruela, el tétanos, y la hidatidosis; y los problemas sociales derivados en patología, campo inédito hasta entonces al que abrió una senda que se continúa recorriendo. Aspectos, en definitiva, que subrayan el aspecto humanista en el pensamiento y la obra del doctor Marañón.

 

Sociedad y política

 Su actividad dentro de la sociedad viene determinada por su carácter altruista y de cumplimiento del deber, implicado, además, intelectual y sentimentalmente, en los avatares desencadenados en España en el primer tercio de siglo.

    Desde 1917, fecha de la Revolución bolchevique en Rusia, publicó artículos relacionados con las actitudes sociales y el desempeño de la política, sin descuidar su encomiable tarea médica y científica. Denunciaba los totalitarismos y advertía del peligro comunista en ciernes.

    En 1931 fue elegido diputado en las primeras Cortes de la reciente II República que ayudó a instaurar junto a José Ortega y Gasset, entre otros destacados nombres, y de la que abjuró pronto, tanto como se inició la quema y destrucción de edificios religiosos y culturales, proliferaron los desmanes con independencia del motivo, y se practicó con anuencia gubernamental la persecución y anulación de los considerados “elementos desafectos”, igual que Ortega y otros destacados intelectos, haciendo suya la frase de éste: “¡No es esto!” En 1932 obtuvo la cátedra de Endocrinología, que tan meritoriamente le correspondía. En 1933 se le concedió el Doctorado Honoris Causa de la universidad parisina de La Sorbona. En 1934 fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua y, en 1936, de la de Historia.

    Instalado momentáneamente en París tras el estallido de la guerra en España, dio a conocer que “la mayoría del profesorado (un 88% indicó) de Madrid, Barcelona y Valencia, tuvo que huir al extranjero por temor a ser asesinados por los rojos, a pesar de que muchos eran considerados como hombres de izquierda”.

    Transcurrido un lustro de periplo extranjero, principalmente en Hispanoamérica, impartiendo magisterio, prosiguió en España su actividad docente previa y recibió el prestigioso nombramiento de vocal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en representación del Patronato Santiago Ramón y Cajal, en 1946; y a petición propia, este Consejo creó en 1948 el Instituto de Endocrinología Experimental, posteriormente integrado en el Centro de Investigaciones Biológicas. En 1947 fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y en 1956 de la Real Academia de Bellas Artes.

Liberal y humanista, condensa su pensamiento en la frase: “La bondad prevalece sobre la inteligencia”. Definía el liberalismo como una conducta que predispone a entenderse con el discrepante, siempre que el contrario demuestre inteligencia y cuente con argumentos veraces, y que jamás admite que el fin justifica los medios.

   Gregorio Marañón ingresó en cinco de las ocho Reales Academias Españolas: Real Academia Nacional de Medicina en 1922, Real Academia Española en 1934, Real Academia de la Historia en 1936 (durante la II República la denominación fue únicamente de Academia), Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1947, y Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1956.

 

Historia y literatura

Gregorio Marañón es médico y científico y es, en el mismo grado de compromiso y erudición, ensayista, biógrafo e historiógrafo, con un acendrado estilo literario. De todo ello resultan obras de indudable valor literario y pedagógico en cada uno de los citados campos. En los ensayos (“ensayos biológicos”): Las ideas biológicas del padre Feijoo (1934), Vocación y ética (1935) y El médico y su ejercicio profesional en nuestro tiempo (1952) y Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda (1940). En las biografías de personajes históricos, emblemas de su época y prototipos de carácter psíquico y fisiopatológico que Marañón expone a través de sus pasiones: Enrique IV de Castilla y su tiempo (1930, reeditado en 1941 como Estudio biológico sobre Enrique IV de Castilla); Amiel. Un estudio sobre la timidez (1932); El Conde-duque de Olivares (la pasión de mandar) (1936); Tiberio. Historia de un resentimiento (1939); Luis Vives (Un español fuera de España) (1942); Antonio Pérez (El hombre, el drama, la época) (1947); Cajal: su tiempo y el nuestro (1950) y El Greco y Toledo (1956), y la póstuma Juan Maragall y su tiempo (1963).

 

Una obra la de Gregorio Marañón que incluye 125 libros, 500 monografías, 1.800 artículos, 146 discursos, 336 conferencias y un número superior a 230 prólogos; traducida en su mayor parte a diversos idiomas, con lo que se ha convertido en uno de los españoles más citados en el campo científico y humanista del mundo.

 

Reconocimientos

Gregorio Marañón falleció en 1960 en Madrid. El cortejo fúnebre que acompañó su sepelio estuvo formado por una multitud espontánea de humildes e ilustres, de personas anónimas y de renombre, admirados y agradecidos a su vida y obra. Había sido médico de la Casa Real y de altas personalidades y a la vez ejercía una ingente tarea benéfica atendiendo a los pobres en el mayor hospital de Madrid, el Hospital Provincial, que hoy lleva su nombre al igual que una plaza, una estación de Metro, y numerosas calles e instituciones educativas en toda España. La Fundación Gregorio Marañón se fusionó con la Fundación Ortega y Gasset en 2010.

 

 

Artículos complementarios

    La transmisión del impulso nervioso

    José Ortega y Gasset

    Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

    El primer hospital del mundo para enfermos mentales